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Fernando Savater

El síntoma Muguruza

«Parte de la juventud vasca está abducida por los Grandes Antiguos, monstruos políticos que aquí no vienen de Lovercraft sino de gente como Muguruza»

Opinión
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El síntoma Muguruza

Fermín Muguruza con motivo del estreno de la segunda parte de Black is Beltza: ‘Ainhoa’. | Ricardo Rubio (Europa Press)

Empiezo por declarar que en sí mismo Fermín Muguruza, al que no pienso llamar «señor» para no degradar el apelativo, no me interesa nada o, como dice una joven amiga mía, nah de nah. No se me ocurriría escuchar su música (o lo que sea) voluntariamente, aunque alguna vez ha zumbado cerca de mí y no he tenido más remedio que oír sin escuchar. Por supuesto no he visto ni pienso ver Black is Beltza ni Black is Beltza 2, ni la tres o la cuatro o cualquiera de las que sigan la serie. En cuanto a las fábulas que cuenta sobre la heroína introducida por la malvada policía española para debilitar a la heroica juventud insurgente de Euzkadi, miren como me río. Recuerdo una pintada de antaño en la Parte Vieja donostiarra que rezaba –nunca mejor dicho- así: «No a la heroína y a todo el que te la quiere meter». Entonces yo apostillé que, salvo condenarse al onanismo o la castidad, no le queda a uno más remedio que elegir entre la heroína o el que te la quiere meter… 

«Incluso los ertzainas son vistos como enemigos del pueblo, por no hablar de la Guardia Civil o cualquier persona o institución que suene a España o a derecha»

Las demás opiniones de Muguruza sobre la novela Patria (le reprocha que pinta a los etarras como zombis o imbéciles, es decir, que por lo visto no le gusta el género realista), sobre Nacho Cano al que quiere «cancelar» por llevarse bien con Díaz Ayuso, sobre el odio que les tenía la policía española y la represión que ejercía sobre su cuadrilla de matones, sobre la «guerra» que hubo en Euzkadi, sobre su sí pero no a la violencia terrorista, sobre el implacable imperialismo de los años ochenta y el mundo nuevo que no llegó (¡menos mal, imaginen que la novedad sería multiplicar los muguruzas ad infinitum!), en fin todas esas zarandajas, pues nada, pura basura. A veces destaca una perla en su estercolero mental, como su lamento porque el 90% de las películas que se han hecho sobre el tema de ETA adoptan el mismo punto de vista, contrario al terrorismo. Pues mira, no me parece un tanteo tan desfavorable: yo he visto muchas películas sobre el nazismo y el exterminio de los judíos y ni una a favor de Hitler…

Su última película de animación la estrenó Muguruza durante el Festival donostiarra, en el Velódromo, cuyas tres mil entradas estaban vendidas desde hace semanas. Aclamación popular. Y eso es lo preocupante y lo único que me interesa de Muguruza. Es un síntoma del arraigo de la falsificación histórica y social que constituye el basso ostinato de tantos jóvenes vascos. Por eso aquí las fiestas populares son lugares de exclusión y hasta de persecución de quien no responde al patrón establecido. Y de la universidad, mejor no hablar. Por eso incluso los ertzainas son vistos como enemigos del pueblo, por no hablar de la Guardia Civil o cualquier persona o institución que suene a España o a derecha. Buena parte de la juventud vasca está abducida por los Grandes Antiguos, monstruos políticos que aquí no vienen de Lovercraft sino de gente como Muguruza. O del PNV, que es mas grande y mas antiguo todavía. Mira que pueden ser cazurros: el otro día Aitor Esteban reprochaba al rey su histórico discurso contra el separatismo catalán y decía que no puede ejercer como «el cancerbero de la unidad de España». No, hombre, mejor que se postule como patrono de la Fundación Sabino Arana… En fin, que gracias a los muguruzas y a la falta de escrúpulos de Pedro Sánchez y su recua, el futuro político del País Vasco sigue siendo black, beltza o cualquier cosa menos cívicamente decente.

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