El método político de Donald Trump
«¿Qué ha hecho Trump en su año de imperialismo y cesarismo pacificador? Mucho y nada, contradicción muy suya»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Muchos, al tratar de buscar un camino, un racional sentido a la política de Donald Trump, se despistan, se pierden. Es bastante difícil seguir o entender a alguien que rompe la copa, celebrando, después de cada festín, pero sin haber terminado el plato. Se ha dicho (yo mismo) que es como el elefante republicano entrando en la sutil cristalería del mal gobierno internacional. ¿Qué habría inicialmente que tener en cuenta? Trump, aunque cumpla 80 años el próximo junio, tiene un carácter duro y con múltiples rasgos infantiles: «Quiero esto y lo quiero ya. Agarro aquello porque me gusta». Ese infantilismo de fondo se une —muchos lo saben— al capricho adulto de quien entró en la lid política tarde, después de llevar años siendo multimillonario. Veamos cómo encaja mejor que bien la actitud autoritaria, incluso gestual, del magnate de los millones, que compra cuanto se le antoja y que decidió que su último horizonte en la vida era ser presidente de los EEUU (él dirá siempre «América», pero no es nuevo) con el referido talante infantiloide, lo que no quita, sino que añade peligro. La segunda Presidencia de Trump —hace poco más de un año— se inició a las bravas, amenazando con guerras comerciales, casi generales, si no era adulado, y de otra parte —de nuevo complementaria— presentándose como «Trump, el pacificador». El nuevo emperador destruye (lo está haciendo) el antiguo orden mundial, para crear uno nuevo donde EEUU es otro Imperio romano. Claro que da a sus partidarios lo que prometió («Haz de nuevo grande a América») al tiempo que se da a sí mismo caprichos cesaristas, que no pueden ser tan inmediatos: «Quiero el canal de Panamá, quiero Groenlandia, quiero Canadá —todo ello formaría los grandes EEUU nuevos— y voy a llevar la paz, doquiera mire, la paz, la democracia, la libertad»… eso siempre que se le adule y respete. El Trump pacificador quiso, naturalmente, el Nobel de la Paz de Oslo. Fue un gran disgusto que se lo dieran a María Corina Machado, y aunque esta (entre astuta e ingenua) al ir a ver al presidente a la Casa Blanca le llevó y regaló simbólicamente su Nobel de la Paz —y Trump se lo agradeció—, fue la sonrisa del minuto. El niño no quiere el juguete de su hermano; por supuesto quiere el suyo propio. Así es que otro brindis al sol. Pero intentemos ver qué ha hecho Trump en este año cumplido como presidente USA.
A/ Trump (amigo de Netanyahu) dijo que llevaría la paz a Gaza, que el territorio sería gobernado por una comisión internacional y hasta (rizando el rizo y en idioma de millonario) haría de esa costa mediterránea un emporio turístico de lujo. Sí, la guerra de Gaza se ha detenido, hay una suerte de tregua —que supongo algunos sufridos gazatíes agradecerán— pero el problema real de fondo, el entendimiento palestinoisraelí, está como estaba. De verdad no se ha arreglado nada, pero hay un calmo interregno.
B/ La repulsiva dictadura chavista de Venezuela, peligro como narcoestado para EEUU y para el mundo. Trump destruye algunos barcos supuestamente cargados de droga y, en una operación espectacular, se lleva al dictador Maduro y a su esposa. Pero la dictadura debe acabar del todo y esto no ha ocurrido. Hay quien dice que Maduro fue traicionado por sus leales, pero lo que resulta inaudito —aunque se diga que Marco Rubio lo vigila todo— es que el poder en Venezuela siga en manos de la mano dura chavista (Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello, entre otros) mientras, aparte de la libertad de algunos presos, aparentemente muy poco ha cambiado. Cierto que hace falta una transición, pero debiera haber cambios notorios como una amnistía general y relevar a la cúpula chavista. Pero ahí siguen. Incluso el oscuro Zapatero anda aún por allá… Lo que Trump buscaba era el petróleo, entonces nos engañó. Venezuela aún no es libre.
C/ ¿Groenlandia? Tras proclamas, amagos y gritos, todo sigue más o menos igual y, si Trump ha conseguido la próxima instalación de nuevas bases militares USA en la isla danesa, recordemos que (al norte de la isla) ya había presencia gringa.
D/ El pueblo iraní —uno de los más esclavos del mundo— protesta contra la brutal teocracia de los ayatolás, y Trump apoya a ese pueblo, hoy lo sabemos ya, reprimido y masacrado. Dicen que más de 40.000 muertos. Trump dice (y repite y repite) que una gran flota de guerra yanqui va en ayuda del levantamiento iraní. Pero la flota no ha llegado ni parece que lo haga de momento. Aunque el duro Netanyahu sí ha vuelto a ver a Trump y no por Gaza, sino por Irán. El régimen de los ayatolás es el gran y fuerte enemigo de Israel. Por tanto, hay que andarse con tiento: todos tienen programas nucleares. El «premier» israelí ha pedido cautela a Trump en su trato. Teme por Israel. La pobre gente que se sublevó en Irán (muertos y encarcelados) parece un sacrificio inútil. No entran en la geopolítica. Podríamos seguir, pero basta ahora. ¿Qué ha hecho Trump en su año de imperialismo y cesarismo pacificador? Mucho y nada, contradicción muy suya. Todo está tocado y amenazado, pero nada resuelto.
E/ ¿Cuba? Es un desastre total y Trump quiere hacerla caer por hambre (ya estaban en ello sus dictadores), pero no corre prisa, la isla del azúcar no tiene petróleo. Caerá, cuando sea, por miseria y abandono. Comunismo fallido.
Y la presidenta de la Comunidad de Madrid va a dar nuestra Medalla Internacional a EEUU porque es «el principal foco del mundo libre». O Ayuso es muy astuta en adular o no ha estado nada fina. Su canto al triunfo de una hispanidad con los USA olvida que España fue víctima de su imperialismo y —mucho más grave— ignora que Trump está hoy contra la hispanidad estadounidense. Isabel, hispanice a Trump y aplaudiremos sin medida. Niño y César. Todo y poquísimo.