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David Mejía

Criterios de destitución

«Basta que el Ejecutivo ponga la música para que personas aparentemente cabales corran a ponerle la letra»

Opinión
Criterios de destitución

La nueva directora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Esperanza Casteleiro (i) y la exdirectora del CNI, Paz Esteban (d).|Europa Press

He descubierto que sufro las tropelías de Pedro Sánchez en dos fases. El primer achaque lo provoca la tropelía misma, el segundo el coro de fieles que corren a justificarla. Y últimamente sufro más por lo segundo, porque Pedro Sánchez hace tiempo demostró no tener remedio, pero una parte de mí se aferra al sueño ilustrado de la racionalidad ciudadana (otros creen en las sirenas).

Tras el cese de la directora del CNI ha vuelto mi malestar en dos tiempos, y el segundo me sigue afectando: me cuesta creer que exista un ciudadano mayor de edad, en plenas facultades mentales, capaz de dar por buena la versión del Gobierno. Y sin embargo, basta que el Ejecutivo tararee la música para que decenas de ciudadanos, aparentemente cabales, le pongan la letra. Son los mismos que estaban en contra del pacto de gobierno con Podemos o de los indultos a los condenados del procés… hasta que Pedro Sánchez les cambió de opinión.

Nada me resulta más desolador que asomarme al balcón de la conversación pública a observar hasta qué punto el sectarismo ha devorado no solo la política, sino la lógica. No se me escapa que los seres humanos somos, por naturaleza, incapaces de pensar con rectitud si esta supone el alejamiento de la tribu. Los sesgos cognitivos son errores sistémicos de razonamiento, pero cumplen una función adaptativa: la supervivencia no se gana teniendo razón, sino eludiendo la soledad. Pero uno quiere pensar que incluso los sesgos cognitivos tienen sus límites: es comprensible la reticencia a creer que fue tu hermano quien robó el pan; de ahí a dar por bueno que fue un dragón de dos cabezas quien robó el pan, hay una brecha.

Incluso quienes no ven el dragón y se dan por satisfechos con la versión oficial (Paz Esteban fue destituida -perdón, sustituida- por una negligencia y debe asumir su responsabilidad) notarán algo extraño. Si no notan la trampa, al menos verán la incongruencia: ¿cuándo ha destituido el Gobierno a un alto cargo por un error? ¿Destituyó al ministro de Sanidad por su incapacidad de avistar la gravedad de la pandemia? ¿Tal vez a Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias? ¿Fueron destituidos los ministros y ministras que animaron a la población a acudir a una manifestación masiva el 8 de marzo, cuando Lombardía estaba confinada? ¿Fue destituido el ministro Grande-Marlaska por la llegada de 8.000 inmigrantes irregulares a las playas de Ceuta? ¿Quién ha asumido la responsabilidad de decretar un estado de alarma inconstitucional, que limitó durante meses nuestros derechos fundamentales?

Será que el Gobierno ha decidido iniciar una nueva fase, donde los jefes asumen responsabilidades. Y debe ser una casualidad que este cambio de fase coincida con el gesto torcido de Esquerra.

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