The Objective
Jorge Vilches

Bloqueos de Vox y líneas rojas sanchistas

«Ya está bien de titiriteros que, a un lado y otro del espectro político, solo sirven para crear problemas y no para solucionarlos»

Opinión
Bloqueos de Vox y líneas rojas sanchistas

Ilustración generada mediante IA.

Así está la política española: unos ponen líneas rojas para excluir a los partidos de la derecha y otros se dedican a bloquear las instituciones. Vivimos entre odiadores y filibusteros. Sánchez fue el hombre del «no es no». Tuvieron que echarlo para que el PSOE se abstuviera y gobernara Rajoy. Incluso el tipo, maestro de la farsa, dejó su escaño para no verse involucrado con los socialistas que facilitaban la gobernación y daban estabilidad al país. El rédito de la impostura fue importante porque la militancia de su partido vio en él a un hombre firme y con convicciones. Su estrategia de bloqueo se tradujo en la alianza con la extrema izquierda y los independentistas. No inventó nada: tomó la idea de su maestro, Zapatero, que ya había inaugurado esa senda con el Pacto del Tinell.

Esta política irresponsable no ha tenido para el PSOE una repercusión negativa en las urnas porque encaja en el marco emocional de su votante y en el espíritu autoritario que lo anima. Me refiero a su preferencia por pactar con terroristas y golpistas que odian a España y a su Constitución antes que con la derecha constitucional. Sánchez ha triunfado con una política emocional basada en las líneas rojas a la derecha y el bloqueo institucional.

Vox ha ido a la zaga. En un escenario polarizado y emocional, marcado por cuestiones globales, ha preferido el bloqueo institucional como reclamo electoral. La más mínima colaboración con el sistema era interpretada por su electorado como una contradicción. Por eso decidió salir de los gobiernos autonómicos y municipales aunque supusiera ingobernabilidad y bloqueo. Los españoles pagaron el precio del éxito de esa estrategia electoral, porque en su patriotismo pesaron más los votos que unas políticas capaces de mejorar la vida de la gente.

Podía esperarse este comportamiento de un progresista, que considera que la nación es una realidad discutida y discutible. Era previsible en izquierdistas convencidos de que avanzar en la descomposición del sistema y en la pobreza puede proporcionar un rédito político mediante la creación de una red clientelar. No extraña en quienes, como los socialistas, viven de enfrentar a la gente con las identidades posmodernas de razas, género y sexualidad.

Sin embargo, resulta contradictorio y enormemente chocante este filibusterismo irresponsable en quienes aseguran ser los únicos defensores de la patria. Dejar colgada a la mayoría aplastante de españoles —los que no votan a Vox— porque tres asesores sostienen que el bloqueo da más votos resulta indigno y cobarde. Flaco servicio se hace a la nación que se dice representar y defender si uno se esconde cuando toca sentarse a negociar. Más aún: es propio de mentirosos asegurar que el gran problema de España, el más urgente, es sacar a Sánchez y el sanchismo de las instituciones, para después impedir los gobiernos de la oposición. Me parece incluso desperdiciar una oportunidad histórica el mantenerse al margen de la gobernanza solo por arañar unos votos.

«La derecha antisistema que representa Vox tiene un límite, y no solo electoral: también lo tiene en la estabilidad de la democracia»

La derecha antisistema que representa Vox tiene un límite, y no solo electoral: también lo tiene en la estabilidad de la democracia y en la responsabilidad hacia los españoles de hoy y de mañana. Muchos electores de la derecha han percibido ya que no tiene sentido apoyar a un partido que solo utiliza su representación para vivir de las instituciones, pero no para servir a las instituciones. ¿De qué sirve votar en tiempos de crisis a quien no hace nada salvo quejarse y negarse a arrimar el hombro?

Ahora los de Vox —no su militancia, sino la oligarquía tiránica que los conduce— anuncian que van a negociar con el PP los gobiernos autonómicos. Veremos si tanta arrogancia, odio y valentía impostada dan paso a la responsabilidad y al verdadero patriotismo. La gente quiere gobiernos que no sean títeres de los intereses personales de Sánchez ni de nadie más, sino que miren por el bienestar de sus conciudadanos.

Por tanto, ha llegado la hora de que tanta chaqueta verde oliva de quien no hizo la mili y tanta banderita se traduzca en trabajo para los españoles. Toca mojarse sin guardar la ropa, arriesgarse a gobernar, e incluso a fallar. Ya está bien de titiriteros que, a un lado y otro del espectro político, solo sirven para crear problemas y no para solucionarlos. No olvidemos que viven muy bien de nuestros impuestos.

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