THE OBJECTIVE
Francisco Sierra

Victimismo en vena

«Todo apunta a una nueva escena de Sánchez de victimismo ‘ante el ultraderechista Milei’ que pueda marcar la campaña electoral de las europeas»

Opinión
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Victimismo en vena

Ilustración de Alejandra Svriz.

El victimismo ha sido siempre una de las tácticas principales de acción de los movimientos fundamentalistas y populistas. Da igual el sentido político del que lo ejerce. Un buen victimista lo primero que tiene que hacer es considerarse agredido por un enemigo interno o externo. Da igual que exista o no. Se crea y se deforma. Hay muchos líderes totalitarios que han hecho del victimismo la razón de existencia y supervivencia de su dictadura. El populismo nos ha traído también a las democracias occidentales a auténticos genios de la conversión victimaria de toda su ideología sobre la que han sustentado grandes triunfos políticos. Nadie lo ha llevado tanto al límite como Donald Trump en Estados Unidos con inmigrantes o feministas.

Frente a ese populismo de derechas, con su máximo exponente en el trumpismo, nada que envidiar en la histeria del victimismo por ese otro populismo de izquierdas que han tenido en las débiles democracias hispanoamericanas su mejor campo de abono. Un victimismo de izquierdas que Podemos importó a España y que ha desarrollado hasta extremos tan inverosímiles y surrealistas como la de oponerse o manifestarse contra medidas del Gobierno del que él mismo formaba parte. Al final, acabaron consiguiendo que ni sus votantes ni el resto de las fuerzas de extrema izquierda y nacionalistas acabara confiando en ellos. 

«Pocos ejercicios en el mundo democrático pueden compararse al ejercicio magistral de modificación de la realidad que lleva tiempo realizado Sánchez»

De lo que sí puede alardear Podemos es de haber conseguido contagiar a su partido socio en el gobierno de sus tendencias victimistas y populistas. Ha sido un contagio con gusto y castigo. Con gusto, porque ha sido el propio presidente Pedro Sánchez el encargado de aceptar, dosificar y llevar a máximos la gestión y propagación de esas tendencias victimistas sobre todo a sus ministros y portavoces. En España estamos asistiendo y sufriendo desde hace años de una larga serie de lecciones magistrales del uso hipócrita del victimismo con una variante única: la camaleónica. Como el camaleón, el victimismo sanchista adoptaba el color del partido del que necesitara sus votos. Pocos ejercicios en el mundo democrático pueden compararse al ejercicio magistral de modificación de la realidad, de las ideas, de la hemeroteca y hasta de las videotecas como la que lleva tiempo realizado Sánchez con la verdad y la mentira. Da igual el asunto sobre el que hablemos. Desde comités de expertos inexistentes durante la pandemia a indultos, sediciones y amnistías que son rechazadas y defendidas en cuestión de horas, según los votos que necesite en el Congreso.

Es único el uso que hace Sánchez del victimismo. Lo ha llevado a tales extremos que un presidente de gobierno, y dicho en sede parlamentaria, ha llegado a argumentar su necesidad de crear muros separadores para protegerse de la mitad de la ciudadanía que él mismo gobierna. Nunca busca el acuerdo con ellos, ni el consenso, ni siquiera la comunicación de cuestiones tan esenciales como, por ejemplo, las de política exterior. Da igual cuál sea la polémica, da igual quienes sean los protagonistas, da igual cuando haya ocurrido, porque los culpables, los insolidarios, los antipatriotas acabarán siendo por defecto la derecha y la ultraderecha. Dos conceptos que repiten machaconamente siempre juntos, para convertirlos así en un único enemigo. Una táctica que usan visto el supuesto rédito que dicen que obtienen de la torpeza y lentitud de un Alberto Núñez Feijóo que sigue sin encontrar el punto equilibrado, medido y contundente de respuesta. 

La ultima prueba ha sido la crisis diplomática con Argentina. A Sánchez nunca le gustó Milei. Incluso pidió el voto para su oponente kirchnerista. Nunca le felicitó por el triunfo electoral que le llevó a la Casa Rosada. Tuvo el feo gesto de no enviar a ningún ministro del Gobierno español acompañando al Rey en la toma de posesión de Milei. Muchas muescas en la cuenta del dirigente argentino que disfruta en el enfrentamiento diale´ctico y que, no solo no rehúye, sino que busca, y ha encontrado anteriormente con los presidentes de Colombia, México, Brasil o Chile. 

Un pirómano al que el ministro Óscar Puente regaló gasolina y lanzallamas, al manifestar que Milei ingería sustancias. Algo sorprendente. Una acusación de ingesta de drogas de un ministro de un gobierno a un jefe de Estado de una nación amiga. La reacción argentina sorprendió en un principio por moderada. Tardó Puente en rectificar. Bueno, en realidad, en decir que se arrepentía de no haber sabido valorar la repercusión y que si la hubiera llegado a intuir no lo habría hecho. Pero no se desdijo de lo dicho.

Visto lo visto, Javier Milei ha jugado a tensar la cuerda al máximo en su visita este fin de semana a un acto electoral de Vox junto con toda la extrema derecha europea. Un viaje a España en el que no planificó una reunión, no ya con el presidente Sánchez, ni siquiera con una visita al Rey. Luego, sus palabras en el mitin llamando corrupta a Begoña Gómez, la esposa del presidente Pedro Sánchez, dispararon la crisis. Sus palabras fueron inapropiadas, sin respetar la presunción de inocencia, y convirtiéndose en una intromisión en la política interna española. Milei buscaban golpear donde más le dolía a Sánchez y lo consiguió. 

Habrá que ver el recorrido de la respuesta del Gobierno español exigiendo rectificaciones por parte de Milei, con llamada al embajador argentino y amenaza velada incluso de ruptura de relaciones diplomáticas. Todo suena más a una nueva escena de victimismo «ante el ultraderechista Milei» que pueda marcar la «pre» y la campaña electoral de las europeas. 

Milei no tiene intención de rectificar y Sánchez va a jugar con el termostato de esta crisis. Tras la petición de rectificación a Milei, lo cierto es que los principales ataques han sido, cómo no, contra el PP. En una retorcida petición de patriotismo y sentido de Estado, Sánchez y Albares ponen énfasis en que el PP los apoye. Es la primera vez que piden consenso al PP en cuestiones de asuntos exteriores. Siempre han ignorado y menospreciado al principal partido de la oposición a los que nunca comunicaron nada sobre cuestiones tan importantes como Marruecos, Sáhara, Argelia, Ucrania o Israel y Gaza. Nada. Ni una llamada previa para nada. 

Una crisis diplomática que refuerza la imagen ultra antisocialista de Milei en Argentina. Y una crisis que Sánchez va a usar para identificar a España con su presidencia, e incluso con su esposa y que le permitirá afrontar la campaña como un luchador contra la ultraderecha y de paso reforzar sus ataques contra los medios por publicar esas informaciones sobre las actividades de su mujer, que por cierto sigue sin desmentir. 

Llega la campaña europea. Sánchez intentará venderse de nuevo como la víctima heroica que lucha contra los bulos y el lodo, contra los malvados jueces y por supuesto contra la derecha y la ultraderecha a los que acusará de falta de patriotismo por no apoyarle entusiásticamente en la crisis con Argentina. Vienen días de victimismo en vena. Todo vale para ganar votos.

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