The Objective
Félix de Azúa

Otra resurrección

«En España triunfa y seguirá triunfando el espectáculo religioso, estatal y romano, que no tiene la menor relación con la religión cristiana seria»

Opinión
Otra resurrección

Ilustración de Alejandra Svriz.

Hace ya varios meses que se van acumulando noticias sobre un regreso del cristianismo y nadie sabe cómo ha sido. Empezó, si no recuerdo mal, con noticias sobre jóvenes abrazando la fe de un modo masivo, lo cual es estupendo si se considera lo que nosotros abrazamos, o nos pinchamos, en nuestra juventud. Ahora bien, eran noticias, es decir, novedades, opiniones de periodistas o de agencias, o de entes de la comunicación y propaganda, de mercaderes. ¿Quién se puede fiar de ellos en un asunto como este?

Fue lo segundo, si no lo tengo desordenado, el concierto de una de las cantantes más reconocidas de España, la señora Rosalía, con profusión de símbolos y letras de apariencia cristiana, en una renovación de Madonna, pero con mayor talento musical. Ha tenido mucho éxito y debemos felicitar a los publicistas que la conducen hacia el triunfo mundial.

Lo tercero es más serio. Han aparecido en los últimos meses algunos estudios insólitos en el panorama español, como el de Piñero y Alonso. Son ensayos sobre lo cristiano y sobre todo acerca de sus orígenes, un tipo de estudio que antes estaba reservado a los países nórdicos. Como es bien sabido, en España el cristianismo serio ha tenido poca influencia. La religión española es sobre todo romana y eclesiástica, es decir, litúrgica y estatal. Más procesional que erudita.

El pensamiento cristiano, por lo menos a partir de Hegel, ha sido asunto de linaje luterano o reformista. Ya recuerdan ustedes que fue Hegel quien escribió que la religión cristiana había concluido su tarea y que a partir de Lutero comenzaba una etapa más espiritual que litúrgica, más individual que eclesiástica. Venía a decir que el cristianismo romano, el de Constantino, ya no tenía sentido, aunque perviviera como religión de Estado.

También afirmó que, a partir de Lutero y la Reforma, se iniciaba la filosofía de la religión, el cristianismo serio, ya que todos y cada cual podían interpretar la Biblia y las escrituras sagradas por sí mismos, sin refuerzos externos, de modo que cualquier grupo de personas interesadas por el cristianismo podía fundar uno nuevo, más adecuado a su manera de entenderlo. De ahí la profusión de sectas y movimientos más o menos cristianos, desde los mormones a los baptistas, o los miembros de comunidades que se dicen testigos de Jehová, del Séptimo Día, y similares.

«Desde la Reforma no ha sido España el lugar de origen de los grandes pensadores cristianos»

El cristianismo filosófico es algo más serio y poco afín al carácter secular de los españoles. En España triunfa y seguirá triunfando el espectáculo religioso, estatal y romano, que no tiene la menor relación con la religión cristiana seria. En realidad, sí que tiene una relación: el sentimentalismo y el culto a la emoción, pero desde la Reforma no ha sido España el lugar de origen de los grandes pensadores cristianos. Ha habido, eso sí, arte cristiano, evidentemente, pero tampoco el arte cristiano tiene mucha relación con la religión cristiana seria, excepto por la iconografía y el simbolismo, es decir, el relato, la novela, pero son dos universos paralelos.

Cristianismo de verdad es lo que se puede leer en Pascal, en Kierkegaard, en Schelling, en Renan, en Newman, en Nietzsche, en Heidegger y así sucesivamente. España, me parece, sólo ha dado al impetuoso Unamuno en ese terreno, pero su original modo de tratar la tragedia de los mortales le separa abismalmente de los pensadores cristianos del norte. Artista sí, sin duda, como fray Luis de Granada o Juan de la Cruz, aunque lejos de Miguel de Molinos.

Así que, resumiendo, resurrección sí, pero de la imperial, la del Estado, por lo menos entre nosotros. Se puede vivir el cristianismo al modo imperial, por el calendario de celebraciones (fastas y nefastas) adoptado por el Estado, o bien reflexionar acerca de un humano que resucitó y un dios que murió. Especulaciones grandiosas.

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