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Francisco Pou

Seis minutos muertos

El protocolo de Estado y laicidad sindical ofició a los seis mineros, seis minutos de silencio. Seis minutos huecos, seis minutos muertos

Opinión

Seis minutos muertos

El protocolo de Estado y laicidad sindical ofició a los seis mineros, seis minutos de silencio. Seis minutos huecos, seis minutos muertos

Murieron seis hombres envenenados de grisú en las minas de carbón en León. ¿Azar? La asfixia de la minería española se aguanta con subvenciones del diseño planificado en despachos muy lejanos, como un parche que oculta otras subvenciones y otras planificaciones que dejaron nuestra industria caduca, nuestros mineros perplejos. Y esta semana, seis mineros muertos.

Cosas del calendario: esta misma semana tiene ‘el día de los muertos’. Se llenarán cementerios en España, pondrán flores las familias a sus muertos. La foto ayer del día en México era una mujer cogiendo claveles naranjas para ese día grande, el día de ‘aquellos’.

Almorzábamos hoy unos amigos con un ‘hombre de Estado’, se etiqueta hoy, un oxímoron, como confundiendo la propiedad pública, la dedicación y entrega privada, o la abstención de humanidad como virtud máxima del servidor escéptico.

Era hombre, no Estado. De su bolsillo sacó, incrustado en su ‘smartphone’, algo inusual, acostumbrados como estamos a compartir ‘youtubismo’ y ocurrencias cuarteleras. Sacó unos versos. Nos mostró estas líneas, las causantes de su ‘herida’, su conmoción de belleza:

 

‘Porque el azar no explica a Rita Hayworth,

porque mira esa flor en la colina,

porque, si no, a quién daré las gracias,

porque también existes tú, mi vida,

porque no he muerto treinta y tres mil veces,

porque tengo una sed que es infinita,

porque apuntan a Él todos los árboles,

los zigurats, los ríos y las vidas.

 

Que sí, que existe Dios.

Me lo dijo mi padre en su agonía.’

 

El protocolo de Estado y laicidad sindical ofició a los seis mineros, seis minutos de silencio. Seis minutos huecos, seis minutos muertos. Mientras, en México cogen flores vivas y la gente viva se pregunta por el sentido de la vida mirando a sus muertos, con esa sed infinita, para la que el estado y la cultura escéptica tiene, como respuesta… seis minutos muertos.

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