El coste de salirse con la suya
«Si hay alguna buena noticia en este asunto es que por fin Europa supo reaccionar unida para frenar a un Trump siempre fuerte con los débiles y débil con los fuertes»

Ilustración de Alejandra Svriz.
En el primer año de su segundo mandato, Donald Trump se ha salido con la suya en varios frentes. Especialmente en los más relevantes para el movimiento Make America Great Again (MAGA) que encabeza el presidente estadounidense. Ingresos extraordinarios por el aumento de los aranceles con un modesto impacto en la inflación, el compromiso de sus socios de la OTAN de elevar el gasto en defensa al 5% de su PIB para aliviar la carga que asume EEUU, la reducción de la entrada de inmigrantes al país… Incluso la amenaza finalmente retirada de invadir Groenlandia, que enfrentaba por primera vez a dos países miembros de la Alianza, le ha permitido alcanzar un acuerdo especial con la OTAN para aumentar su presencia militar en la isla bajo soberanía danesa y entrar en negociaciones con Dinamarca para asegurarse un acceso privilegiado a las tierras raras. Son todos logros en defensa de los intereses estadounidenses que, sin embargo, no están exentos de costes. El mayor: la ruptura de una confianza forjada durante 80 años entre las potencias aliadas.
Si hay alguna buena noticia en todo este feo asunto es que por fin Europa supo reaccionar unida para frenar a un Trump siempre fuerte con los débiles y débil con los poderosos. Animado por la exitosa extracción del dictador Maduro en Venezuela, el presidente estadounidense autoproclamado comandante en jefe universal estaba decidido a ampliar su zona de influencia geográfica al Ártico, una región considerada por Washington como estratégica para la seguridad nacional. Dispuesto a hacerse con Groenlandia por la fuerza si fuera necesario y tras amenazar con que aumentaría hasta en un 200% los aranceles a los países aliados que enviaran tropas a la isla, Trump reculó.
¿Se trataba solo de un farol para forzar una negociación ventajosa? Es muy posible y la jugada le ha salido bien. ¿Han sido las amenazas de tomar represalias por parte de la Unión Europea, incluido la suspensión del acuerdo comercial alcanzado el julio pasado, tan favorable a los intereses estadounidenses, las que le han echado para atrás? Seguramente también. Entre otras cosas, la invasión por la fuerza de Groenlandia solo contaba con el apoyo del 4% de los estadounidenses. Puede que Trump logre ampliar considerablemente su presencia militar en la isla, cuya extensión es 4,3 veces la de España y en la que hoy hay solo una base militar con unos 150 soldados. Es probable que alcance un acuerdo para extraer las tierras raras del territorio autónomo tan necesarias para el desarrollo de las nuevas tecnologías. Y seguramente también obtenga garantías para que China no acceda a esos minerales.
En su pulso con la UE, el presidente estadounidense ha conseguido algo que hasta ahora y para frustración de muchos europeos no estaba ocurriendo: el rechazo unánime al chantaje económico del presidente estadounidense y hacer frente común para pararle los pies. La mayoría de los 27, con Francia y Alemania a la cabeza, y ante la evidencia de que la política de la complacencia seguida hasta ahora por la UE con el imprevisible presidente americano no ha servido de nada, anunció que respondería con igual contundencia a las subidas arancelarias con las que amenazaba Trump. Washington se arriesgaba además a que el ventajoso acuerdo bilateral alcanzado este verano con Bruselas, que fija un arancel del 15% a los productos europeos y cero a los estadounidenses, totalmente asimétrico, quedara en suspensión si seguía adelante con sus planes sobre Groenlandia.
La agresividad de Trump puede reportar beneficios a corto plazo a Estados Unidos, pero está suponiendo que sus socios habituales busquen alianzas comerciales con otros bloques. Como en el caso de la UE con Mercosur o de algunos Estados miembro con China. Unos acuerdos estratégicos que en el largo plazo supondrán la disminución de la influencia de Estados Unidos en el mundo. Del pulso con Washington, la UE ha salido reforzada y, ojalá, la pérdida de confianza en su socio estadounidense le sirva para pisar el acelerador de las reformas económicas y políticas que necesita para recuperar su competitividad y ganar independencia. Y funcionar por fin como una potencia global en la escena internacional.
Su falta de acción y liderazgo fue criticada duramente por Volodímir Zelenski en su discurso en el Foro Económico de Davos hace dos días. El líder ucraniano criticó duramente a Europa por su pasividad y por actuar de forma fragmentada en la defensa de Ucrania frente a la agresión rusa. La UE y sus Estados miembros han movilizado cerca de 190.000 millones de euros en ayuda a Ucrania, incluyendo el apoyo militar, humanitario y económico. Un respaldo generoso, suficiente para resistir, pero no para ganar la guerra.
Tal es la frustración del líder ucraniano que este fin de semana se reúne con EEUU y Rusia, sin Europa, para avanzar en las negociaciones que pongan fin a una guerra que dura ya casi cuatro años. Sería paradójico que fuera Trump el que lograra poner fin al conflicto. El mismo que es promotor y presidente de esa iniciativa que ha llamado Consejo de Paz, al que ha invitado a Rusia a unirse. Hecho a su medida y con el que pretende desafiar las decisiones de Naciones Unidas, se han adherido países tan variopintos como Argentina, Paraguay, Hungría, Albania, Bielorrusia, Turquía, Egipto, Kazajistán, Israel, Marruecos, Arabia Saudita o Vietnam. Todos comparten una pleitesía rendida hacia el presidente estadounidense.
«En cuanto al control de la inmigración, Trump ha sido radical. Ha conseguido que tras 50 años de crecimiento imparable de la población inmigrante, esta esté hoy en declive»
¿En qué otros frentes está el presidente estadounidense saliéndose con la suya? En la cuestión de los aranceles ha salido bastante bien parado pese a los malos augurios iniciales. Según el Departamento del Tesoro de EEUU, en 2025 se han recaudado 287.000 millones de dólares en derechos de aduana, impuestos y tasas a la importación, un 192% más que el año anterior. Una cifra nada despreciable. Y, además, en contra de las expectativas de la mayoría de los economistas, la subida de los precios de los productos importados que iban a suponer esos aranceles ha sido en gran parte absorbida por los importadores de forma que la inflación cerró 2025 en el 2,7%, reflejando una moderación gradual de la misma.
Washington ha conseguido también un reparto más equitativo de los gastos en defensa de la Alianza Atlántica, cuya carga recaía hasta ahora principalmente sobre EEUU. El presidente estadounidense ha arrancado a sus socios de la OTAN (todos menos España, que consiguió una flexibilidad especial), el compromiso de aumentar hasta el 5% del PIB su gasto militar de aquí a 2035. Una presión que ayudará a Europa a lograr antes de lo previsto la autonomía militar que necesita el viejo continente para defenderse de ataques como la invasión rusa de Ucrania que ocurren en sus fronteras.
En cuanto al control de la inmigración, Trump ha sido radical. Ha conseguido que tras 50 años de crecimiento imparable de la población inmigrante, esta esté hoy en declive. Es la primera vez en ese periodo que han salido más inmigrantes del país de los que han entrado. Debido a las deportaciones masivas y las salidas voluntarias, se calcula que la población migrante ha descendido entre 10.000 y 290.000 personas. Que Trump haya cumplido con una de sus más polémicas promesas electorales, violando derechos humanos fundamentales, no significa que sea bueno para el país. Supone la salida de talento y de mano de obra barata. Lo primero es una mala noticia para la investigación de ese país, motor de crecimiento de su productividad en las últimas décadas. Y lo segundo, tendrá consecuencias en la inflación.
¿Pueden estas aparentes victorias volverse en contra de los intereses estadounidenses que dice Trump defender? En el largo plazo es probable que así sea. Mientras, el orden internacional basado en el cumplimiento de unas reglas, en la cooperación y el multilateralismo como vía para prosperar económicamente y asegurarse la paz ha quedado herido de muerte.