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José García Domínguez

La contrarreforma laboral que viene

«La derecha y la izquierda, decíamos, se fijan en las leyes laborales. En lo que no se fijan ni la derecha ni la izquierda, sin embargo, es en la realidad»

Opinión

La contrarreforma laboral que viene
Adrian Deweerdt Unsplash

Mucho más que el asunto de la regulación de los alquileres, la reforma de la reforma laboral está llamada a constituir la madre de todas las batallas entre los dos socios del Gobierno en cuanto se solvente el proceso electoral de Madrid. Y es que, igual que el mito de la reforma agraria impregnó el pensamiento todo de la izquierda durante el siglo XIX y el primer tercio del XX, la fantasía, en este caso compartida por izquierda y derecha, de que la legislación laboral encierra la explicación última de los desmesurados niveles de desempleo y de desigualdad que genera por norma la economía española contemporánea, creencia mítica por su absoluta ausencia de apoyatura empírica, constituye ya uno de los grandes pilares de la ideología económica dominante en lo que llevamos recorrido de la nueva centuria. Así, para la derecha entendida en sentido amplio, digamos que todo lo que hay entre Santiago Abascal y Nadia Calviño, ambos inclusive, el gran culpable de nuestras tan rutinarias como estratosféricas tasas de paro sería la famosa «rigidez» del mercado de trabajo. Sensu contrario, para lo que se mueve entre Pablo Iglesias y la frontera misma del Código Penal, segmento cuya influencia social y política en la materia que nos ocupa está muy por encima de su fuerza electoral, sería  justo lo contrario, la excesiva laxitud de las normas laborales con su corolario de desprotección efectiva de los asalariados, el factor explicativo de las muy disonantes asimetrías que presenta España en relación a los niveles medios europeos tanto de paro como de desigualdad de ingresos entre la población.

La derecha que llega hasta a Nadia Calviño, pues, tiene los ojos clavados en la legislación laboral. Y la izquierda que empieza justo a partir de Nadia Calviño hace lo mismo: también tiene los ojos clavados en la legislación laboral. Y de ahí la guerra de trincheras inminente que nos espera. La derecha y la izquierda, decíamos, se fijan en las leyes laborales. En lo que no se fijan ni la derecha ni la izquierda, sin embargo, es en la realidad. Un ámbito, ese de la realidad, en el que viene ocurriendo, y desde hace décadas, algo muy curioso a lo que ni derecha ni izquierda han prestado nunca la menor atención, a saber: España presentó en su día una tasa de desempleo igual a cero disponiendo de una de las legislaciones laborales más rígidas del mundo, probablemente la más rígida del orbe capitalista. Eso ocurrió, como todo el mundo recordará, a partir de mediados de la década de los años sesenta del siglo pasado y duraría hasta mediados de los setenta. Alguien me dirá que hablo de otra época, pero las leyes universales de la  Economía eran las mismas entonces y ahora. En idéntico orden de consideraciones, ese mismo país, España por más señas, igualmente fue capaz de crear algo más de cinco millones de empleos con otra legislación laboral que ya no era la más rígida del mundo, pero que seguía siendo una de las más rígidas del mundo. Ocurrió, también todo el mundo lo recordará, durante los siete primeros años del siglo XXI.

Dos evidencias palmarias, la de un pasado lejano y la otro inmediato, que lo que vienen a demostrar, y por la irrefutable vía de los hechos, es que las leyes laborales, ya sean más o menos rígidas, tienen muy poco que ver, si es que algo tienen que ver, con las siempre desmesuradas tasas de desempleo y desigualdad que presenta por norma la economía española actual. ¿Entonces? Entonces olvidémonos de las prédicas ideológicas de los gurús de turno y miremos al norte, a nuestro propio norte; al País Vasco, sí. Porque las tres provincias que forman el País Vasco, como siempre ocurre por lo demás, ofrecen las tres menores tasas de paro entre todas las provincias españolas. Diferencia que, en términos agregados, implica que, también como siempre, el País Vasco presenta unos niveles de desempleo inferiores en más de un 40% al promedio nacional. Y eso con las mismas leyes laborales, exactamente con las mismas leyes laborales. Ergo, el problema no es la ley. Un misterio, el de la crónica excepción vasca, que tiene una explicación muy sencilla llamada industria. Y es que ellos no han desmantelado la suya. Tan simple como eso.

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