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José Carlos Llop

Desde la eternidad

José Carlos Llop recrea una conversación ficticia entre Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares

Opinión

Desde la eternidad
Eduardo Di Baia

–Buenas tardes. Os veo alicaído, Bioy.

–Me hablás como a una gallinácea, Borges.

–Bueno, vos siempre fuisteis gallo de buen plumaje. Cuánto éxito entre las minas y las damas. No todos podemos decir lo mismo.

–Exagerás; ahora me llevarían a juicio. O me cancelarían –es el nuevo lenguaje, Borges– y desaparecería en el limbo.

–No es mal sitio, el limbo, Bioy. Hay épocas que es donde mejor se está. Vos siempre fuisteis un caballero….

–Y a vos os nombraron inspector de gallineros…

–Qué pesados, los peronistas, nunca se van.

–Olvidad, Borges, olvidad.

–Cómo voy a olvidar, si encarcelaron a mi mamá y a Norah y ahora ya gobiernan hasta en El Vaticano.

–Pero nosotros estamos a salvo.

–¿Vos creés? ¿Y si nos cancelan, como decís? ¿Y si desaparecemos de las bibliotecas? Los políticos se atreven con todo y Bergoglio es una mezcla.

–No hay peligro, Borges, en España un político socialista ha publicado un libro sobre vos…

–¿Bergoglio, decís…?

–No, un expresidente de gobierno…

–Qué alivio… Por un momento creí…

–No os miento, Borges: Zapatero creo que se llama.

–Una profesión muy noble, Bioy, con algo dickensiano entre aromas de betunes y mandiles y leznas y hormas y escopinas…

–No, Borges, Zapatero es su apellido, no su oficio…

–Entonces, ¿es amigo de Bergoglio, decís?

–Amigo no sé, pero creo que comparten su visión americana.

–Pues menudas tonterías las de Bergoglio en México.

–A eso me refería, Borges….

–Lo del presidente López Obrador –apellidos como todo el mundo sabe propios de Tenochtitlán– es el colmo, él no parece muy allá, pero que un Papa se sume a la torsión de la Historia…

–No seáis ingenuo, Borges.

–No soy yo el que echa a la basura el Renacimiento, la cristiandad y la abominación de la barbarie… Sin pestañear, lo hace. Niega todo lo que le ha hecho ser quien es. Estoy por enviarle un video de Apocalypto.

–No sé de qué os sorprendés, Borges.

–Tenés razón: aztecas y mayas eran vegetarianos, hijos del Renacimiento, construían universidades y fueron los pioneros del desarme nuclear. Incluso hubo alguno que fue tomista, estoy seguro; no sé cómo Cortés y él no se entendieron.

–Parece que a Cortés le gustaban más las indias. Disculpad, Borges: las amerindias.

–En eso se parecía a vos, Bioy. No sé por qué Bergoglio no hace una gira por USA y Canadá, censurando la exterminación de los nativos. Y de paso que llegue hasta Australia y mire como tienen a los pocos aborígenes que quedan.

–Desde que estáis muerto, Borges, no me parecés tan anglófilo.

–Pensá, Bioy, que mi prevención contra Bergoglio tal vez me venga de Enrique VIII y sus pleitos con Roma.

–¿Seguro? ¿No será por su amistad con la señora Kirchner?

–Mire, Bioy, dele mis recuerdos a Silvina y hasta mañana.

–Se los daré de su parte, pero a vos siempre os gustó más Victoria.

–Bueno, era más brava, la dama de Sur

–Por eso mismo, Borges, por eso os gustaba tanto, tanto, que nunca os atrevisteis…

–Y se la llevó Ortega, ese descendiente de Hernán Cortés…

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