THE OBJECTIVE
Álvaro del Castaño

Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir

«Los políticos mienten por culpa de los votantes, porque tragamos y no demandamos mayor nivel a los nuestros y a nuestros medios»

Opinión
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Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir

«El problema real no deberían ser las mentiras de nuestros políticos si el pueblo y los medios castigaran con eficacia estos desmanes» | Ilustración (Alejandra Svriz)

Es una cita genial del portento de Quevedo. Pero, para evitar malentendidos, quiero aclarar a mis lectores más jóvenes que no me refiero a ese enorme cantante canario del épico himno «Quédate» (y -como nota ahora a mis lectores más mayores que no vean lo oportuno de este matiz-, esta canción tiene ¡mil quinientas millones de reproducciones en Spotify!), sino al otro, al ahora menos conocido, pero aún más extraordinario escritor del siglo de oro español, Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos

Imagino que con este encabezamiento ya sabrán mis lectores por dónde van a ir los tiros de este artículo dominical. La reciente verborrea pre y postelectoral ha generado un torrente inmenso de promesas y compromisos de todo tipo a lo largo de todo el espectro político, que sabemos a ciencia cierta que son imposibles de cumplir y, en muchos casos, inaplicables e incluso contraproducentes. Toda esta cloaca de embustes se convirtió en un rio de aguas fecales que desembocó en el mar común, y que provocó una enorme contaminación y polarización. 

Pero, para despistarles, les anuncio que esta no es la clave del asunto de hoy. El quid de la cuestión reside en el brutal atolondramiento del electorado español ante las burdas mentiras y vacuidad de las promesas escuchadas, y, sobre todo, la increíble falta de exigencia y de rigor asociados a los medios de comunicación. El problema real no deberían ser las mentiras de nuestros políticos si el pueblo, vía sus votos y movilizaciones, y los medios de comunicación, a través de su influencia en la sociedad, castigaran con eficacia estos desmanes. Si esto ocurriera, nuestros políticos huirían de la falsedad buscando siempre el beneficio propio: evitar el castigo electoral. Por lo tanto, dejemos de criticar a aquellos políticos mendaces y enfrentémonos a nosotros mismos. La culpa real no es de los mentirosos, sino de una sociedad anestesiada por la ideología que permite semejantes atropellos.

«Los votantes tendríamos que exigir mayor ejemplaridad a ‘los nuestros’»

Los votantes tendríamos de empezar por exigir mayor ejemplaridad a «los nuestros». Debería avergonzarnos que aquellos políticos a los que nosotros votamos, o aquellos los que nosotros sostenemos con nuestras opiniones en los medios, falten a la verdad. Pero, desgraciadamente, no ejercemos esa potestad, sino que perdonamos los desmanes de nuestros correligionarios y, sin embargo, perseguimos con ahínco los del contrario. ¿Es acaso porque -como decía Robin Williams – «en un mundo de mentiras, la boca que se atreve a decir verdades se convierte en el arma más perseguida»? ¿Hay miedo a tener una opinión propia en un mundo en el que lo que prima es la opinión del grupo, la mayoritaria aunque sea falsa? Quizá lo que realmente ocurre, es lo que adelantó allá por 1950 David Riesma en su libro The Lonely Crowd (1950): el individuo medio está cambiando su manera de generar sus convicciones, tendiendo a una personalidad más flexible, terminando en un individuo nuevo cuya opinión es guiada casi exclusivamente por los demás, dejando atrás el ser más primitivo que se guiaba por las tradiciones, y el humanista cuya opinión se creaba en su propio interior.

Pero los mayores culpables de este tsunami de falsedad son los medios de comunicación. El llamado cuarto poder, debería ejercer no solo como contrapeso de los otros tres (legislativo, ejecutivo y judicial), sino también como contrapeso a la oposición, independientemente de su posicionamiento político. Recordemos que la expresión «cuarto poder» se originó cuando el escritor Thomas Carlyle, atribuyó el término a al político Edmund Burke, quien supuestamente la utilizó en la Cámara de los Comunes del Reino Unido en 1787. Pero su acepción moderna no surgió hasta que el periodista y político Thomas Macaulay, constituyó la frase «el periodismo es el cuarto poder». 

Hoy denuncio que este término, «cuarto poder», elegido para denominar a la prensa, sería un verdadero malapropismo (uso equivocado de una palabra por otra parecida) en la actualidad, pues debería utilizarse a cambio otro más acertado, «cuarto fraude», tras un ejecutivo invasor, un judicial politizado y un legislativo en manos del «decreto ley». Los medios deberían ejercer una función fiscalizadora, actuar de intermediarios entre el poder y el ciudadano y ofrecer información oportuna e imparcial. Más aun en la era digital, donde existen millones de basureros informativos, y abunda el pseudo-periodismo ciudadano. En este contexto los medios deberían de sobresalir por ser el origen de análisis incisivo e investigación contrastada y rigurosa. Pero no, la mayoría se ha entregado a todo lo contrario, a bajar el nivel de exigencia deontológico para intentar competir con la basura digital. 

Así que, en mi no muy humilde opinión, los políticos mienten por culpa de los votantes, porque tragamos y no demandamos mayor nivel a los nuestros y a nuestros medios, y sobre todo, denuncio a aquellos medios entregados a la ideología y al seguidismo, pues han abandonado su verdadera función de control independiente.

Lo digo como votante y como articulista… ¡doble ración culpa!

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