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Carlos Spottorno

El mundo perfecto de Kim Jong-Un

Todo ocurre alrededor del líder, quien parece disfrutar como un niño de esa permanente fiesta sorpresa que sus generales le tienen siempre preparada

Opinión

Todo ocurre alrededor del líder, quien parece disfrutar como un niño de esa permanente fiesta sorpresa que sus generales le tienen siempre preparada

La manera en que el resto del mundo vemos a Corea del Norte está tremendamente sesgada por las férreas restricciones que el régimen impone a los pocos periodistas a los que permite trabajar, así como la manera en que ellos mismos se presentan ante las cámaras. Kim Jong-Un, al igual que su padre y su abuelo, se hace fotografiar en las más variadas circunstancias, pero casi siempre siguiendo un mismo patrón: él haciendo, mirando o presidiendo cosas o actos, donde todos los demás parecen simples comparsas que se limitan a tomar nota en siniestros cuadernitos, fingir interés y aplaudir. Todo ocurre alrededor del líder, quien parece disfrutar como un niño de esa permanente fiesta sorpresa que sus generales le tienen siempre preparada. Son fotografías coloristas, con encuadres compositivamente perfectos, casi pictóricos. El régimen con más sombras y misterios del planeta se muestra en fotos sin contrastes, sin zonas desenfocadas o poco inteligibles. Todo son colores pastel, no hay contraluces. Todo el mundo lo pasa bien en Corea del Norte. No falta de nada y el líder se ocupa de todo. Un régimen que cree, de la manera más infantil, que basta con representar una escena de felicidad para ser feliz. Un régimen nacido de una ruptura antinatural, basado en la negación de su contraparte del Sur. Un régimen que necesita fingir su propio éxito para justificar una fractura nacional, que nadie más que ellos mismos han conseguido entender nunca. 

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