The Objective
Ignacio Vidal-Folch

Ayuso premia a Trump, ¡vivan las cadenas!

«Si solo se pretendía chinchar a las izquierdas, ¿no se dan cuenta de lo ofensivo que resulta esto también para los votantes conservadores?»

Opinión
Ayuso premia a Trump, ¡vivan las cadenas!

Ilustración de Alejandra Svriz.

Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, tan idolatrada por unos como detestada por otros (no es mi caso, yo no idolatro ni detesto a nadie, soy imparcial, desprecio por igual a todo el mundo), acaba de distinguir con la medalla internacional de la región… a Donald Trump.

El premio se ha enviado a la residencia del presidente chiflado llamada Mar-a-Lago, y nominal, eufemísticamente, se le concede a «los Estados Unidos», faro de libertad, etc. Ya nos entendemos. ¿Cómo podría un país tan grande colgarse esa medalla? ¿De dónde? ¿Del pararrayos del Capitolio que Trump asaltó, y a cuyos asaltantes indultó?

Ahora bien: atrabiliario, imprevisible y ordinario como es El Donald, y considerando el nulo valor, tanto crematístico como simbólico como de prestigio, de la condecoración, no cabe descartar que la cuelgue al cuello de su perro o la tire al cubo de la basura y luego suba una foto a Truth Social. Sí, ahí donde la semana pasada colgó una foto de los Obama caracterizados como chimpancés, ganando así gran popularidad entre los ciudadanos negros de su país.  

La medalla reconoce, según las palabras de Ayuso, a «los líderes que ejemplifican la fe, la familia, la libertad y el empoderamiento financiero, principios promovidos por la Iniciativa de Prosperidad Hispana de la Casa Blanca bajo la presidencia de Donald J. Trump».

Madrid condecora a Trump. Et on voudrait que je sois sérieux. ¿Pero qué pretende la señora Ayuso? Misterio. ¿Sus asesores no hubieran podido elegir un candidato menos repugnante? ¿Tenía que adular a un líder seguramente senil (pero con un sentido del humor que no se pué aguantar, cuyo chiste más sonado dice que «mi palabra preferida es Dios, y la segunda, aranceles»)? ¿Al que el presidente francés, Emmanuel Macron, después de intentar largamente y en vano apaciguarle, y ser públicamente objeto de su befa, acaba de acusar, confirmando la opinión general, de proponerse desmembrar la UE?

«Con lo bien que hubiera quedado la señora Ayuso mandando la dichosa medalla a Mark Carney»

Con lo bien que hubiera quedado la señora Ayuso mandando la dichosa medalla (que ahora no tiene más valor que el de la sumisión pregonada a un tirano y a un imbécil), a Mark Carney, por ejemplo.

¿Hablamos de ejemplos de «fe, familia, empoderamiento financiero, libertad»? El primer ministro de Canadá también es un hombre de familia (casado, cuatro hijas, y a diferencia de Trump, sin devaneos públicos con actrices porno y niñas de Epstein); en cuanto a «fe», Carney era, según The Tablet, el católico más influyente de Gran Bretaña, cuando era gobernador del Banco de Inglaterra.

También es un gran «empoderador financiero», en cuanto ex de Goldman Sachs y gobernador del banco citado y del de Canadá, donde se hizo famoso por saber capear la crisis de 2008, no por gritar en TV «¡Estás despedido!», como Trump.

Y en cuanto a defensores de la «libertad», Carney se ha hecho popularísimo en su país y en toda Europa por su firmeza ante la rapacidad del Gobierno de Trump y sus proyectos invasores de Canadá, Groenlandia, Gaza y lo que salga.  

«Me malicio que el propósito de premiar a Trump es solo generar tensión»

O bien se podía haber distinguido —como sugería alguien de la oposición, creo que de Más Madrid—, a Bad Bunny, cuya actuación y discurso el otro día en la Super Bowl ha disparado (¡cómo es la gente!) en un 178% el estudio de lengua española en las plataformas lingüísticas de los Estados Unidos.

En esa actuación, Bad Bunny (Benito Antonio Martínez Ocasio), por cierto, se erigió en defensor de los hispanos en el gran país, precisamente en el momento en que Trump envía a sus matones del ICE a perseguir hispanos ilegales para expulsarlos, asesinar a maestras inocentes en las calles de Minneapolis y separar a los niños de sus madres, a ver si estas van a buscarlos a la comisaría y así las pueden apresar también. 

¿Se quiere acaso que el caudillo providencial erija un Hotel Trump, todo similor y brilli-brilli, en medio de la Castellana? ¿O se trata de atraer a BlackRock y otros fondos a «invertir» en el parque inmobiliario de Madrid? Si solo se pretendía chinchar a las izquierdas, ¿no se dan cuenta de lo ofensivo que resulta esto también para los votantes conservadores?
 
Yo malicio que Ayuso sí se da cuenta, y que el propósito de premiar a Trump con una distinción de chichinabo que no va tampoco a colmar de gratitud su ego es solo generar tensión. Mal rollo. Es muy político esto, muy actual: «Nos conviene que haya tensión» (Zapatero, 2017)

En fin. La noticia de la medalla y el discurso en el fondo es insignificante —¡tampoco me pidan que cada viernes resuelva los grandes problemas del mundo!—. Pero bueno, me ha servido para acordarme de unos versos de Borges, en Elegía de la patria: «Cifras rojas de los aniversarios,/ pompas del mármol, arduos monumentos,/ pompas de la palabra, parlamentos…»

Y acordarme también de aquel poema de Ernesto Cardenal, Somoza desveliza la estatua de Somoza en el estadio de Somoza. Dice: «No es que yo crea que el pueblo me erigió esta estatua/ porque yo sé mejor que vosotros que la ordené yo mismo./ Ni tampoco que pretenda pasar con ella a la posteridad/ porque yo sé que el pueblo la derribará un día./ Ni que haya querido erigirme a mí mismo en vida/ el monumento que muerto no me erigiréis vosotros:/ sino que erigí esta estatua porque sé que la odiáis».
   

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