THE OBJECTIVE
Alfonso Javier Ussía

El postureo del Nobel

«Hasta la fecha, y salvo al escueto y delicado trabajo de la editorial De Conatus, al poeta y dramaturgo noruego no le conocía en España ni el mismísimo tato»

Opinión
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El postureo del Nobel

El escritor noruego Jon Fosse | Tom A. Kolstad

Hay varios comportamientos que solo responden al postureo, ese afán de ir a la última y que, en muchos casos, (si no en la mayoría), responde a las sedientas ganas que tienen algunos por demostrar lo alineados que se encuentran con algunas tendencias. Esta semana, como cada primeros de octubre, la pista la marca la Academia sueca. 

Han sido muchos los compañeros de gremio que se han apresurado en acudir a librerías de todo el país para hacerse con alguna obra de Jon Fosse (Haugesund, Noruega, 1964).

Hasta la fecha, y salvo al escueto y delicado trabajo de la editorial De Conatus, al poeta y dramaturgo noruego no le conocía en España ni el mismísimo tato. Por suerte, para muchos de mis colegas, una pequeña y reciente editorial y su directora, Silvia Bardelás, sí que habían puesto los ojos sobre la prosa del autor recién galardonado, cumpliendo además, con el ferviente deseo de hacerse una foto en las redes sociales con alguno de sus libros, o para darse un paseo por la calle con la cubierta bien visible a modo de carpeta en la E.G.B. 

Me pasa, que como ya voy haciéndome mayor y tengo una profesión bastante endogámica, no dejo de recibir impactos visuales sobre el montón de libros de Jon Fosse que inundan las bibliotecas de mis iguales. Es curioso, pero con tantas cosas que aún me faltan por leer, busco y rebusco en mi biblioteca y no hay manera de encontrar ninguno de los títulos de este agraciado autor, que sin embargo, ahí estaba esperando el momento de salir al paseo de la fama de tantos escritores culturetas. Tengo tantos libros de Michel Houellebecq por enseñar, que empiezo a pensar que el genial autor francés nunca será reconocido como el mejor novelista de esta Europa nuestra. 

Recuerdo hace un par de años, cuando el Nobel de Literatura se lo llevó Abdulrazak Gurnah. Ya estábamos en época de redes sociales y les aseguro, que más de un autor español, se apresuró a colgar la típica foto en su salón lleno de libros con un par de cubiertas sobre la mesa del escritor de Zanzíbar. Me encantaría saber cómo consiguió comprar dos libros de ese escritor. Eso sí que debió ser una hazaña que contar a sus nietos. Lo mismo sucedió con Mo Yan en 2012, y con muchos más autores que se han visto recompensados con el prestigio de recibir el Premio Nobel. No quiero decir que tengamos que conocerlos a todos, ni mucho menos que deban ser igual, o casi tan famosos como Bob Dylan, aquel premio Nobel que puso los pelos como escarpias a tantos autores que veían en aquel reconocimiento un agravio, pero hombre, que al menos disimulen un poco. Eso sería un acto de cortesía con los que no tenemos ni pájara idea de qué ha escrito el nuevo Premio Nobel noruego. 

«En esta España seca y algo alborotada, el personal aún no les perdona que Javier Marías no lograra llevarse al premio»

Lo cierto es que a uno le sorprenden muchas veces las decisiones de la Academia Sueca. Pero también debería sorprendernos la infinidad de nombres que pueden llegar a tener una mesa o una silla de Ikea, con lo que deberíamos estar en preaviso que, estos norteños de Europa, son a veces muy suyos con la concesión de su más prestigioso galardón. Entre cuotas que cumplir y aquello de volvernos locos a los sureños, los miembros de la Academia se lo deben pasar en grande a la hora de decidir sus premiados. 

En esta España seca y algo alborotada, el personal aún no les perdona que Javier Marías no lograra llevarse al premio. La verdad es que viendo la ristra de nombres que sí lo consiguieron, es un poco raro que el autor madrileño no consiguiera alzarse con el Nobel. Especialmente por lo joven que fue cuando deslumbró con Los dominios del lobo, su consagración con la fabulosa Corazón tan blanco, y con las geniales conexiones que manejaba tanto en Oxford como en los demás territorios de la prosa internacional. Pero ni con esas evitó que los académicos dejaran de hacerse los suecos respecto a su prosa. 

Parece que Jon Fosse ha escrito de todo. Desde cuentos, novelas, poemas y muy especialmente, obras de teatro. También compruebo que la Academia alababa «su inmensa obra escrita en nynorsk», así que animo a todos los escritores en lenguas de pinganillo, que no cesen en su empeño de seguir creando obras monumentales en galego, bable, euskera y catalán. Quién sabe si el próximo Premio Nobel es de alguno de nuestros territorios. 

Hasta entonces, escritores y eminencias de la vanguardia, no temáis. Las máquinas de impresión están a todo gas estos días, y un buen libro de Jon Fosse os espera en los escaparates de las librerías más puestas. Y si encima tienen la suerte de conseguir alguno de sus libros en nynorsk, no les quepa duda que esa foto será la más celebrada de todas las que podrán compartir en sus redes sociales.

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