Abusos de la historia
«Todo este asunto parece cada vez más una medida coreografía diplomática que culminará en una hortera petición de perdón por parte del Gobierno»

Ilustración generada mediante IA.
Ya le hubiera gustado a Cristóbal Colón que el descubrimiento de América hubiera tenido la mitad de la repercusión que las palabras de Felipe VI ayer. Sí, el monarca habló de «abusos» en la Conquista, que es como hablar de disparos en la Segunda Guerra Mundial o de papiros en la biblioteca de Alejandría.
Pero algunos periódicos decidieron que tan trascendental declaración merecía una portada a cuatro columnas. Otros, como Claudia Sheinbaum, se mostraron insatisfechos y condescendientes: «No era todo lo que hubiéramos querido». Los más se mostraron furiosos. Hermann Tertsch, henchido cual cacique totonaca, corrió a alabar la «colosal y gloriosa obra de España». Y la ultraderecha, claro, que cual horda de fieros chichimecas se lanzaron en tromba a pedir la cabeza del monarca (¿es posible que en este país ya haya más republicanos de derechas que de izquierdas?).
En realidad, la declaración de Felipe VI sobre la Conquista de México fue bastante razonable. No habló de perdón, ni de arrepentimiento, ni de demás inventos cristianos que nada tienen que ver con la historia, sino de «mucho abuso», porque lo hubo, así como de «controversias morales y éticas», que también las hubo. Incluso nos encandiló un poco a los historiadores criticando el habitual «presentismo» sobre el pasado.
Que hubo abusos, se sabe de siempre. De hecho, el cliché del conquistador abusón y violento es, antes que nada, español, con esa envidia tan habitual de los peninsulares hacia los indianos. Quevedo dirá: «¡Ved qué valientes! A robar oro y a inquietar los pueblos apartados». Y Bernal Díaz del Castillo, bien americano él, se quejó a Carlos V de que, cuando trataba con funcionarios reales, estos le solían increpar: «¿Quién os mandó venir a conquistar? ¿Mandoos Su Majestad? Mostrad su carta, andad, que basta lo que habéis robado».
«Puestos a reconocer errores, hago al Gobierno español una propuesta: empezad por Cuba»
Por lo demás, tanto quienes ansían arrepentirse, y que van por los congresos de historia como por el camino de Canossa, como los que alaban la «colosal y gloriosa obra de España», no están tan alejados, son nacionalistas a su manera, y no buscan comprender la historia, sino identificarse con ella, y si les sirve para sus pequeños dramas e inseguridad del presente, mejor que mejor.
Lo peor es que todo este asunto se va pareciendo cada vez más a una medida coreografía diplomática que nos encamina a que en algún momento —en el momento que más beneficie a Pedro Sánchez, quiero decir— todo culmine en una hortera y extática petición oficial de perdón por parte del Gobierno español. Un ejemplo más de la supeditación de toda política (así como de la historia) al interés político y al redituable ejercicio de polarizar.
Puestos a asumir responsabilidades históricas, puestos a reconocer errores, hago al Gobierno español una propuesta: empezad por Cuba. Esta sí, sin lugar a dudas, colonia española. Y no hace tanto. Con una similar historia de violencia, en el pasado, por supuesto, pero también en el presente, ahora mismo. Asumir responsabilidades en Cuba, mediada, no por Trump, sino por todos los cubanos que viven en España y que también luchan hoy en la isla. Una Cuba insistentemente olvidada por una opinión pública que o prefiere mirar lejos —a Irán o a Palestina— o revivir manidas disputas de hace 500 años.