Leer a Castilla y León
«El PSOE ha absorbido electoralmente a sus socios de Sumar-Izquierda Unida y de Unidas Podemos, que han perdido toda su representación parlamentaria»

Ilustración generada mediante IA.
A la hora de analizar los resultados de las elecciones autonómicas del domingo pasado, hay que poner el foco en lo expresado por los electores en las urnas, después de superar el trance, a veces engañoso, de las encuestas. Lo han sido las de Castilla y León, que habían predicho unos resultados ligeramente peores para el PP y el PSOE y notablemente mejores para Vox de los realmente obtenidos.
Populares y socialistas han sacado dos escaños más de los que alcanzaron en 2022. Y más de lo que les atribuían las encuestas, que en el caso del PP le atribuían entre 30 y 32 escaños (tenía 31), al PSOE entre 25 y 27 (tenía 28). Vox se veía claramente beneficiado por las demoscopias que le auguraban entre 17 y 19 procuradores, lo que suponía una mejora de 4 a 6, frente a los 13 que tuvo la anterior legislatura.
El PSOE, dada su trayectoria descendente, ha celebrado esos dos escaños nuevos como si fueran una victoria, aunque una mirada más exigente revelaría que esa conclusión tiene algo de engañosa. El PP ha aventajado al PSOE en 59.000 votos frente a los 17.000 que le sacó en 2022. Si miramos los resultados por bloques, que es como Sánchez acostumbra a examinar los resultados desde la moción de censura, el PSOE con Sumar y Podemos ha obtenido el 30,74%, mientras el PP en solitario alcanzaba el 35,47%. Otra forma de verlo es que en las 12 elecciones autonómicas celebradas en Castilla y León desde 1983, las del domingo fueron las undécimas en resultados para el PSOE, con el 33,6%, solo empeoradas por las de 2011, en las que sacó el 33,3%.
Cualquier observador desapasionado podría considerar que no es un mal resultado haber conseguido dos escaños más en medio de la tormenta perfecta en la que está envuelto el sanchismo, entre la corrupción que afecta al presidente del Ejecutivo, desde su Gobierno a su partido y a su propia familia, con su esposa encausada por cinco delitos y su hermano por cuatro. Sin embargo, hay que considerar que el PSOE ha absorbido electoralmente a sus socios de Sumar-Izquierda Unida y de Unidas Podemos, que han perdido toda su representación parlamentaria. Especialmente significativa es la debacle de Podemos, que ha perdido su condición de partido parlamentario en once Comunidades Autónomas: Galicia, Cantabria, País Vasco, Cataluña, Aragón, Madrid, Comunidad Valenciana, Baleares, Castilla-La Mancha, Canarias y Castilla y León.
El choque de Vox con sus propias expectativas tal vez lleve a la dirección del partido, es decir, a Santiago Abascal, a la idea de que no se puede desafiar a los elementos de manera sostenida, que su actitud bloqueó la constitución de gobiernos en Extremadura y Aragón y la que se preveía para Castilla y León no era una llamada al voto especialmente ilusionante para su clientela potencial. Eso, por no hablar de las purgas que se han cobrado a buena parte de los fundadores del partido y que solo en las últimas semanas han sido Ortega Smith y el dirigente murciano Antelo. Las querellas internas tampoco son un eficaz reclamo para el voto.
«Los votantes de Vox tienen un empeño muy especial en quitarse de encima la sombra ominosa de Pedro Sánchez»
Un principio elemental del sistema democrático y representativo en que vivimos consiste en que los ciudadanos votan al partido que más les atrae (o al que menos asco les da) para que les represente en las instituciones, en los Gobiernos y en los parlamentos, no para que les boicoteen. Otro asunto no menos importante es que los votantes de Vox tienen un empeño muy especial en quitarse de encima la sombra ominosa de Pedro Sánchez, su primer objetivo político, podríamos decir. Sostener que el PP y el PSOE vienen a ser lo mismo para sostener argumentalmente el bloqueo a la formación de los Gobiernos de derechas es una posición en la que una parte de su electorado no les va a seguir en semejantes virguerías conceptuales.
Vox debería hacer valer sus resultados, que no son desdeñables, aunque siempre en un criterio conducido por la prudencia. Sus líderes, o sea, Santiago Abascal, deberían mirar los resultados del domingo y con ellos a la vista considerar que su conclusión de que los ciudadanos habían pedido «el doble de Vox» no era una valoración muy precisa.