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Sara Montero Minguez

La maldición de ser guapa

«Tratábamos de hacernos ver feas» cuenta una rehén yazidí que fue prisionera de este grupo terrorista. Sus captores la separaron de su familia y la vendieron al mejor postor después de torturas físicas y psicológicas que llegaban incluso a obligarlas a ver vídeos de decapitaciones de algunos de sus conocidos.

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La maldición de ser guapa

«Tratábamos de hacernos ver feas» cuenta una rehén yazidí que fue prisionera de este grupo terrorista. Sus captores la separaron de su familia y la vendieron al mejor postor después de torturas físicas y psicológicas que llegaban incluso a obligarlas a ver vídeos de decapitaciones de algunos de sus conocidos.

Entre el Sur y el Norte las diferencias se disparan. Incluso, en algo considerado «tan banal» como la belleza, cuyas consecuencias tienen a veces tanto significado como la más profunda de las disertaciones. Vivo en un país donde ser guapa es una exigencia social, mientras en zonas como la India «esa excelencia» es celebrada con violaciones y ataques de ácido, especialmente cuando la cuestión de género se mezcla con la pobreza. Más aún en conflictos armados donde las niñas son siempre las víctimas más denostadas, como en el caso de las secuestradas por el Estado Islámico.

«Tratábamos de hacernos ver feas» cuenta una rehén yazidí que fue prisionera de este grupo terrorista. Sus captores la separaron de su familia y la vendieron al mejor postor después de torturas físicas y psicológicas que llegaban incluso a obligarlas a ver vídeos de decapitaciones de algunos de sus conocidos.

Las palabras de esta joven de 15 años son la reacción natural de quien es tratada como carne de mercado. No es algo superficial, se estaban protegiendo con las pocas «armas» que les quedaban. Sin embargo, dio igual. Se las llevaron a todas aunque lloraron y gritaron para impedirlo. A ella la vendieron a un «anciano gordo».

Vivo en un país donde la belleza a veces es parte del currículum (como en el caso de algunas periodistas de televisión) y dónde se critica por Twitter a una presentadora por haber engordado tras dejar de fumar. Al otro lado del mundo, ser guapa se lee a veces como un aumento en las probabilidades de ser violada o vendida. En ocasiones, el atractivo (o su falta) es un instrumento de castigo.

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