La Groenlandia digital (y una segunda dana)
«Europa sigue siendo un mercado formidable, pero sin autonomía militar, política y digital corre el riesgo de convertirse en una Groenlandia hiperpoblada»

Alejandra Svriz
Trump es el rayo que no cesa. En este primer año de mandato —radicalmente distinto de toda su anterior presidencia— no resulta exagerado afirmar que no se ha visto nada igual, ni en el plano interno ni en el internacional.

La grosería sistemática, la ausencia de escrúpulos, la moral de naturaleza casi mafiosa con la que afronta cualquier asunto, el desprecio ostentoso por el Estado de derecho, tanto nacional —situando a Estados Unidos peligrosamente cerca de un modelo iliberal— como internacional, han pasado a ser su marca registrada. A ello se suma el riesgo de un terremoto económico global derivado de su errática y obsesiva guerra arancelaria.
La gravedad del momento se explica por una razón elemental: Trump dirige como si fuera una de sus empresas privadas el país más poderoso del mundo, la primera economía, el principal ejército, la potencia que lidera la OTAN y el garante último del orden de seguridad occidental. Estados Unidos ya mostraba desde la era Obama signos de fatiga estratégica y tentaciones aislacionistas. Hoy, la hiperactividad de Trump y de su reducido círculo de fieles fanatizados, con figuras como J. D. Vance al frente, genera una mezcla de desconcierto y temor entre aliados y adversarios.
Puede tratarse de una estrategia de tahúr o del fruto de una alarmante inexperiencia gubernamental —nadie relevante de su anterior Administración ha repetido—, pero el desorden que ha provocado y promete seguir provocando tiene asegurado un lugar destacado en los manuales de historia, como él mismo siempre ha deseado.
El esquema de prioridades de Trump es diáfano: primero él mismo, después su familia, sus socios, su entorno político y empresarial, sus cargos de confianza; solo al final, y de manera residual, los intereses generales de su país. Esta lógica explica el trato inmisericorde que dispensa a los aliados democráticos, que además son sus principales socios comerciales, mientras muestra una indulgencia relativa hacia potencias autoritarias, rivales estratégicos de la todavía principal potencia mundial, aunque ya con China acechando el relevo.
Sería, sin embargo, simplista concluir que el fenómeno Trump solo produce efectos negativos. Separando el ruido del fondo, algunas de sus sacudidas —como el golpe en Venezuela o la presión sobre Irán, a ver si se materializa— han abierto, al menos, rendijas de esperanza para poblaciones sometidas a regímenes opresivos. Otras iniciativas, como la fantasiosa compra de Groenlandia o la reconversión de Gaza en una Riviera a lo Abu Dabi geopolítica, parecen destinadas a ocupar titulares durante semanas antes de ser sustituidas por nuevos desafíos en Colombia, México, Cuba… Canadá o cualquier otro escenario disponible. Islandia, que ni siquiera está en la UE…
Para Europa, esta situación límite debería servir de advertencia. En Ucrania se juega el futuro de su defensa. Es una hora de la verdad: o el continente se rearma moral y estratégicamente, como reclama Macron, o acepta su progresiva irrelevancia. Con casi 500 millones de consumidores, Europa sigue siendo un mercado formidable, pero sin autonomía militar, política y digital corre el riesgo de convertirse en una Groenlandia hiperpoblada, a la espera de ser colonizada por el poder estadounidense o por el chino. Sin soberanía sobre los datos —el nuevo oro—, la emancipación europea respecto a las grandes empresas americanas seguirá siendo una quimera. Y la tentación de que, despreciando los 80 años gloriosos que ha vivido desde el final de la Segunda Guerra Mundial, vayan subiendo al poder partidos poco democráticos nacionalistas y enemigos del proyecto común europeo.
Coda 1) El azar y la necesidad. Los accidentes graves rara vez obedecen a una sola causa. Se producen por una cadena de factores algunos difíciles de medir o reproducir, incluso en laboratorio, pero no por ello inexistentes. Y siempre está el azar, el azar… ese azar con el que los dioses ciegan a los hombres, que casi siempre juega un papel determinante y es un viejo aliado de la tragedia: si el Alvia hubiera pasado unos segundos antes o después, si la velocidad hubiera variado mínimamente, no se habría cruzado con el Iryo en el punto fatal. Incluso cabe pensar que, sin el paso previo de otros trenes, la soldadura habría resistido lo justo para evitar el descarrilamiento en ese momento y lugar con un tren de cara en la otra vía, quizá limitando el daño a lo material.
Mientras nos esperan meses para disponer de un informe completo sobre las causas directas e indirectas, la tragedia ha hecho aflorar con rapidez quejas largamente formuladas por conductores y personal ferroviario sobre el estado no solo de ese tramo, sino de buena parte de la red, tanto de alta velocidad como convencional. El foco se desplaza así, inevitablemente, hacia quienes tienen responsabilidades de gestión, mantenimiento, control y seguridad, y hacia los responsables administrativos y políticos últimos de esa situación.
Sería deseable evitar un nuevo espectáculo tipo dana: ese circo de exculpaciones cruzadas, medias verdades y huidas hacia delante que aún hoy colea. Aquí, a diferencia de entonces, no cabe el reparto de culpas entre administraciones: las infraestructuras ferroviarias son competencia estatal. El Ministerio de Transportes investigará… y será investigado.
Todo apunta, por tanto, a una tarea compleja, sospechosa políticamente y explosiva. No solo por la endogamia inherente a la investigación interna, sino porque al frente del ministerio está Óscar Puente, cuya trayectoria acredita más aptitudes para la agitación política que para la gestión técnica. No es descartable que afloren negligencias graves, cuando no conductas dolosas: amaños, prevaricaciones o irregularidades ligadas al mandato del exministro José Luis Ábalos, hoy en prisión. Tampoco puede excluirse que algunas carencias vengan de más atrás, fruto de años de falta de inversión y planificación en el mantenimiento de la red ferroviaria.
La tragedia humana es irreparable, no debe hacernos olvidar que el tren siguen siendo con diferencia el medio de transporte con menos riesgo por kilómetro recorrido, el avión, claro está, pero sobre todo comparado con el coche, respecto del cual todavía puede hacerse mucho en materia de seguridad para que siga disminuyendo el número de accidentes graves.
N.B.1. El Conseller de Presidència de la Generalitat, Albert Dalmau, al tiempo que anunciaba, metonímicamente, que «Catalunya no se la jugará y no se la puede jugar», y aducía «la situación excepcional y sin precedentes por la falta de seguridad en las vías» para justificar la suspensión un día más del servicio de Rodalies, que ha dejado sin medio de transporte a casi medio millón de usuarios, ha «solicitado la gratuidad del servicio» hasta que se reactiven los trenes. Sí, gratis mientras no haya trenes. Tal cual.
N. B. 2. Se acercan el funeral, laico o no, o el homenaje colectivo a las víctimas, en presencia de la máximas autoridades. Entre la congoja y la tristeza, las lágrimas y el desconsuelo, habrá gritos. Comprensibles. Y no serán precisamente edificantes. Un momento en que el pueblo herido y sus gobernantes se miran a los ojos. Nadie sabe qué pasará el día después. Sabemos lo que pasó después del homenaje a las víctimas de la dana.
Sin embargo, entre tanto dolor e incomprensión se ha colado algún elemento disparatadamente frívolo o directamente obsceno, como ha sido la gran cobertura mediática en torno a la búsqueda del desaparecido perrito Boro, que viajaba en uno de los vagones (hoy felizmente encontrado). No se entiende tampoco que habiendo aún desaparecidos se dedicasen tantos medios para encontrar al can. Y tampoco lo justifica el hecho de que la dueña tuviese a su hermana herida en la UCI. Bien es sabido que si los perros votasen, el Partido Animalista constituiría el principal grupo en el Congreso y que para mucha gente su perro (o su gato) son miembros de pleno derecho de la familia (de ahí, por ejemplo, el alucinante auge de las clínicas veterinarias). Se dice a veces, y no sin razón, que el grado de madurez de una sociedad puede medirse por cómo trata a los más débiles… y a los animales. Llamó en su día la atención, con justicia, el número de abandonos de los perros en las gasolineras o las perreras después del Covid. Pero el caso del perrito Boro plantea otro tipo interrogante sobre nuestro tipo de sociedad, cuando se peca por el exceso contrario.
Coda 2) Sirāt. Pocas veces se ha ensalzado tanto una película española seleccionada para los Oscar. De momento, en el pre-Oscar, que son los Golden Globe, se ha ido totalmente de vacío; y en la criba de hace unos días para la gala de Hollywood, de las cinco categorías en las que estaba preseleccionada, solo se han materializado dos: a mejor película internacional (de habla no inglesa) y a mejor sonido (tiene bemoles, nunca mejor dicho, cuando la banda sonora de música tecno es deplorable, y por eso, merecidamente, no optará a la categoría de banda sonora; pero el resto del sonido del film es inexistente o prescindible).
En las innumerables entrevistas al autobombástico director Laxe se hace hincapié no solo en las supuestas y muy discutibles bondades de la película, sino en su carácter de obra de resistencia contra el mainstream, digamos, burgués y adocenado de un Occidente medio acabado y decadente. Se trataría de una oda a la libertad y a la fraternidad universales hecha celuloide. Una victoria frente a los que solo quieren hacer y ver películas embrutecedoras.
Si quiere el lector ver la cinta sin más valoraciones previas, detenga la lectura de esta coda. Y no por posibles spoilers (imposible que los haya, toda vez que ya se ha divulgado urbi et orbe la raquítica trama), sino porque es mejor que la vean sin prejuicios. No saben lo que les espera.
Pero si ya la han visto, o no la piensan ver, pueden seguir leyendo. Sirāt es una película abominable. Ni siquiera su solvente calidad técnica, ni la mediana actuación del sobrevalorado Sergi López (fascina a los franceses que un español hable francés con acento catalán, ya ven) la salvan de la quema. Todo en ella es lamentable y grotesco de principio a fin: la situación de partida, una rave solipsista en el desierto marroquí a la que asiste lo peor de cada casa de Occidente, una supuesta búsqueda de una hija desaparecida cuya desaparición a nadie parece importar, ni siquiera a sus familiares, un ridículo accidente fatal digno de una película de Buster Keaton, una expedición a la nada en compañía de unos desechos de tienta franceses (que hablan medio en español entre ellos a ratos), un indecente enaltecimiento de las drogas, un falso panteísmo de salón, y una supuesta épica de la amistad que acaba produciendo hilaridad… y una inconfesable satisfacción cada vez que uno de los protagonistas va perdiendo la vida de la manera más tragicómica que imaginar cabe. No se la pierdan, insisto.
Si esto es lo mejor que produce la cultura cinematográfica española y europea (Premio del Jurado en Cannes), los autóctonos de Groenlandia deberían de reflexionar dos veces antes de decirle que no a míster Trump.
Pero se irá de vacío también en los Oscar. Las caliméricas jeremiadas post-Oscar permitirán a Laxe, eso sí, sacar pechuga de gallina. No (la) han entendido. Yankis analfabetos.
Consultorio Mostaza
Manu Mostaza Barrios, politólogo y experto en demoscopia, al que entrevistamos largo y tendido la semana pasada, a propósito de su decálogo de medidas de choque para la política española (pinchar aquí), nos contesta a estas otras cuestiones candentes:
1) ¿A qué puede deberse el aumento, y en algunos casos, la preponderancia del voto joven, diferentes cohortes entre 18 y 40 años, (aquí encuesta de Sigma Dos aparecida hace unos días) a los partidos llamados de derecha y extrema derecha, PP y Vox? ¿Es más masculino el fenómeno?
Tiene toda la pinta de ser un fenómeno que tiende más a lo estructural que a lo coyuntural: hay una especie de cambio tectónico que va desplazando poco a poco el voto de los jóvenes hacia la derecha. No hacia la extrema derecha, como a veces se quiere hacer ver de manera interesada. Los jóvenes venían, como toda la sociedad española, de estar cómodamente instalados en el centro ligeramente escorados hacia la izquierda, y se están pasando con armas y bagajes hacia el centro derecha, con bastante claridad. Es decir, los jóvenes que votan a Vox no están en la extrema derecha, sino entre el centro derecha y la derecha, pues ellos mismo se sitúan en el 6 o el 6,5 del espectro político izquierda-derecha; no se ven como extremistas. En España, estas valoraciones no son descriptivas, son valorativas. Por ello, Ciudadanos para muchos era extrema derecha, y el PP otro tanto, y Vox es la extrema-extrema derecha… Y por eso mismo, en España «no existe» la extrema izquierda como tal: es un «espacio», un «territorio», un «encuentro», una «marea»… Así, muy pocos son los jóvenes que se autoubican en el 8 o el 9 del espectro. Y ya sabemos que el tablero está inclinado, pero, ojo, desde siempre: un ejemplo, yo estudié en una facultad en la que, cuando se analizaba la República, al Bienio conservador o reformista , que es lo que fue, se lo etiquetaba como El Bienio Negro. Mi sensación es que, como he leído por ahí, «ser de derechas es el nuevo punk». Tras un largo periodo de socialización en una cultura política socialdemócrata, que se ha hecho asfixiante con lo woke y la cultura de la izquierda más extrema en los últimos 10 o 15 años, muchos jóvenes ven ahora que la forma de rebelarse es salirse de ese mainstream cultural. Empezó siendo un fenómeno claramente masculino, y sigue manifestándose más entre los chicos que entre las chicas, pero es verdad que también está creciendo entre el electorado femenino. En cualquier caso, los estrategas de Vox harían bien en mirarse en el espejo de Podemos, que también fue una formación que lideró el voto joven hace unos años: somos un país envejecido, y normalmente los jóvenes participan menos en política.
2) Estamos en pleno ciclo electoral que empezó en las recientes autonómicas en Extremadura: la siguiente cita, en pocos días, en Aragón: ¿hasta qué punto las medidas que pueda tomar el Gobierno sobre el anuncio del aumento de inversiones en la región, o en general, el incremento del salario de los funcionarios y de las pensiones puede reflejarse en las intenciones de voto? ¿Existe el voto, si no cautivo, como lo hubo en Andalucía, al menos agradecido?
Tengo la sensación de los Gobiernos creen, en general, que las personas mayores son conservadoras y suelen votar a partidos de orden, a los partidos del establishment, así que considero que les seguirían votando aunque no se produjesen este tipo de anuncios. En general, el voto es multicausal y muy complejo, pensar que alguien te vaya a votar porque lo invitas al cine, o porque te ha pagado un abono para moverte por España en verano me parece ser un poco ingenuo, la verdad.
3) Las tragedias ferroviarias de estos días, que están tomando una dimensión de indignación social parecida a la ocurrida con la tragedia de la dana, ¿podrían pasarle factura al principal partido del Gobierno en las próximas citas electorales? Sobre todo habida cuenta de que el Ministerio de Transportes arrastra todavía el sello de Ábalos y de que el titular actual Puente es uno de los ministro más «políticos» del Gobierno Sánchez ?
Es verdad que esto le puede pasar factura al Gobierno, efectivamente, por dos cosas: una porque hasta ahora parecía que la corrupción era independiente de la gestión, y que el país seguía funcionando bien y que esto era un tema de cuatro golfos, como insiste el propio gobierno y sus altavoces mediáticos. Pero en este caso, afecta un ministerio cuyo titular previo está en prisión, y cuyos altos dirigentes están siendo investigados por sospechas gravísimas de corrupción. Por otro lado, pone en cuestión un elemento de orgullo colectivo, como había sido la transformación del ferrocarril en nuestro país, que era un elemento de la que presumían tanto la izquierda como la derecha, y justo se cuestiona cuando ocurren estas desgracias. Creo que, en efecto, es un clavo más en el ataúd de un Gobierno que ya va a tener muy difícil remontar esta situación.
Y una petición: injusticia contra un Justo
Esta es la carta petición lanzada hace unos días en París ante la situación creada por los concejales ecologistas de París en relación con el difunto Claude Lanzmann, mundialmente conocido director de la película Shoah.
«Carta dirigida al Consejo de París:
»Solicitamos solemnemente al Conseil de Paris (Ayuntamiento o Consejo Municipal de París) que reconsidere su lamentable decisión y que bautice la avenida [tal como se había previsto] con el nombre de «Claude Lanzmann», quien, más allá de ser el hombre que fue, representa el esfuerzo por hacer justicia ante el crimen más inconmensurable contra la humanidad que la historia haya conocido jamás.
»Para firmar la petición en Change.org, pinchar aquí [lanzada hace una semana, tiene ya más de 1.500 firmas]
»Medalla de la Resistencia, Gran Cruz de la Orden Nacional del Mérito, Gran Oficial de la Legión de Honor, firmante del Manifiesto de los 121 —la «Declaración sobre el derecho a la insumisión en la guerra de Argelia»— y director de la revista Les Temps Modernes durante más de treinta años, Claude Lanzmann es una figura destacada que ha marcado las conciencias. Es mundialmente conocido por su película Shoah, inscrita en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO, una obra monumental y sin parangón dedicada al exterminio de los judíos de Europa. Proyectada en salas de todo el mundo, vista por generaciones de adultos y niños, esta película-memorial, baluarte contra el negacionismo y el odio antisemita, forma parte del patrimonio cultural de la humanidad.
»En el marco de las conmemoraciones del centenario de su nacimiento (1925-2018), el Ayuntamiento de París quiso rendirle homenaje dando su nombre a la avenida central de la plaza de los Mártires Judíos del Velódromo de Invierno. Pero en diciembre de 2025, los concejales ecologistas del Consejo de París, encabezados por Alice Coffin, lograron que se retirara la deliberación que debía permitir este homenaje.
»Para justificar esta maniobra del partido, estos concejales invocan acusaciones de violencia sexista y sexual atribuidas a Claude Lanzmann. Sin embargo, nunca se ha presentado ninguna denuncia. Y, por supuesto, tampoco se ha dictado ninguna sentencia.
»Los miembros de un partido han sustituido así a los jueces para designar a un culpable sin que las personas afectadas hayan presentado ninguna demanda y para imponer su ideología, sin debate alguno, a los demás representantes electos.
»En una democracia digna de ese nombre, los rumores y las habladurías no constituyen el Derecho. No pueden servir de base para una decisión política. Por eso este episodio es grave y no debe quedar sin respuesta.
»Por otra parte, no seamos ingenuos: más allá de la cuestión democrática, lo que aquí se ve afectado es la memoria del Holocausto y, a través de ella, la lucha contra el antisemitismo. En un contexto de agravamiento del antisemitismo, de negación y/o instrumentalización del Holocausto, ¿cómo no interpretar esta afrenta a la memoria de Claude Lanzmann como una renuncia o, peor aún, como una concesión?
»No podemos aceptarlo.
»Por ello, solicitamos solemnemente al Conseil de Paris que revierta esta lamentable decisión y nombre a la avenida «Claude Lanzmann», quien, más allá de ser el hombre que fue, representa el esfuerzo por hacer justicia ante el crimen más inconmensurable contra la humanidad que la historia haya conocido jamás.»
»Y si el actual Consejo elude esta obligación tanto política como moral, hacemos un llamamiento a los candidatos a las próximas elecciones municipales para que se comprometan claramente a reparar esta afrenta.
»Esta carta abierta ha sido publicada en Le Point.fr y se ha convertido en una petición que puede firmar.»