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Lorenzo Grahema

Really?

«Lo del empadronamiento de Macarena Olona dio en varias veces para preguntarse ‘¿En serio?’»

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Really?

Hay un sketch del Saturday Night Live de 2013 en el que Seth Meyers invita a Jerry Seinfeld para hacer un segmento llamado «Really?» («¿En serio?»). En el sketch la toman con un político que da una explicación absurda a un hecho bastante grave y cuestionan dicha excusa simplemente reproduciendo sus palabras y terminando con un «¿En serio?»

Lo del empadronamiento de Macarena Olona dio en varias veces para preguntarse «¿En serio?». Fue un acto de equilibrista bajo la reglamentación actual, aunque, desde mi punto de vista, la reglamentación actual sea absurda. ¿Qué un partido cree que tiene un buen candidato para competir por un territorio? Que lo presente. Corresponde al territorio decidir si el candidato lo merece. A mí me basta con que abandone el cargo anterior si no refleja el objetivo de su próximo movimiento. A fin de cuentas, es lo que ha hecho Feijóo.

Ahora, que un ayuntamiento actúe de oficio en verificar el empadronamiento cuando ya se habían presentado las listas electorales (que debe ser que se les pasó por alto el registro censal de la diputada); que busque agrupar evidencias y que las mande a la Junta Electoral sólo por cuestionar la candidatura, que no el empadronamiento; que, mientras, la izquierda dé la turra con lo de «la alicantina»; que la candidata y su estructura difundan una conspiración PP – PSOE, un atentado contra la libertad y, todo, para que, al final, la JE resuelva como era lo más probable que iba a resolver… ¿En serio?

Ya ni conspiración, ni empadronamiento, ni excusa, ni alicantinismo, ni victimismo, ni nada. Ya está: Macarena Olona es de Granada. Más grave hoy es lo de su guiño con embrujo pero sin cinturón de seguridad (a ver… esos chicos de producción…). O más impactante su imagen entrando en el Cuartel de la Guardia Civil a interponer una denuncia. Ella, la misma cuyo marco natural de interposición era el Tribunal Constitucional, ahora, al menos, podrá decir que el recurso se presentará allí donde España lo necesite.

Si lo del empadronamiento lo hizo a sabiendas de que habría ruido… mis felicitaciones, porque ha logrado que, durante unos días, el foco no fuera Andalucía, sino Macarena. Si ha sido todo sobrevenido… ¡qué ganas de montar jaleo!

Un jaleo gratuito como lo fue la torpeza de Podemos en el registro de su candidatura para el 19-J. Llevamos desde enero con el machaque del adelanto electoral. ¿En serio que apuran hasta el último minuto por una cuestión asamblearia y, encima, no se ponen de acuerdo y lo dejan pasar? ¿En serio? ¿De verdad que los que han apuntado a Julio Rodríguez en más provincias de las que existen, se han dejado pillar por el toro? (Este símil les va a gustar poco).

Insisto, que las reglas más llamativas de un proceso electoral lo son por ser absurdas, como la prohibición de publicar encuestas en los límites de los comicios: los partidos tienen encuestas hasta el último día, Andorra las tiene, «las fruterías» las tienen… hasta los propios periódicos las tienen, aunque no puedan sacarlas a la luz. Lo único que provoca esta medida es opacidad hacia los ciudadanos y una situación de total asimetría. ¿Qué no quieren condicionar al electorado? Pues que prohíban Twitter, porque…

Otro ejemplo, la campaña electoral: ¿de verdad estamos hablando 365 días al año de promesas políticas y balance de gestión y todo se ha de parar durante 40 porque hay una convocatoria electoral? ¿Precisamente por una convocatoria electoral? Por no hablar de la jornada de reflexión. ¿En serio?

Entiendo que había que jugársela en Salobreña porque son días de tensar la cuerda y forzar la maquinaria. Al PSOE de Andalucía ya le ha rechazado no sé cuántas denuncias contra el PP por contravenir la LOREG y no culpo al PSOE como candidatura por hacerlo. A fin de cuentas, ellos prueban suerte y si suena…

Pero en vez de aliviar la cuestión reduciendo la reglamentación (los liberales de verdad somos muy de esto, aunque vivimos en un mundo de correlación 1 a 1 de promesa electoral = nueva ley), de lo que se habla es de ampliar la edad de sufragio a los 16 años. Muy fácil me lo ponen para hacer un comentario que asocie esa edad con la de, ¡caramba!, abortar sin permiso de los padres.

Pero paso. Mejor hablemos de que el objetivo es ganar un nuevo segmento una vez que, para la izquierda, ha fracasado el de la segunda y tercera generaciones de inmigrantes y que sus clásicos están más que en cuestión. Así que el objetivo es ir a por un segmento al que hacer sentir agradecido por darles un derecho de adultos y, sobre todo, porque la izquierda dice dominar el mundo Tik-Tok (por cierto, que también dominaba hace un año el de Clubhouse y hoy es un fantasma).

Los 18 años como mayoría de edad se recoge en el artículo 12 de la Constitución y, en parte, se decidió así porque empataba con países de nuestro entorno en 1978. Pero a los 18 no sólo puedes votar: adquieres obligaciones con el estado y, como dice el Código Civil «El mayor de edad puede realizar todos los actos de la vida civil», incluyendo que ya no se está dentro del segmento «menor» si cometes un delito. ¡Ah!, lo olvidaba: puedes tener carnet de conducir, fumar y beber (estas dos últimas siempre que Alberto Garzón no meta mano).

Así que, ampliar el voto a los 16… sí, se me antoja aún más arbitrario y con fines electoralistas.

Estas son las reglas. Algunas se muestran como avances de la sociedad, otros como cesiones ante negociaciones… pero lo que ha hecho que Podemos o Macarena Olona encuentren impedimentos en el camino no ha sido ninguna conspiración. Ha sido malas planificaciones y tácticas ante unas reglas que son públicas. Sólo eso.

Yo también querría que los partidos renunciaran a las listas electorales; que hubiera 350 circunscripciones y ganara el mejor candidato en cada una; que al Presidente no le eligiera el Parlamento, sino que, como en Francia o en Estados Unidos, fueran elecciones disociadas, pero… vayan ustedes hoy a reclamar esto a unas formaciones que, a la mínima incertidumbre, ya están agitando sillas y sufriendo codazos. Recuerden las purgas de Pablo Iglesias tras innumerables primarias opacas e inciertas (online no implica transparencia), hasta que no le quedó más remedio que purgarse a sí mismo.

Pues en esto se nos están yendo los días: en edades legales, empadronamientos, recursos, inscripciones y en reclamar la república como constante de polarización. Cabe preguntarse, pues: «¿En serio?»

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