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Pablo de Lora

Tomarse a Bildu en serio

«El nacionalismo etnicista y el legatario político de Bildu forman una ideología reaccionaria perfectamente incompatible con cualquier agenda progresista»

Opinión
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Tomarse a Bildu en serio

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y la portavoz parlamentaria de EH Bildu, Mertxe Aizpurua. | Europa Press

No, no se dejen despistar por las camboyanas cortinas de humo, los minutos de silencio improcedentemente solicitados ni por las vilezas de un Presidente cuyas palabras y promesas no cotizan ni en un mercado secundario de embustes; no se encelen con los arabescos retóricos de quien fue antaño barda de la banda de gudaris y ahora alecciona a la izquierda española desde la tribuna del Congreso porque aún está hipotecada por el franquismo y se apresta a ayudar a consolidar la democracia española (perdón: del Estado español). No, no se dejen engatusar por el ruido memorialístico, ni se abandonen del todo a las emociones legítimas que coinciden con los aniversarios de crímenes atroces como el de Miguel Ángel Blanco. Comprendo que no es fácil escuchar con temple a la diputada Aizpurua, la que escribía las hagiografías de asesinos y secuestradores cuyos perfiles nutrieron la «enciclopedia» de ETA Euskadi y la Libertad pero no nos quedemos en la espuma de su falta de condena explícita a los que causaron ese sufrimiento «impersonal» del que ahora se conduele como el que lamenta el incremento de la tasa de infección hospitalaria en Kuala Lumpur. 

Y es que llegará el día en el que Aizpurua y sus secuaces serán capaces de condenar a ETA, sí, deletreando -¿quizá cuando alcancen el gobierno de Euskadi?- y haya pasado el tiempo suficiente como para que reclamemos lo mismo que demandamos en relación a la cantinela del franquismo: así como muchos nos resistimos a que ese fantasma perviva como una era geológica – el «Francoceno»- habrá quienes justamente también repelan vivir en una suerte de «Etaceno» político. 

No miren el dedo sino la Luna de ETA: su nacionalismo etnicista, el de Bildu, su legatario político, una ideología reaccionaria perfectamente incompatible con cualquier «agenda progresista». A salvo, claro de que por «progreso» debamos siempre entender lo que el PSOE y sus genuflexos lacayos mediáticos y politológicos nos quieran hacer tragar a toque de corneta monclovita. 

«¿Dónde y cuándo consta la denuncia de Bildu, un partido al que no cabe en la boca el sintagma «justicia social», por la regresividad que supone el ‘cupo vasco’?»

En estos días se pone en tela de juicio, y con buenas razones, la decisión de la Comunidad de Madrid de becar a familias con ingresos medios y altos que podrán así sufragar su educación privada en las enseñanzas no obligatorias. Aunque no sean muchas y todas las familias con ingresos menos que medios vayan a poder disfrutar de una beca, es legítimo cuestionarse si aquella partida no podría destinarse para incrementar todavía más las becas de quienes han tenido peor fortuna. En el fragor de esta querella se ha constatado que Madrid es una de las CCAA donde mayor número de estudiantes cursa sus estudios pre-universitarios en centros concertados y privados. Pero, ¿saben ustedes quien es nuestra «Camboya» a estos efectos? Sí: el País Vasco, ese territorio para el que nuestro «progresista» de guardia nunca tiene una palabra más alta que otra. 

Pero no hay «progresismo» digno de tal nombre que acepte la premisa de que los españoles no tenemos una igual condición de ciudadanía, sí, esa que permite hacer «políticas redistributivas» que solo atienden a las diferencias de renta, a condiciones incapacitantes involuntarias (la enfermedad, la vejez) y no así a posibles tramas míticas de orígenes únicos, RHs peculiares u otras idiosincrasias moralmente contingentes. ¿Es progresista quien asienta y reclama sus privilegios sobre fueros del Antiguo Régimen? ¿Dónde y cuándo consta la denuncia de Bildu, un partido al que no cabe en la boca el sintagma «justicia social», por la regresividad que supone el mistérico «cupo vasco»? ¿Conocen ustedes la protesta de Aizpurua por la exención inaudita de la que goza la Comunidad Autónoma Vasca para contribuir a sufragar la deuda de la Seguridad Social? ¿Consta algún atisbo de lamento por el hecho de que los pensionistas en el País Vasco cobren una pensión media superior en más de 400 euros frente a los pensionistas extremeños? 

No, no se confundan: cuando oigan reprochar a la derecha o las derechas que no arriman el hombro recuerden lo importante. Quienes pasan por aliados de la coalición progresista dan una mano aún con restos de una sangre fresca, sí, vale, pero sobre todo tienen como horizonte programático quedarse con el brazo, el hombro y parte del común de todos los españoles. Recuerden, sobre todo, cómo Sánchez parece ya empedrar el camino hacia ese horizonte cuando apela a que el País Vasco y España son ahora dos «países en paz». Ya solo le falta ayudar de propia mano a levantar la frontera. 

Coda: el deprimente espectáculo del debate del estado de la nación ha quedado enjugado por el deleite que ha supuesto contemplar las imágenes galácticas del telescopio James Webb. Su difusión ha hecho revivir la polémica por el dicho nombre, un funcionario de la NASA importante impulsor de esa agencia pero que mantuvo las políticas homófobas de la Administración para la que trabajó. La comunidad LGTBI reclama su cambio de nombre. Yo propongo que nuestra diplomacia sensible coadyuve a que alguna de esas galaxias y cuerpos celestiales lleve por denominación el de alguno de nuestros ilustres campeones del combate contra la LGTBIfobia. ¿Qué tal «Jorge Javier Vázquez» para un próximo eclipse, cometa, enana roja o agujero de gusano?

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