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Sonia Sierra

La gran mentira

«La manifestación del domingo en Barcelona sirvió para dejar claro que no es cierto que en Cataluña todo el mundo defienda la escuela monolingüe»

Opinión
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La gran mentira

Imagen de la manifestación en defensa del castellano celebrada el domingo en Barcelona. | Europa Press

La mal llamada inmersión lingüística es tan absurda y nefasta que solo se puede defender con mentiras. Para empezar, el propio nombre ya lo es porque no se trata de inmersión para casi la mitad de los alumnos, aquellos que tienen el catalán como lengua materna. Otra de las mentiras recurrentes es decir que es un modelo de éxito internacional aunque Cataluña no ocupa las primeras posiciones en ningún ranquin –a diferencia de, por ejemplo, Castilla y León- y que, lejos de tener ningún reconocimiento internacional, está bajo sospecha del Parlamento Europeo, que va a mandar una misión en el segundo semestre para analizar la vulneración de derechos fundamentales que se están produciendo aquí.

Pero la mentira de la que les quiero hablar hoy es la que sustenta gran parte del andamiaje del nacionalismo y que consiste en afirmar que este sistema es el único que garantiza la cohesión social. Para empezar, cuando se estudia la cohesión en los sistemas educativos, no se toma la lengua como parámetro sino aspectos como la igualdad de oportunidades y no hay nada menos igualitario que l’escola catalana, que consiste en que el sistema educativo público es exclusivamente en catalán mientras que el privado es plurilingüe. González-Cambray, el mismo consejero de Educación que se ha sacado de la manga una nueva ley con la ayuda de los socialistas para negar a los alumnos catalanes que puedan recibir una miserable asignatura en español, lleva a sus hijas a un carísimo colegio donde sí se imparte el 25% en español. Y no es el único, claro, porque los políticos catalanes son grandes defensores de la inmersión para los hijos de los demás, mientras que a los suyos les garantizan una educación plurilingüe que, sin duda, les va a abrir más puertas en el futuro.

Así pues, no hay nada que atente más contra la cohesión social que un sistema educativo tan injusto y, sin embargo, son ya muchas décadas repitiendo esa mentira y cualquiera que se atreva a cuestionarla es acusado inmediatamente de estar en contra de ese un sol poble con el que han pretendido silenciar cualquier voz contraria al nacionalismo desde los tiempos de Pujol. Parece razonable que gran parte de las familias prefieran que sus hijos –y así lo reflejan las pocas encuestas que se han hecho sobre el tema- reciban asignaturas tanto en catalán como en español y también en alguna lengua extranjera. Entonces, ¿por qué hay tan pocas familias que se atrevan a reclamarlo? Más allá de que para ello se tienen que meter en un proceso judicial, es que las consecuencias sociales son terribles: insultos, acoso, dejar de recibir invitaciones de cumpleaños y, en definitiva, aislamiento social. Porque tiene que quedar claro que son muy pocas familias las que lo reclaman y, a ser posible, presentarlas como meros instrumentos de algunos partidos políticos y unos fachas recalcitrantes. Esas familias no pueden formar parte de ese un sol poble y rápidamente son señalados, acosados y expulsados del espacio público.

Por eso les ha hecho tanto daño la manifestación del domingo. Si bien defender el bilingüismo en Cataluña siempre te reporta una buena dosis de insultos, los días previos a la manifestación se convirtieron en auténticas campañas orquestadas de las que se llevaron la peor parte la Asamblea por una Escuela Bilingüe y su presidenta, Ana Losada, ya que les hackearon las redes y se dedicaron a colgar vídeos porno para que las plataformas no les permitieran publicar nada durante días una vez recuperadas sus cuentas, es decir, para impedir que pudieran publicitar la manifestación. Y una vez que esta se realizó y fue un considerable éxito de asistencia, tuvieron que salir en tromba a desprestigiarla. Los primeros fueron los de la Guardia Urbana de Colau y el PSC, que cifraron en 2.800 los asistentes. Poco más que una boda, vaya. Las simples imágenes desmentían esa cifra tan ridícula, pero es que, además, según esa misma guardia urbana, en la manifestación separatista de la Diada había 150.000 personas en un espacio de 10.000 metros cuadrados y este domingo se ocuparon 7.000, así que la cifra real debe de estar sobre 120.000.

«Dos de los voceros del régimen con mayor repercusión mediática como son Gabriel Rufián y Pilar Rahola corrieron a desprestigiar la manifestación»

También corrieron a desprestigiar la manifestación dos de los voceros del régimen con mayor repercusión mediática –aunque ambos bastante de capa caída últimamente- como son Gabriel Rufián y Pilar Rahola. El primero lanzó un tuit en el que decía que «tres partidos que juntan una sola alcaldía en toda Cataluña han traído a cientos de monolingües españoles de fuera de Cataluña para decirle a millones de bilingües catalanes que viven en Cataluña que dejen de serlo. Quien no te lo cuente así te está engañando». Más allá de que resulte gracioso que un diputado que afirmó que estaría en el Congreso solo 18 meses y no se va de allí ni con agua caliente acuse a los demás de engañar, es muy significativo el empeño de dejar claro que muchos de los manifestantes no eran catalanes. Eso no es cierto. Si bien tuvimos la suerte de que compañeros de toda España decidieron venir a reivindicar la defensa de nuestros derechos y libertades, la inmensa mayoría de los presentes éramos catalanes bilingües, pero claro, que se reconozca eso les destroza el relato. Y por eso Pilar Rahola sacó un vídeo explicando que la manifestación no era, en realidad, contra la inmersión lingüística sino para acabar con la nación catalana siguiendo un plan puesto en marcha en 1714. Como las maracas de Machín.

La manifestación del 8 de octubre de 2017 sirvió para mostrarle al mundo que la inmensa mayoría de los catalanes no queríamos la secesión y la de este domingo para dejar claro que no es cierto que en Cataluña todo el mundo defienda la escuela monolingüe. Espero que por el bien de los alumnos catalanes (y de los valencianos y baleares), más pronto que tarde se restablezcan sus derechos para poder vivir en una sociedad más justa e igualitaria y es por ellos por los que tenemos que seguir luchando. Se lo merecen.

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