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Sonia Sierra

Gincana porno para niños

«La educación sexual debe servir para que los menores puedan enfrentarse a posibles abusos, no para presentar el sexo entre adultos y niños como normal»

Opinión
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Gincana porno para niños

Manifestación a favor de la 'ley trans'. | Europa Press.

¿Es una actividad lúdica de un ayuntamiento el lugar adecuado para enseñar educación sexual? ¿Se puede orientar un taller de educación sexual de la misma manera si los participantes tienen 12 años o 30? No sé ustedes, queridos lectores, pero yo contestaría a ambas preguntas con un rotundo «no», y si el Ayuntamiento de Vilassar de Mar hubiera hecho lo mismo, se ahorraría los problemas con los que se tienen que enfrentar ahora.

Y es que, con la excusa de enseñar a los críos que no todo el sexo es como aparece en las películas porno, no se les ocurrió nada mejor que hacer que una gincana en la que personas de entre 12 años y 30 años tuvieran que poner preservativos con la boca, chupar plátanos cubiertos con nata y miel o imitar posturas sexuales que los medios denominan del Kama-sutra, pero es que ni eso. Entiéndanme, no es que considere ese libro adecuado para criaturas de corta edad, pero es que se trata de una de las obras de referencia de la literatura sánscrita y va mucho más allá de las posturitas sexuales que es lo único que ha calado aquí cuando es un tratado muy fino sobre las relaciones humanas. Además, si nos hacemos con una buena edición, las posturas estarán plasmadas en deliciosos dibujos característicos de la iconografía hindú y no en lo monigotes de las láminas de esa infame gincana.

A todo esto, la actividad se anunciaba con un simple «Gincana nocturna» y una luna sonriente, por lo que era imposible saber que los chiquillos se iban a encontrar simulando mamadas en plena calle para delicia de cualquier pedófilo que pasara por allí o que pudiera ver las imágenes en las redes. Y es que, por si todo este cúmulo de despropósitos no fuera suficiente, se tomaron imágenes de los críos sin consentimiento parental y las subieron a Instagram, por lo que ahora se plantean denunciar al ayuntamiento responsable de todo este desaguisado y que se ha limitado a pedir disculpas por un error de comunicación. Sería muy de agradecer que los políticos dejaran de usar esa excusa de cubo de la basura cada vez que meten la patita y lo primero que deberían hacer desde ese consistorio es reconocer que no puedes mezclar, bajo ningún concepto, a niños y adultos en una actividad de juegos eróticos y, encima, pretender reivindicarlo como un taller de educación sexual.

El Gobierno de ERC y JxC lleva tiempo promocionando la ideología queer y, por ejemplo, el presidente Aragonès dice «personas menstruantes» en lugar de mujeres o en algunas plantas del Parlamento de Cataluña el lavabo de hombres es solo para ellos y aparece un icono masculino que se ve reforzado por la palabra Hombres, mientras que el de las mujeres parece el camarote de los hermanos Marx con hasta cinco cartelitos: icono de mujer, no binarios, copa menstrual, cambiador para bebés y personas con discapacidad. La palabra Mujer, por supuesto, no aparece por ningún lado. Esto se podría quedar en lo anecdótico si no fuera porque en los colegios e institutos se imparten talleres en los que se hace dudar a los alumnos de su sexo según se adapten mejor o peor a los estereotipos de género. Por supuesto, la gincana de Vilassar también se dedicaba a difundir esta ideología porque una de las pruebas era moldear «genitales intersexuales» para mostrar que no hay dos sexos biológicos sino todo un espectro o se animaba a los participantes a buscar su «verdadera identidad de género». Cabe destacar, además, que el Departamento de Salud de la Generalitat instala por todas partes servicios para hormonar a menores trans y hay lista de espera para amputaciones, aunque, desgraciadamente, este fenómeno no se circunscribe a Cataluña, sino que está arrasando tanto en Occidente como en países tan machistas y homofóbicos como Irán, con una muy bien engrasada maquinaria publicitaria que ofrece suculentos beneficios a la industria farmacéutica a la de las operaciones estéticas.

«La imposición de la ideología ‘queer’ está convirtiendo a miles de niños sanos en enfermos crónicos»

Tampoco es exclusivo de Cataluña ofrecer contenidos sexuales con adultos a niños como si fueran actividades lúdicas, hasta el punto de que en Estados Unidos se ha anunciado un proyecto de ley para prohibir la entrada de menores a los espectáculos de drags queens porque en algunos de ellos les han enseñado los genitales, se han producido escenas en las que realizan movimientos obscenos alrededor de los críos o estos les dan dinero. La educación sexual debe servir para que los menores tengan armas para poder enfrentarse a posibles abusos sexuales, no para presentar el sexo entre adultos y niños como algo normal y divertido, que es lo que tienen en común dichos espectáculos con la gincana de Vilassar. Y es que no, no son hechos aislados: es la imposición de la ideología queer que está convirtiendo a miles de niños sanos en enfermos crónicos y dependientes de por vida de una medicación que no solo los esteriliza, sino que es sumamente perjudicial para la salud. Aunque esto no se puede decir muy alto porque rápidamente te acusan de transfobia y, con la Ley Trans de Irene Montero, fruto de su diarrea legislativa –Ángela Rodríguez Pam dixit-, te puede caer una inhabilitación y una multa de hasta 150.000 euros. O que se lo digan al pobre concejal de Cultura al que han pedido que dimita por recomendar en Twitter Nadie nace en un cuerpo equivocado.

Una buena educación sexual es necesaria, pero tiene que ser llevada a cabo por expertos en la materia y, sobre todo, adecuada a la etapa vital que corresponde a cada edad. Actividades como esa gincana solo sirven para hipersexualizar a los niños y para inocularles lo que se suele llamar «ideología de género», que cuando lo estudian en sus correspondientes másteres puede sonar fenomenal, pero que llevados a la práctica son un auténtico desastre que solo sirven para levantar la indignación de los padres –y con toda razón, claro- y para dar argumentos a los que defienden el pin parental.

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