A la izquierda del padre Sánchez
«La salida más honrosa para los políticos de extrema izquierda es que ingresen en esa empresa de colocación que se llama PSOE. Ideológicamente ya no hay diferencia»

Ilustración generada mediante IA.
Sánchez ha convertido el PSOE en un partido de extrema izquierda. El sanchismo ha asumido el guerracivilismo, las diatribas contra los «ricos» y la élite tecnológica, el apoyo a las dictaduras izquierdistas, el desprecio a la monarquía y a las Cortes, el cuestionamiento de la nación española y de la unidad del país, y la fea costumbre de hablar en nombre del pueblo cuando no representa nada más que a una minoría hiperventilada.
De hecho, este PSOE sobrevive por la transferencia de votos de los partidos de la extrema izquierda. Esta tendencia se inició en 2018 en Andalucía, y ahora se ha extendido al resto de España, como hemos visto en las últimas elecciones en Castilla y León. El porcentaje de votantes que el PSOE pierde por un ataque de alipori ante la corrupción y la negligencia, lo gana por el apoyo de los dogmáticos izquierdistas. Y es que ven en Sánchez a un mejor defensor de los ideales totalitarios del socialismo que a los sucedáneos de Pablo Iglesias y compañía.
La jugada ha sido perfecta. Sánchez sabe que no hay nada que guste más a un comunista que la moqueta y el coche oficial, la casa de lujo y uno de esos cargos de los que se vive como un millonario sin trabajar. Véanse los periplos vergonzosos de Yolanda Díaz, que se fue a Hollywood mientras los suyos desaparecían en los comicios castellanoleoneses. Además, el Puto Amo supo que los partidos de la extrema izquierda tienen dos tipos preferentes de dirigentes: los pijos formados en universidades privadas, como Bustinduy, que no sirven para la política, y los que entienden que si salen del Gobierno jamás se verán en otra igual, como Mónica García. Entre medias están los que fingen algo pero no son nada, al estilo de Yolanda Díaz y Urtasun, y aquellos que siguen las formas insultantes y soeces de Iglesias, como son Belarra y Montero. Con esos prototipos tan flojos y sin tirón, era muy fácil para Sánchez hacerse con el voto de la extrema izquierda.
En otros tiempos, todo este conjunto circense que cobra mucho más allá de su valor, hablaría sin tapujos de unirse para apoyar al PSOE en su supuesto giro a la izquierda. Pero hay que reconocer que Sánchez ha imposibilitado este discurso porque no hay nada más allá. Lo único que buscan es una nueva organización, una marca o unas siglas que les permitan seguir viviendo de la política. En la elaboración de su programa tirarán de encuestas, como cualquier empresa de producción de comestibles o ropa, con tal de conseguir los votos suficientes. Su punto fuerte —o eso creen— es hacer hincapié en el tema de la vivienda de los jóvenes, pero sus soluciones expropiatorias y de okupación, incluso de congelación de los alquileres, no son suficientes o se ven como inútiles.
«Yolanda Díaz ha sido siempre un bluf, desde el primer día como política en Galicia»
Estos grupúsculos quieren sentarse a la izquierda del padre Sánchez, pero les falta espacio, como se ha visto, y resolver sus grandes problemas. Tienen una gran crisis de liderazgo. Yolanda Díaz ha sido siempre un bluf, desde el primer día como política en Galicia. Lo ha disimulado desde entonces hasta que su nadería ha sido indisimulable. De hecho, los batacazos en las urnas, que le han perseguido desde que empezó en el PCE, han sido la prueba definitiva de que no sirve. Además, se ha rodeado de gente inservible, como Bustinduy, Urtasun y Mónica García. Ninguno de estos puede suceder a Díaz ni en la cola del pan. Lo mismo ocurre con Podemos, donde las niñas de la curva caen mal, hacen espantosos discursos y propuestas ridículas que no llegan a nadie. No en vano, han dejado a Podemos sin representación en 11 comunidades autónomas, más Ceuta y Melilla.
En realidad, la salida más honrosa para todos estos —si es que cabe la honra en quien desprecia el marco constitucional del que vive por encima de su valía— es que ingresen en esa empresa de colocación que se llama PSOE. Ideológicamente, ya no hay diferencia entre este partido y los que flotan a su izquierda. El discurso es el mismo. Sánchez ha asumido mucho mejor el método estalinista de gobierno interno de la organización que Iglesias o que cualquiera de Izquierda Unida.
Es más, Sánchez tiene más redaños para proclamar una Tercera República revolucionaria de ajuste de cuentas que Rufián. Estoy convencido, incluso, de que en un debate entre Sánchez y los dirigentes de esos minúsculos partidos, ellos acabarían pareciendo miembros de Nuevas Generaciones del PP. Mi consejo a todos ellos, por ende, es que se busquen otro empleo fuera de la política, en un chiringuito internacional donde no se dé ni chapa, como Miquel Iceta, o que ingresen en el PSOE y a vivir, que son dos días.