The Objective
Félix de Azúa

Porque no saben lo que hacen

«La disputa sobre la sumisión islámica de las mujeres ha puesto en evidencia la hipocresía, el cinismo y lo que entienden por libertad el Gobierno y sus amigos»

Opinión
Porque no saben lo que hacen

Ilustración generada mediante IA.

La disputa sobre la sumisión islámica de las mujeres figura entre lo más interesante que ha producido este país, tan creativo en sus ideas políticas, admiración de nuestros primos europeos e inacabable motivo de risa entre los mismos. Ya sé que todo el mundo lo ha comentado, pero no puedo dejarlo pasar: es de las veces en que el Gobierno ha puesto más en evidencia su hipocresía y su cinismo.

Para cualquier persona sensata es de todo punto repugnante que las mujeres deban ir metidas en unos sacos negros o de colorines, de los que solo salen a la luz sus ojos, cuando los hay. Bueno, pues la izquierda y la ultraizquierda han decidido que esa es una expresión de libertad. Lo cual permite entender a la perfección qué es lo que esa gente entiende por «libertad».

Creo que todo el mundo sabe que hay aficionados al sexo sadomaso. Se cuelgan boca abajo del techo, se atizan palizas, se flagelan, se visten con cuero negro ornado de cadenas y otros caprichos perfectamente entretenidos. Nadie les reprocha nada, claro, porque suelen practicarlo en sus casas o en locales adaptados, pero sería bonito que de pronto se pusieran a ejercer su sexualidad en plena calle porque Dios así se lo ordena.

Pues eso es el burka, el niqab, el velo y otras barbaridades que algunos varones islámicos imponen a sus mujeres porque, dicen, quieren evitar el deseo pecaminoso de los restantes hombres y mujeres. De ese modo evitan la condenación (ajena) y guardan la honra de sus señoras, que deben ser de armas tomar. En cambio, no hay casos de mujeres islámicas que disfracen a sus maridos como estufas para evitar que los deseen otras mujeres y otros hombres. El capricho del sepulcro viviente femenino es un asunto que solo atañe a los machos.

¿Se imaginan que una religión impusiera a los varones llevar a las mujeres atadas con correa por la calle, como si fueran perros, para destacar la fidelidad de las mismas exigida por el señor obispo? Seguramente les diríamos que lo hagan en su casa, pero que no las paseen por la calle porque serán inmediatamente detenidos. Eso es así para cualquier persona con cerebro, pero la izquierda socialista y la ultraizquierda chiflada dirían que ni hablar, que eso es una muestra de libertad y que debemos respetar la constitución.

«Es evidente que llevar a las mujeres encerradas en unas prisiones de trapo no tiene nada que ver con la religión»

Es evidente para todo el mundo normal que el antojo de llevar a las mujeres encerradas en unas prisiones de trapo es un asunto que no tiene nada que ver con la religión. Ni lo manda el islam, ni está en el Corán, ni pertenece a ninguna autoridad religiosa. Es una imposición de algunas sociedades y sectas perfectamente arcaicas y canallescas, y por lo tanto responsabilidad personal de los hombres que lo ejercen a la vista del público libre.

Apelar a la religión, a la libertad, a la Constitución y al sursum corda, como están haciendo los socialistas y sus amigos de Gobierno, es una inmundicia y viene al pelo para dejar por completo claro cuál es el código moral de esa caterva. Sobre todo, de las mujeres que gobiernan, que son muchedumbre y juran defender el feminismo. Pues dado ese feminismo, será mejor volver al machismo porque un hombre racional jamás abusaría de la debilidad femenina como hacen esos bárbaros.

Todo ello sin mencionar que Irán ha financiado a amigos de Sánchez, cuyo modelo es el lucero de Galapagar, y aún no sabemos las suciedades que ha intercambiado el señor presidente con Marruecos. Ante declaraciones como las que estamos oyendo (y dejando a salvo al pobre Patxi, que es que no da más de sí), nos viene a la memoria aquella frase inmortal: del mismo modo que el manzano da manzanas, el idiota da idioteces. A veces peligrosas.

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