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Ni los muertos yacen en paz

En 2008, noveno año triunfal del chavismo en Venezuela, se produjeron las primeras denuncias por las profanaciones de tumbas. La Asociación para la Protección y Defensa de los Derechos de los Familiares de Difuntos, Aprofamiliares, lleva desde 2009 intentando poner coto a la situación. Pero los casos aislados de entonces se han convertido en una epidemia desde el año pasado.

Roban los huesos para realizar los ritos del Palerismo, una de las creencias que forman parte de la abigarrada mezcla de religiones que hay en Venezuela. La inflación está devorando el valor de los bolívares tan rápido que, a falta de otro papel más higiénico, se llegan a utilizar los billetes para un último uso innoble. No sabemos cómo cotizarán los huesos hoy, pero con los precios de enero de 2015, con los 3.000 bolívares que se pagaban por un dedo pulgar se podían adquirir en el mercado negro 18 o 20 dólares. Un cráneo podía alcanzar los 15.000 o 20.000 bolívares, unos 120 dólares. En el Cementerio del Sur hay una pintada que suplica: “Paleros, dejen a los muertos en paz”. También roban el oro que se hayan llevado los difuntos a su eterno descanso, y el mármol de las lápidas. Sacan los cadáveres para alquilar el lugar a un nuevo inquilino a razón de 300 bolívares al mes.

Las tumbas de hombres famosos son las más golosas. En 2013 se profanaron las tumbas del ex presidente Joaquín Crespo y su esposa. La pasada semana, los ex presidentes Rómulo Gallegos e Isaías Medina. El 40 por ciento de las tumbas del Cementerio General del Sur han sido profanadas.

El socialismo, que no permite a la gente ganarse la vida honradamente, ha convertido a algunos venezolanos en mineros de tumbas. Lo que hay que profanar es el Palacio de Miraflores y expulsar a los tiranos del poder.

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