The Objective
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El efecto Tezanos

Lo del abuso del CIS es otro plagio que Tezanos hizo del antaño ‘lehendakari’ Ibarretxe

El efecto Tezanos

José Félix Tezanos. | Archivo

Uno de los asuntos más llamativos de la opinión pública y del trato que el poder político le dispensa es, en mi opinión, qué pensará Alfonso Guerra de un tipo como José Félix Tezanos, al que uno recuerda de viejos tiempos, no demasiado felices, aunque más esperanzadores. Tezanos era para los conocedores un guerrista acérrimo. Pues pensará quizá que los guerristas acérrimos de antaño se han transformado en sanchistas empecinados de hoy en día, sin cambio en la sustancia moral que les informa. Corruptos lo fueron siempre.

Tengo escrito que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que pastorea este sujeto no tiene como objetivo social el de reflejar los deseos políticos de los ciudadanos para que el Gobierno se oriente hacia su satisfacción en la medida de sus posibilidades, sino el de inducir esos deseos, transformarlos en voluntad política mediante los votos.

La última de este tipo ha sido escribir en Temas para el debate, la revista que le puso Guerra en las postrimerías del felipismo, que la emergencia del trumpismo «recuerda demasiado a la forma en que Hitler y sus camisas pardas llegaron al poder en Alemania en 1933». La analogía parece que le gusta, porque en otro lugar dice que Trump financia a partidos con los mismos enfoques (Vox y el PP) «y cómo cada vez se parece más a lo que fueron —e hicieron— Hitler y Mussolini en Europa en las primeras décadas del siglo XX». Es preciso recordar que en diciembre de 2023, Pedro Sánchez ya se había revolcado en esa analogía para apuntar simpatías nazis en el presidente del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, un amigo para siempre.

Vamos a lo de la corrupción. Tezanos tiene una nuera que se llama Ainhoa Quiñones Montellano, que ha sido concejal de los Ayuntamientos de Piélagos desde 2011 y de Santander entre 2019 y 2020, siendo a partir de este año delegada del Gobierno en Cantabria. Mujer previsora, solicitó que se aprobase una plaza de profesor contratado doctor (régimen laboral fijo) en el Área de Organización de Empresas en el Departamento de Administración de Empresas de la Universidad de Cantabria. Tal como contó THE OBJECTIVE, fue el primer paso para adjudicársela ella.

Lamentablemente, Tezanos no fue un innovador. Pasa muy a menudo que en las mejores ideas se difumina el copyright: calculen la frustración que deben de sentir los tíos que le plagiaron a Sánchez su tesis doctoral, al comprobar que no se les reconocía en ningún párrafo plagiado. Si al menos les hubiese dedicado un parrafito en el prólogo, como hizo a modo de agradecimiento por «dar forma literaria» a sus memorias en los dos libros que le escribió.

Lo del abuso del CIS es otro plagio que Tezanos hizo del antaño lehendakari del Gobierno vasco.  Los más viejos del lugar recordarán las mañas sociológicas de las que se valió Juan José Ibarretxe para guiar al pueblo elegido hacia la tierra prometida del soberanismo donde manan ríos de leche y miel: No reflejar opiniones, sino inducirlas. Un suponer, era en diciembre de 2002, en el estreno de este siglo, cuando él se hallaba empecinado en proclamar su buena nueva, reunía, pongamos que a los dirigentes de Confebask y al día siguiente, el Tezanos vasco llamaba por teléfono a 409 empresarios, en su mayoría pequeños. El 80% dirigían empresas con plantillas comprendidas entre 1 y 10 trabajadores.

Planteó uno en aquel entonces la posibilidad de preguntarles cosas como: ¿Está usted satisfecho con el Gobierno vasco? ¿Y con el español? Teniendo en cuenta la violencia, ¿cree que hay que realizar nuevas propuestas o seguir como hasta ahora? ¿Le gustaría que la iniciativa del lehendakari tuviera éxito o que fracasase? Recuerdo haber imaginado entonces que, apenas colgar el teléfono, los encuestados se apresurarían a llamarse unos a otros para repetir la frase que Berlanga y Azcona pusieron en boca de Luis Escobar ante una furgoneta llena de policías antidisturbios con sus cascos, sus escudos y sus fusiles con bocacha para las pelotas de goma: «Acojonan, ¿eh?».

La encuesta Juan Josué me permitió enterarme de que los empresarios vascos eran la vanguardia del soberanismo en Euskadi, más partidarios de la autodeterminación que sus paisanos, que aspiran a un poder judicial propio, un marco propio de relaciones laborales, gestionar lo nuestro en exclusiva. Es de suponer que las madres vascas comentarían entre sí: «Este niño me está saliendo muy abertzale. Parece que va para empresario».

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