The Objective
Ignacio Vidal-Folch

Musk contra Sánchez: ¡Cuidado, que me lo extraen!

«Cualquier noche de estas pueden aterrizar en los jardines de la Moncloa unos cuantos helicópteros llenos de marines, para ‘extraer’ al traidor»

Opinión
Musk contra Sánchez: ¡Cuidado, que me lo extraen!

Ilustración de Alejandra Svriz.

Leíamos ayer que Mark Zuckerberg, el patrón de Meta —o sea de Facebook, Instagram y WhatsApp—, está en el banquillo, declarando ante el Tribunal Supremo de Los Ángeles, para que se dirima su posible responsabilidad, y el alcance de la misma, en la depresión de una menor adicta a su red social. Esta es solo la primera de cientos de demandas judiciales que se han presentado en California y otros Estados de EEUU y que se verán en los próximos meses, para decidir si esas redes son responsables o no de los problemas de adicción, depresión, suicidio y demás desdichas de miles de usuarios.

Australia, Francia, Dinamarca, Grecia, Gran Bretaña y Turquía han tomado ya sus primeras medidas para proteger a los menores de edad, combatir los abusos y desmentir los infundios interesados que difunden estas autopistas de la información y la desinformación trufadas de bots, de publicistas políticos encubiertos y de psicópatas protegidos por el anonimato y los alias.

La prensa europea y norteamericana debate qué se puede hacer. Ayer, por ejemplo, leíamos en el Financial Times, a propósito de las medidas del Gobierno británico para regular el uso de las redes sociales: «El problema de centrar la atención en los jóvenes en las nuevas propuestas de seguridad en línea de Starmer es la falta de salvaguardias en Internet una vez que alguien supera los 16 años. Nadie que haya tenido que revisar fotos de atrocidades sale ileso y, sin embargo, ahora estas imágenes circulan libremente en línea. La pornografía violenta y las imágenes sexualizadas de menores, incluso aquellas producidas artificialmente, no solo son perjudiciales para los niños: lo son porque fomentan expectativas y comportamientos dañinos en los adultos. Para demasiados políticos, prohibir a los jóvenes el uso de redes sociales es simplemente una distracción reconfortante frente a nuestra incapacidad colectiva de protegernos».

La CE tiene ya un organismo dedicado a estudiar las medidas de control de este nuevo salvaje Oeste. Se acaba la edad de la inocencia frente a una novedad tecnológica que inicial y supuestamente era tan prometedora de ampliar los límites de la libertad y el intercambio de inocuas ternezas y naderías, como ya expuse aquí en THE OBJECTIVE hace un par de semanas. (Quizá no con la claridad meridiana que el lector merece. Supongo que sabrá excusarme, entenderá que quelquefois on a aussi d’autres chats à fouetter. Dirijo un circo, y los enanos me crecen y se multiplican).

Entre los Gobiernos europeos más combativos contra la plaga, al menos retóricamente, está el de España, cuyo presidente, Pedro Sánchez, hace campaña en los foros internacionales por responsabilizar penalmente a los magnates que las gestionan y programan por los perjuicios que causan.

«Musk insta a los españoles a que nos demos cuenta de que nuestro presidente es literalmente un ‘traidor’»

Una derivada inesperada de este conflicto internacional es que ha despertado en el señor Elon Musk, patrón de X, antes Twitter, no solo una tremenda animadversión contra Sánchez, sino, a partir de ahí, un vivo interés crítico por la política española. Le quita el sueño, quién iba a imaginarlo. La reciente legalización de cientos de miles de inmigrantes, por ejemplo, le parece una iniciativa criminal (mientras que lo que hacen en su país le parece angélico), e insta a los españoles a que nos demos cuenta de que nuestro presidente es literalmente un «traidor», y a que sea detenido.

Como futurible, esto último no es absolutamente descartable. Ahora bien, considerando que últimamente el presidente de los Estados Unidos, el inefable Donald Trump, ha restaurado sus deterioradas relaciones con Musk, y que considera las empresas tecnológicas de Silicon Valley poco menos que como un brazo intelectual del Ejército de su gran nación, cuyos intereses se siente obligado a defender a cualquier precio, amenazando con sus queridos aranceles a cualquiera que les ponga un pero, si yo fuera Sánchez no las tendría todas conmigo.

Cualquier noche de estas pueden aterrizar en los jardines de la Moncloa unos cuantos helicópteros llenos de marines, para «extraer» al traidor, y no cuenta para defenderle ni siquiera con los treintaitantos guardaespaldas cubanos que «causaron baja» en la «extracción» de Maduro. Solo con unos cuantos asesores, y es gente de letras, desvelada, sí, pero no muy belicosa.

Es hora de los grandes remedios. Hora de rescatar de Bruselas al gran Idafe Martín y volver a nombrarle asesor, para que patrulle de noche por los jardines de Moncloa, listo para defender la libertad de nuestro presidente con sus uñitas.

Publicidad