THE OBJECTIVE
Carlos Mayoral

La cancelación de García Lorca

«Más de 500 obras literarias están prohibidas en los colegios de EEUU. Entre ellas, las de autores como Stephen King, Isabel Allende, García Márquez y Lorca»

Opinión
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La cancelación de García Lorca

El poeta Federico García Lorca, en una imagen de archivo. | Wikimedia Commons

Los libros siempre fueron más inteligentes que la censura. Lo vemos en Cervantes, por ejemplo. Resulta que la Inquisición, en pleno debate escolástico sobre si la libertad del hombre dependía plenamente de Dios o no, eliminó la siguiente frase del Quxijote: «Las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada». Esta sentencia, que le restaba influencia a la voluntad de Dios, fue eliminada con la saña del dogmático. Mientras, más inteligente que cualquier autoritarismo, el ingenioso hidalgo colaba entre sus páginas, de una manera sutil, una crítica brutal contra todos los poderes, contra todos los dogmas, en favor de la libertad.

Un segundo ejemplo. Más de tres siglos después, Ángel González, el poeta asturiano de la Generación del 50, contaba que la censura de Franco obligó a aquellos autores a refinar sus metáforas, a pulir sus alegorías. De alguna manera, el dictador mejoró la poética española. Ejemplos de cómo el arte y la literatura siempre se sobreponen al fanatismo y la intolerancia.

Sin embargo, esta sociedad adanista que piensa que ha inventado la ética única, que se ve a sí misma en el espejo como el único referente moral de la historia, que se admira y se admira y se recrea en su admiración como un Narciso concienciado, en realidad lo único que es capaz de hacer pasa por repetir errores de la historia. Se da además el caso de que los movimientos woke y antiwoke se abrazan en algún punto del recorrido, allí donde uno cancela por exceso de compromiso el otro lo hace por ausencia de él, en un círculo vicioso infame.

El caso es que recientemente se ha publicado en Estados Unidos un informe en el que glosan, título a título, el más de medio millar de obras literarias que están prohibidas en los colegios del país. Entre los autores agraciados con esta especie de honor hallamos a Stephen King, Isabel Allende, García Márquez y aun el mismísimo Federico García Lorca. Sí, como lo oyen, García Lorca, poeta libre donde los haya, ha caído preso de la cancelación en un mundo de locos.

«Cancelar a Lorca es ponerle coto a la razón, a la independencia, al sentido común, a la inteligencia»

En concreto, la obra prohibida es La Casa de Bernarda Alba. Una obra que lleva por bandera la libertad. La libertad del dramaturgo que se enfrenta al estigma de la sociedad, al canon de la mujer recluida, a la tragedia de un destino que no permite que los seres humanos sientan y piensen de manera soberana. Eso es precisamente lo que persiguen estos movimientos posmodernos, tan chuscos como efectivos: se alzan contra la emancipación de la conciencia, contra la autonomía del individuo que ve lo que ocurre y se grita a sí mismo que no será partícipe de semejante vodevil, que no engrosará las listas de los condescendientes con esta sutil tiranía. Cancelar a Lorca es ponerle coto a la razón, a la independencia, al sentido común, a la inteligencia. Cancelar a Lorca es retroceder varios siglos. Cancelar a Lorca es lo único que le faltaba a esta sociedad de idiotas.

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