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Sonia Sierra

Déjalo ya, Irene Montero

«El daño que el Ministerio de Igualdad le está haciendo la feminismo será difícil de reparar. Han acabado llamando feminismo a tratarnos como menores de edad»

Opinión
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Déjalo ya, Irene Montero

La ministra de Igualdad, Irene Montero, y sus asesoras en Nueva York. | Redes sociales

De unos años a esta parte, parece que se ha decretado la obligación de ser feminista. De repente, todo el mundo lo es, incluso gobiernos en pleno, como el de España. Sin embargo, paradójicamente –o no-, nadie ha hecho más daño al feminismo que Irene Montero y su Ministerio de Igualdad. Para empezar, quedó bastante claro que ella era ministra por el hecho de ser la pareja del vicepresidente del Gobierno, o sea, por un motivo antifeminista donde los haya. Lo cierto es que una vez allí, si hubiera realizado una buena labor, esto hubiera acabado pasando a un segundo plano, pero es que es difícil hacerlo peor. La lista de disparates es infinita, como cuando le dio por hacer Tik Toks o convertir el ministerio en una especie de Chiquipark donde celebrar el cumpleaños con sus amigas. Pero es que últimamente es un no parar. Yo creo que está en modo para lo que me queda de estar en el convento.

Primero se fue con su cuchipandi en el Falcon a hacerse selfies a Nueva York. Y señalo esto como motivo principal del viaje porque el resto consistió en reuniones con asesoras que se podrían haber realizado telemáticamente. Las que venían a regenerar la política, a luchar por la trasparencia y a utilizar el transporte público y la clase turista han acabado viajando a cuerpo de reinas sin que nos quede claro ni el coste total del viaje ni los días exactos que han estado por allí. 

Y ahora con sus disparatadas campañas publicitarias. Una, que ha pasado más desapercibida, es para promocionar esa chapuza jurídica que es la llamada la ley de solo sí es sí. Para ello, han realizado un vídeo en el que chicas jóvenes y con el tipo de cuerpos que ellas llaman normativos –que son unos pibonazos, vaya- bailan en una discoteca mientras que una voz en off dice «sí a vivir tu sexualidad cómo, con quién y cuando tú elijas» o «sí a maquillarte como una mona o a no hacerlo en absoluto». Qué bien, queridas amigas, por fin podemos salir, maquilladas o no, y tener relaciones con quién nos dé la gana, no como antes. Lo más increíble es que mientras se gastan el dinero en semejante sandez, no lo hacen en una buena campaña de información sobre la sumisión química y cómo actuar si sientes un pinchazo. Es muy preocupante que haya gentuza husmeando por las discotecas para inyectar droga a las mujeres y poder abusar de ellas sexualmente y no veo que desde el Gobierno se esté haciendo nada para atajarlo.

«Conozco a mujeres con cuerpos preciosos y cargadas de complejos y mujeres a las que le sobran 20 kilos y pasean sin problema su desnudez por las playas. El dinero de la campaña podría haberse invertido en mejorar el sistema de salud mental»

En lugar de ello, se inventan problemas inexistentes para lanzar carísimas campañas publicitarias, como la de reivindicar que todas las personas disfruten de la playa sea cual sea su cuerpo. Llevo toda la vida veraneando junto al mar y, créanme, hasta donde mi memoria alcanza, las playas siempre han estado plagadas de personas de todo tipo. Es cierto que la publicidad y los medios de comunicación ejercen una presión estética al poner el foco siempre sobre figuras perfectas y difíciles de alcanzar, como también lo es que hay personas que tienen una relación complicada con su cuerpo, aunque eso no siempre tienen un correlato objetivo con la realidad: conozco a mujeres con cuerpos preciosos y cargadas de complejos y mujeres a las que les sobran 20 kilos y pasean sin problema su desnudez por las playas. En todo caso, el dinero de la campaña podría haberse invertido en mejorar el sistema de salud mental y no en el disparate que han acabado perpetrando. 

La campaña, que mucha gente ha acabado llamando de las gordas –porque parece que la obesidad es cosa de mujeres y no aparece ningún hombre en la imagen-, se contrató después de un concurso público más que dudoso y lo que hemos visto hasta ahora nos ha costado 4.900 eurazos: un cartel absurdo de pésima factura en el que, para colmo, no han pagado la licencia de la tipografía y se han dedicado a robar imágenes de mujeres sin su consentimiento. Parece que lo de «solo sí es sí» no aplica en este caso. Todas ellas han reaccionado indignadas al saber que el Gobierno de un país está utilizando sus imágenes sin su permiso y sin pagarles ni un euro, pero una de ellas, además, se ha sentido especialmente dolida y expresaba su angustia y su enfado en un vídeo. Resulta que la joven tiene una prótesis en una pierna y, en esta campaña que se supone que es para reivindicar que todos los cuerpos son válidos, la han hecho desaparecer y, a cambio, le han puesto vello corporal. Gordas y peludas, sí; piernas protésicas, no, parece ser el mensaje. Y, para acabar de rematar el despropósito, le han puesto la cabeza de una señora con doble mastectomía a un cuerpo con un pecho.

Más allá de lo esperpéntico que resulta todo lo que hemos conocido de la campaña, es que esta no tendría que haber tenido lugar. Primero porque, como ya he dicho, la mayoría de la gente disfruta de las playas sin ningún problema y, segundo, porque la obesidad es un problema de salud que ocasiona más de 100.000 muertes al año en España y hay que combatirla en lugar de promoverla con la etiqueta de cuerpo no normativo. Si hay mujeres que no pueden disfrutar libremente del verano son aquellas a las que se obliga a ir tapadas de cabeza a los pies y que tiene que usar burkini si se quieren refrescar. Pero de eso ni una palabra, oye.

El daño que Irene Montero y su ministerio le está haciendo al feminismo será difícil de reparar. Han acabado llamando feminismo a promocionar a parejas; a una Ley Trans que implica el borrado de las mujeres; a tratarnos como a eternas menores de edad y a inventarse problemas que no existían. Por eso, déjalo ya, Irene Montero y, sobre todo, déjanos vivir en paz a las mujeres.

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