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Pilar Cernuda

Las siete plagas

«Hay que cruzar los dedos para que no nos alcance el agua ensangrentada o la plaga de langosta que arrasó los campos»

Opinión

Las siete plagas
SUSANA VERA Reuters

Un amigo periodista mantiene la teoría de que España está sufriendo las plagas de Egipto. La primera ha sido el Gobierno de Pedro Sánchez y Podemos, y eso que el compañero de oficio es un hombre de izquierdas, de la izquierda de verdad; la que, como él, se jugaba el tipo en tiempos de Franco militando en el PCE. Sin embargo considera que este Gobierno que presumía tanto de progresismo es la primera plaga que nos ha tocado en –mala- suerte.

La segunda es la pandemia, y la tercera el temporal que ha invadido la Península, que tiene a Madrid en una situación límite y que demuestra que hace mucho tiempo que España no está en buenas manos. El alcalde Almeida se salía de lo corriente; al fin un hombre con empuje, pegado a los problemas de la calle y que dedicaba 25 horas al día –sí, 25- a su trabajo. Sin embargo, el hielo sigue invadiendo las calles, salir supone jugarse el tipo y las montañas de nieve dura como la piedra en infinidad de tramos superan el metro de altura. Se pregunta una por qué no llama Almeida a sus colegas de otras capitales que sufren temporales de nieve todos los años, para tomar las medidas adecuadas y también para asumir que la capital de España debe contar con más dotaciones de personal y medios para hacer frente a situaciones de emergencia.

Los gobiernos regionales afrontan la tercera ola de la pandemia con una limitación importante: el Gobierno central no permite que tomen iniciativas que son de cajón, como el confinamiento, ampliar el horario de toque de queda o proponer que hospitales y clínicas privadas, más farmacias, se conviertan en centro de vacunación. Siguiendo, evidentemente, el programa de coordinación que indiquen las autoridades sanitarias nacionales. Pues no, no puede hacerse, dice el Gobierno que no hay marco legal. Pues si no lo hay, que lo inventen, como han hecho cuando los ministros de Podemos se ponían tercos y, para impedir más bronca de la que ya tienen, Pedro Sánchez se sacaba de la manga una fórmula para que Iglesias y los suyos quedaran contentos.

Dicho esto, seguro que existe el marco legal. Lo que ocurre es que el Gobierno actúa siempre a conveniencia: quiso todo el poder, poder único, cuando Sánchez pensaba que la lucha contra la pandemia iba a demostrar la valía suya y de su equipo, y transfirió las competencias a los gobiernos regionales tras el fiasco monumental de esa lucha, en la que se vio que había motivos sobrados para considerar al Gobierno de coalición la primera plaga de la España actual.

Van tres. Hay que cruzar los dedos para que no nos alcance el agua ensangrentada o la plaga de langosta que arrasó los campos. Bastante tenemos con la que trajo la muerte de los primogénitos –aquí alcanza a primogénitos y a abuelos- y la del granizo y hielo.

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