¿Hay Gobierno en España?
«Hasta que podamos usar las urnas seguiremos con un Gobierno enorme y carísimo, que, por imposición de otros, no cumple con la función de dirigir al país»

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | Ilustración de Alejandra Svriz
Si por Gobierno se entiende el conjunto de ministros de un Estado sí, sí lo hay en España y mucho, demasiado, tanto como que nunca en nuestra historia reciente -probablemente tampoco en la remota- ha habido un número tan elevado de departamentos ministeriales. Es tan surrealista la estructura del Gobierno que ha configurado y preside Sánchez que las competencias de algunos ministerios no exceden de lo que en un escenario razonable sería tan solo una Dirección General como mucho. Si, por el contrario, se entiende por Gobierno al órgano político que dirige a un país estamos ya en otro cantar porque dirigir, lo que es dirigir, el Consejo de Ministros de Sánchez está dirigiendo poco. Son muchos los ejemplos existentes al respecto.
Empezando por el Presupuesto que, recordémoslo, es la expresión cifrada del plan económico de un Gobierno. Así lo aprendimos al estudiar Teoría de la Hacienda Pública los que la estudiamos, MJ Montero no. Pues bien, el conformado por Sánchez en su segunda legislatura lleva más de un año y medio al frente del país y es el hoy el día en el que los españoles no conocemos todavía cuál es su plan económico. No lo conocemos porque referido al ejercicio 2024, Sánchez y sus ministros incumplieron la obligación constitucional de aprobar el proyecto de Ley de Presupuestos y remitirlo al Congreso de los Diputados. Es cierto que no se les puede acusar del incumplimiento del plazo de la remisión -30 de septiembre de 2023- pues debido al proceso electoral previo, a esa fecha no estaba constituido el Gobierno. Pero es que tras constituirse Sánchez y sus numerosos ministros no tuvieron a bien cumplir extemporáneamente con su obligación de enseñar su plan económico.
Más grave es lo referido a 2025, ejercicio para el que no cabe ya excusa electoral alguna y, sin embargo, hace ya seis meses, desde el 30 de septiembre de 2024, que de acuerdo con el artículo 134.3 de la Constitución el Gobierno tendría que haber remitido su proyecto de Presupuestos al Congreso. No lo ha hecho y así, en esto como en tantas otras cuestiones, Sánchez y sus numerosos ministros están incumpliendo clamorosamente el taxativo mandato constitucional.
Como explicación a este default caben dos opciones y a cada cual peor. Una, que el Gobierno no tenga plan económico que enseñar y por este motivo no pueda enviar nada al Congreso. Dos, que sí lo tenga, pero que no lo enseñe por carecer de la mayoría en el Congreso para lograr su aprobación. Esta es la explicación oficial que se ofrece desde el Gobierno reconociendo así de modo implícito el temor que tiene Sánchez a las derrotas parlamentarias. Y claro, temiéndolas como las teme, huye del Parlamento como huyó de Paiporta.
Sí, las teme, porque parece que tampoco está dispuesto a afrontar que tras el oportuno debate el Congreso se manifieste -mediante la correspondiente votación- sobre el proyecto de rearme que propugna la Unión Europea como respuesta a la encrucijada a la que se enfrenta Europa. Rearme que Sánchez, siempre tan ingenioso, pretende rebautizar como «salto tecnológico». El debate y la votación revelarían la división existente dentro de la mayoría parlamentaria que le aupó al poder y, aún más, la división dentro del propio Gobierno que supuestamente dirige. De ahí que como en la cuestión de los presupuestos, también en esta cuestión parece Sánchez dispuesto a hacer una paiportada.
«Ni el Gobierno decide las cuestiones relevantes ni comunica a los españoles las decisiones que le obligan a ejecutar»
Pero es que las divisiones dentro del Gobierno de Sánchez son muchas más. Por poner solo tres ejemplos, las ha habido entre Óscar López y Mónica García sobre el futuro de Muface, las hay -y con qué intensidad- entre MJ Montero y Yolanda Díaz con respecto a la tributación del salario mínimo interprofesional, o las hay entre los ministros del PSOE y los de Sumar en relación con la cesión del control de fronteras a la Generalitat de Cataluña. Está más que claro, el de Sánchez es un Gobierno dividido que, además, no dirime los objetos de su división en la mesa del Consejo de Ministros, sino que los airea en los medios de comunicación y en sus manifestaciones públicas. Así no se puede dirigir a un país. Y, en efecto, el Gobierno de Sánchez no lo dirige. Para comprobarlo basta observar cómo se fraguan las decisiones sobre los aspectos más relevantes de la política nacional.
La inmigración es el problema que más preocupa a los españoles según la encuesta realizada al efecto por el CIS. Pues bien, en lo que hace al futuro destino de los menores inmigrantes no acompañados, la decisión que adoptará el Gobierno ha sido decidida en el marco de la negociación entre el PSOE y la tercera fuerza política de Cataluña siendo además esta, Junts, la que informó a la sociedad española de la futura decisión del Gobierno. Pocas dudas puede haber sobre la relevancia que tiene la financiación de las Comunidades Autónomas cuyo sistema legal lleva tiempo caducado sin que en los casi siete años de Gobierno de Sánchez se haya siquiera ideado un proyecto para su reforma. Pero eso sí, en lo que respecta a la financiación de Cataluña, la decisión de lo que se proyecta hacer por el Gobierno de Sánchez fue adoptada en el acuerdo nacionalsocialista suscrito entre dos partidos regionales, PSC y ERC, siendo esta la que hizo público el texto de lo acordado. Como han sido también los independentistas de Junqueras los que han comunicado a la sociedad la decisión que han impuesto a Sánchez en lo concerniente a las proyectadas quitas de las deudas autonómicas.
De manera que ni es el Gobierno el que decide cuestiones significativamente relevantes, ni es tan siquiera el que comunica a los españoles las decisiones que le obligan a ejecutar. Eso no es dirigir la política interior, función que según el artículo 97.1 de la Constitución compete al Gobierno. Al contrario, constituyen ejemplos palmarios de una no dirección, a imagen y semejanza de lo que supone la no remisión del proyecto de Presupuestos al Congreso.
Suele explicarse al enseñar Gerencia de las Organizaciones que cuando una unidad, un departamento o un directivo de una empresa deja sin desarrollar alguna de sus funciones surge enseguida otra unidad, otro departamento u otro directivo que ocupa el vacío apropiándose de la función que ha sido abandonada. Valga la comparanza con lo sucedido en la política española, en la que sean cuales sean respectivamente la causa y la consecuencia, lo cierto es que no pocas funciones del Gobierno son ejercidas de facto por otros grupos políticos quedando para aquel la tarea de mera ejecución de lo decidido.
«Si hemos de soportar la ausencia de un auténtico Gobierno, ¿por qué hemos de sufrir que encima sea tan caro?»
De modo que los españoles sufrimos a un Gobierno y a un presidente absentistas y comprobamos como su consciente absentismo propicia la invasión -consentida- por grupos políticos extra minoritarios de las competencias que la Constitución atribuye al Consejo de Ministros. En este escenario la respuesta a la pregunta formulada en el título de esta pieza ha de ser necesariamente negativa. No, en España no hay Gobierno si se entiende como tal al órgano que dirige un país. Por el contrario, tenemos a un conjunto de ministros y al que los preside que, abdicando de sus responsabilidades, permite que de facto las ejerzan determinados grupúsculos políticos insignificantes en representación electoral, pero absolutamente significativos hasta llegar a ser imprescindibles para que Sánchez siga en La Moncloa.
La gravedad de lo expuesto hace que por comparación resulte casi anecdótico formularse una pregunta. Si hemos de soportar la ausencia de un auténtico Gobierno, ¿por qué hemos de sufrir que encima sea tan caro? Si aceptar la mayor -que el Gobierno no sea quien decida las cuestiones fundamentales de la política española- es condición sine qua non para que Sánchez esté donde está y por ello la acepta, que sea él quien nos haga tragar también la menor -el Gobierno más caro de nuestra Historia- es puro recochineo.
¿No ha pensado nunca Sánchez el rédito electoral que obtendría, bien arropada y jaleada su decisión por sus huestes mediáticas, si redujera su Gobierno a la mitad? Seguro que sí. ¿Qué le impide entonces hacerlo? Apunto dos posibles respuestas. La primera es que reducir ahora la dimensión de su Gobierno después de haber mantenido durante más de seis años y medio su actual dimensión mastodóntica, supondría reconocer la barbaridad cometida hasta ahora y Sánchez es de los que no les gusta reconocer error alguno. La segunda es que siendo cierto que con la reducción se lograría un cierto, pero escaso ahorro -el chocolate del loro que dirían algunos- sucede que Sánchez tiene muchos loros a los que dar chocolate.
Ergo, no hay solución, hasta que podamos usar las urnas seguiremos con un Gobierno enorme y enormemente caro – ¡Joder, qué tropa!, diría Romanones- que, por imposición de otros, se abstiene de cumplir con la función de dirigir al país y cuya tarea en muchas de las cuestiones relevantes para España y los españoles se limita a ejecutar lo que deciden fuerzas políticas ajenas a su seno. Ejecución que, albarda sobre albarda, no suele ser precisamente brillante dada la ausencia de pericia que asola a los Gobiernos de Sánchez. Vaya panorama.