THE OBJECTIVE
Juan E. Iranzo

Libre comercio y progreso

«Resulta fundamental para España garantizar la seguridad jurídica de las inversiones, simplificar los trámites administrativos y evitar la incertidumbre»

Opinión
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Libre comercio y progreso

Ilustración de Erich Gordon.

El libre comercio es fundamental para impulsar el crecimiento y el desarrollo. David Ricardo, en su famosa teoría de «las ventajas relativas del comercio internacional» demostró que la economía puede ser un ejercicio de suma positiva. En efecto estableció, que, aunque un país produjese más caro todos sus productos que otro, cada uno de ellos se debería especializar en producir aquello para lo que se tienen ventajas comparativas. Si los intercambian, los dos países pueden salir beneficiados. La demanda interna de un producto se satisface con menos esfuerzo si se produce ese intercambio comercial que, si se satisface mediante autarquía, es decir con producción interna. La teoría de Ricardo ha sido ratificada ampliamente por la realidad empírica observada fundamentalmente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Los países aliados se reunieron en Bretton Woods en 1944 para organizar el mundo económico de la posguerra, impulsar la reconstrucción de los países deliberantes e impulsar el desarrollo del conjunto de la economía mundial. Crearon el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo más conocido actualmente como Banco Mundial. En 1947 se firmó el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) para impulsar los desarmes paulatinos a lo largo del tiempo de aranceles y contingentes, al objeto de impulsar el libre comercio internacional. Muchos años después, en 1995, se creó la Organización Madrid del Comercio (OMC), cuyo funcionamiento se ha visto obstaculizado por las erróneas nuevas corrientes proteccionistas, por tratar de proteger, cuando menos los denominados sectores estratégicos.

En España históricamente cada vez que surgía un problema de competitividad, en lugar de reaccionar para resolverlo, la estructura productiva se aislaba cada vez más del exterior. Ocurrió con el Arancel Cambó de 1922, extremadamente proteccionista; lo que provocó un empobrecimiento relativo intenso, respecto a los países de nuestro entorno.

La economía española solo ha crecido intensamente con modelos abiertos. El desarrollismo de los años 60 del S. XX, se debió fundamentalmente al impulso de la apertura exterior incluida en el Plan de Estabilización de 1959. El Tratado Comercial con la CEE en 1970, la incorporación a la Unión Europea en 1986 y al euro en 1999, fueron fundamentales para impulsar nuestro crecimiento y desarrollo.

«Hoy no solo se compite en precio; sino también en calidad y diferenciación de producto»

La crisis de la covid ha puesto de manifiesto la excesiva dependencia de algunas cadenas de valor de las importaciones procedentes de China. Ha quedado reflejado el peligro estratégico que representa y su contribución a la alta inflación que se ha provocado en los dos últimos años. Sin embargo, favorecer la necesaria reindustrialización en los países desarrollados, no se debe realizar mediante medidas de protección respecto a las posibles importaciones del exterior; sino favoreciendo las ganancias de productividad y reduciendo costes, así como impulsando el I+D+i. Hoy no solo se compite en precio; sino también en calidad y diferenciación de producto.

Los proteccionistas en el pecado llevan la penitencia, puesto que el proceso genera inflación y deteriora el crecimiento, perjudicando sobre todo a los consumidores nacionales, que tendrán menos opciones de elegir y tendrían que pagar precios más altos. El proteccionismo disminuiría la competitividad de la estructura productiva, lo que redundaría en una caída del empleo y del bienestar del conjunto de los ciudadanos.

Resulta fundamental para España atraer industria que genere un mayor valor añadido. Garantizar la seguridad jurídica de las inversiones; el impulso de un auténtico mercado único evitando tantas regulaciones como comunidades autónomas, la simplificación y agilización de los trámites administrativos, la reducción de los impuestos empresariales a niveles de los países competidores, vincular los salarios a la productividad, evitar la incertidumbre y el riesgo regulatorio, garantizar la disponibilidad de energía a precios competitivos son algunas de las medidas en que deberían centrarse los políticos que abogan por el proteccionismo.

Sin descuidar la formación. No es casualidad que las mejores universidades del mundo están en los países que tienen las empresas de mayor capitalización a nivel mundial. Estas están siempre en los países con mayores rentas para sus ciudadanos, de Singapur a Estados Unidos pasando por Corea del Sur. Empresas y países que lideran la innovación y el crecimiento a nivel mundial y pueden generar, si se establecen las condiciones nacionales adecuadas, un efecto multiplicador positivo sobre empresas del país receptor, tanto para las grandes como para las pymes.

En una sociedad abierta como la actual, convendría replantearse si las llamadas al proteccionismo son estratégicas para la economía o para los políticos que pretenden interferir en la vida de las empresas; con este intervencionismo no se pude ni crecer ni se progresa.

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