The Objective
Antonio Caño

Un tal Emilio Delgado

«La izquierda está condenada a su extinción si no corrige a fondo sus políticas de los últimos años y cambia de líderes»

Opinión
Un tal Emilio Delgado

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián; la periodista Sarah Santaolalla y el diputado de Más Madrid en la Asamblea de Madrid, Emilio Delgado. | EP

La prueba más reveladora del estado miserable en que se encuentra la izquierda en España es que sus últimas celebraciones y las que confía tener en el futuro inmediato no son por los méritos propios, sino por los éxitos de Vox. A más Vox, menos PP, y eso en algún momento hará reaccionar al electorado y volverá al PSOE. Este ridículo cálculo es el que aún mantiene ilusionados a algunos en la izquierda que se niegan a aceptar que son sus propios errores los que han hundido y quizá para mucho tiempo lo que hipócritamente llaman políticas progresistas.

Confieso que nunca había oído hablar de Emilio Delgado, el hombre que acompañó al mucho más popular Gabriel Rufián en el acto del que tanto se habló —en los medios, dudo que en la calle— la semana pasada en Madrid. Tuvieron especial eco las palabras del primero sobre la inseguridad en los barrios humildes y el peligro que eso representaba para las familias trabajadoras. En mi opinión, la importancia de esas palabras no tiene tanto que ver con su verdadera trascendencia, puesto que después de todo no es más que el comentario de alguien sin peso real en la política, sino porque es la primera vez que un representante de la izquierda apunta a algo parecido a una rectificación.

Y ese es, sin duda, el único camino posible para recuperar la credibilidad: corregir los reiterados despropósitos cometidos en los últimos años. La culpa del declive del PSOE y de la izquierda no es del capitalismo tecnológico, ni de los banqueros con puro, ni de las eléctricas, ni de la máquina del fango, ni de la fachosfera, ni de nadie ni nada a los que Pedro Sánchez y sus secuaces han culpado en los últimos años. La culpa es de ellos mismos por sus mentiras, sus vergonzosos pactos y sus abusos de poder, que tratan de tapar mediante un liderazgo despótico y autoritario.

Quizá sin quererlo, Emilio Delgado señaló el camino: lo primero es preguntarse qué hemos hecho mal —lo que tiene una respuesta fácil— y a continuación, tratar de corregirlo. Para eso se requiere un debate democrático y libre que es imposible que se produzca con Sánchez. El secretario general del PSOE únicamente está interesado en salvar su cabeza y continuar en el poder; si es posible al mando de la nación y, si no, al frente del partido. Para ello no solo no va a enmendar los errores cometidos, sino que va a profundizar en ellos. Va a incrementar la polarización hasta extremos impensables. Sabe que no puede ganar las elecciones y su objetivo es que no las gane nadie, que el país caiga en el desgobierno y el enfrentamiento.

Vox será probablemente el gran beneficiado por esa estrategia. España se encamina hacia un escenario más que probable de más de 210 diputados de la derecha, con una determinante presencia de Vox, lo que seguramente tendrá un fuerte impacto en nuestro sistema político. 

Nada de eso le preocupa a Sánchez, pero debería de ser motivo suficiente para que reaccionaran todos aquellos que creen preciso mantener el actual equilibrio de izquierda y derecha. España no va a mejorar necesariamente cuando se produzca el cambio del péndulo que se avecina, como cree la derecha trumpista. Nuestra historia reciente demuestra que únicamente avanzamos cuando izquierda y derecha se encuentran en posiciones centristas, todavía representativas de una mayoría de la población española.

Es obligación, por tanto, de la izquierda contribuir desde su lado a esa misión. La izquierda no puede conformarse con aplaudir los éxitos de Vox como el mal aficionado al fútbol al que le basta celebrar las derrotas de su máximo rival. Ni puede seguir buscando excusas para evitar hacer frente a lo evidente. La izquierda española no puede hoy intentar reconectar con los ciudadanos si no corrige profundamente sus políticas actuales. Para hacerlo, hay que empezar por la sustitución de los principales responsables de que se haya caído tan bajo. La sociedad española hace tiempo que lo demuestra cada vez que se le pregunta por su rechazo a Podemos, a Sumar y todo lo que propone la extrema izquierda. Con la misma claridad se ha pronunciado en las últimas citas electorales contra Pedro Sánchez y lo seguirá haciendo en el futuro. Ahora hace falta que alguien se decida a decirlo en público, como tímidamente parecía sugerir un tal Emilio Delgado.

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