The Objective
Tadeu

La cara oculta de la izquierda (y sobre la Luna)

«Formalizar la alianza de izquierdas implicaría expulsar de una coalición de gobierno a socios incómodos como Partido Nacionalista Vasco o Junts»

Opinión
La cara oculta de la izquierda (y sobre la Luna)

Ilustración de Alejandra Svriz.

La escena en la Universidad Pompeu Fabra (¡si levantara cabeza el filólogo!) tuvo algo de farsa con pretensiones de historia: el charnego Rufián, acompañado de la musa Irene Montero y de un Xavier Domènech jubilado entregado a la hipérbole, repartiendo títulos como quien reparte café: ella, nueva Dolores Ibárruri; él, un Maximilien Robespierre de proximidad. La izquierda española, cuando se mira al espejo, siempre se ve en sepia.

Pero la reunión no era inocua: segundo intento con público y medios de vestir con retórica, lo que no deja de ser aritmética. Evitar la dispersión del voto al este de Ferraz en territorios donde mandan siglas identitarias —ERC, Bildu, BNG—. La receta: desaparecer donde no se gana y dejar que otros capitalicen. Un repliegue táctico que, con la ayuda de D’Hondt, podría mantener con vida a la fauna declinante de Podemos, Sumar y afines. No es un proyecto: es una estrategia de supervivencia.

El problema no está en la fórmula, sino en el sujeto. El nacionalismo es un narcótico —en sus distintas graduaciones— que no busca gobernar el Estado, sino erosionarlo. Y esa lógica del deterioro permanente no admite bien los abrazos estratégicos. Puede tolerarse —aunque ya chirríe— que en unas europeas se ensaye la promiscuidad con sangre en las manos entre Esquerra Republicana de Cataluña, EH Bildu y Bloque Nacionalista Gallego. Pero otra cosa es pretender un Frente Popular que ni sus propios votantes desean.

Las reacciones han sido elocuentes. El patriarca ortodoxo Oriol Junqueras ha marcado distancias con la sobriedad del religioso; Sumar ha practicado el desdén administrativo; y Emiliano García-Page desde su PSOE Histórico ha puesto la nota de sarcasmo castizo. Cada cual, en definitiva, cuidando su parcela en medio del desconcierto general. Bildu se encoge de hombros, pacifista siempre.

Se invoca el modelo francés, ese milagro de agregación que permitió ganar unas legislativas. Pero aquí la traslación tendría efectos colaterales letales: formalizar la alianza implicaría expulsar de una coalición de gobierno a socios incómodos como Partido Nacionalista Vasco o Junts per Cataluña. Y sin ese nacionalismo de derechas, no hay mayoría posible, ni relato que la sostenga. Ya no valdría el «somos más».

Todo esto habla menos de estrategia que de desorientación. Una izquierda radical consciente de que las encuestas la empujan hacia la irrelevancia, ensayando combinaciones de laboratorio mientras se le acumulan los problemas. Y, entretanto, entre procesos judiciales en torno a Sánchez, con una lógica casi obscena y la implosión que se avecina de Vox, así se las están poniendo a Alberto Núñez Feijóo.

Coda 1) Juicio a las ‘sobrinas’ del PSOE. El juicio en el Supremo es en realidad un proceso al sanchismo. Por el fondo pero sobre todo por las formas. Vendrán los casos Cerdán, Begoña Gómez y del hermano David y más casos Ábalos y más Koldos, y sobrevolará la financiación presumiblemente ilegal del PSOE y el enriquecimiento indebido de Zapatero. Es cierto que el inicio del caso Kitchen aporta algún elemento de paralelismo difuso, pero es un caso en que los protagonistas sí son ni están y ese otro PP ya pagó un alto precio político por su corrupción. Al sanchismo la rendición de cuentas le ha pillado en el poder. (Y no debe olvidarse que la debacle del felipismo fue resultado de la corrupción GAL y fondos reservados). En Andalucía el sismógrafo será de precisión.

Coda 2) Tregua sin futuro. Así no se derriban regímenes, se consolidan en tono menor, véase Venezuela. Un espejismo. Con un plan de paz de diez puntos inaceptable para EEUU y para Israel, no parece probable que vaya más allá de una mera tregua de corto alcance. Sobre todo por parte de Israel.

Lo increíble —incluso en un personaje como Trump, que sería el peor jugador de ajedrez del mundo— e inverosímil es cómo no se garantizó por cualquier medio en su momento el estrecho de Ormuz, que debería estar bajo tutela internacional, con la OTAN e incluyendo a China en la ecuación para mayor seguridad. Todo estaba y está en Ormuz. El juego de la gallina de Trump puede volverlo un pato cojísimo.

Coda 3) Premio royal. Tras la ridícula polémica por el premio francés al libro de memorias de Juan Carlos I, patrocinado por el Parlamento francés, no ha lugar al escándalo. El libro está bien escrito e ilumina al personaje, pero sobre todo a la Transición con la mirada del principal protagonista vivo. El jurado francés, muy profesional, valoró un libro político por el libro, no por el autor, y eso en España cuesta mucho de aceptar, donde en literatura siempre es el quién más que el qué. El libro se escribió en francés a partir de conversaciones en francés con una escritora francesa, Laurence Debray. La ceremonia en la Asamblea (aquí) fue emotiva. 

Lea aquí el sensato discurso traducido al español. Otro paso más en la rehabilitación del rey viejo.

Cuestionario

Hoy entrevistamos a Antonio Talavera Iniesta, astrónomo jubilado, que trabajó en distintos proyectos para INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial) y la ESA (Agencia Espacial Europea, por sus siglas en inglés) en Villafranca del Castillo entre 1983 y 2018.

1) ¿Por qué se ha tardado tanto en volver a la Luna?

Una vez culminado el programa Apolo, no resultaba viable regresar a la Luna en un plazo breve —por ejemplo, dos décadas después—, fundamentalmente por la ausencia de un sistema de lanzamiento equivalente al Saturno V. El desarrollo de un nuevo vector de esas características ha necesitado necesariamente años, incluso décadas. De hecho, el actual programa Artemis, iniciado hace ya tiempo, prevé —en el mejor de los casos— un nuevo alunizaje tripulado hacia 2028. La exploración espacial, especialmente cuando implica misiones tripuladas, está sujeta a ritmos necesariamente lentos. No es solo una cuestión de medios, aunque estos sean determinantes, sino también de planificación, desarrollo tecnológico y garantías de seguridad. 

2) ¿Cómo fue posible llegar hace medio siglo a la Luna?

Durante la década de los sesenta, la llegada a la Luna fue posible gracias a una decisión política clara: el compromiso de Estados Unidos, impulsado por Kennedy, de demostrar su superioridad tecnológica, en el contexto de la Guerra Fría, frente a la Unión Soviética, que llevaba la delantera en la carrera espacial. Este objetivo movilizó recursos prácticamente ilimitados. La complejidad del programa queda patente en el hecho de que no fue hasta el Apolo 11, en 1969, cuando se logró el alunizaje, seguido de varias misiones más hasta 1972, cuando se canceló el programa, probablemente por la consecución de sus objetivos principales y el elevado coste asociado. La tecnología desarrollada no se perdió, pero muchos de los medios específicos, como el Saturno V, dejaron de producirse, lo que dificultó una continuidad inmediata. Lo extraordinario es pensar que en tan pocos años se pudieran lanzar tantos Apolos seguidos y con misiones exitosas y pisando la Luna tantas veces [a fecha de hoy son 14 los humanos los que pusieron un pie en ella, aquí la lista].

 3) ¿De dónde surge este nuevo interés por la Luna con Artemis II?

En la actualidad, el renovado interés por la Luna responde a objetivos distintos, como la posible explotación de recursos o incluso una futura colonización. Esto ha requerido el desarrollo de nuevos sistemas, como el cohete SLS, un equivalente moderno del Saturno. Su puesta en funcionamiento ha exigido años de trabajo, no por falta de conocimiento, sino por la complejidad inherente a estos proyectos. Aunque técnicamente sería posible reproducir tecnologías antiguas —como fabricar hoy un vehículo similar a un Seat 600—, ello carecería de sentido práctico y supondría costes desproporcionados.

Los proyectos espaciales son, en cualquier caso, extraordinariamente complejos y costosos, y estas dificultades se multiplican cuando implican el transporte de seres humanos, cuya seguridad debe garantizarse plenamente. En cierto modo, la situación actual recuerda a la de los años sesenta, aunque con un contexto diferente: la competencia ya no se centra exclusivamente en la supremacía tecnológica, sino también en el acceso y aprovechamiento de posibles recursos lunares, en un escenario marcado por la rivalidad entre Estados Unidos y China, que se ha convertido en el nuevo competidor de EEUU y de Occidente, también en este ámbito.

4) ¿Qué aportarán estos nuevos viajes espaciales a la Luna? ¿Y para cuándo Marte, que Trump y la NASA ya anuncian como el siguiente objetivo?

No se trata hoy simplemente de repetir el hito de 1969. El objetivo es mucho más ambicioso: establecer una presencia sostenida en la Luna en unos años. Esto implica múltiples misiones, una logística compleja y, como he dicho, la identificación y utilización de recursos in situ, lo que aún requiere importantes desarrollos. Por ello, resulta razonable pensar que estos objetivos no serán plenamente viables antes de la próxima década. 

En cuanto a una eventual misión tripulada a Marte, parece difícil situarla antes de mediados del siglo XXI por las enormes dificultades de todo tipo que entraña.

5) ¿Por qué se considera la Luna como un paso previo antes de viajar a Marte?

Porque podría, en efecto, ser un paso intermedio, una estación desde la cual fabricar la nave capaz de llegar a Marte en mejores condiciones que desde la Tierra. O llegar a establecer instalaciones científicas, por ejemplo un telescopio en el suelo lunar. Pero para ello hay que tener la infraestructura necesaria en la Luna. Estamos a décadas de que eso sea siquiera planteable. 

El problema de viajar tan lejos siempre es el mismo: viajar a tales distancias es complejo. No se hace con la mera propulsión, pues eso requeriría de mucha energía, independientemente del combustible, sea gaseoso o iónico en el futuro. No es como en las películas, donde vemos a las naves saltar tranquilamente al hiperespacio con hiperimpulsores como si fueran aviones surcando el cielo.

Piense que para alimentar solo en electricidad la Estación Espacial Internacional (básicamente rusoamericana, y que no parece haber sufrido por el contexto político debido a la guerra en Ucrania) cuyo modulo principal es como un piso con seis habitaciones se necesitan unos paneles de la dimensión de medio campo de fútbol (2.500 metros cuadrados ). Y es solo electricidad de consumo propio y para los experimentos de la estación.

6) ¿Qué dificultades principales hay que superar antes de poder enviar humanos a Marte? ¿En qué plazos realistas sería una misión tripulada a Marte?

Lo de amartizar, el siguiente objetivo, simplemente por ser el planeta más cercano, no demasiado caliente, y con algunas características no del todo alejadas de las de la Tierra, es bastante utópico, por múltiples razones técnicas (dónde obtener el combustible para el regreso, por ejemplo), y otra dificultad no menor que es ir con astronautas, y el problema ético de que fuesen sin poder volver. Hay un video fantástico [aquí una versión corta en español de la versión en inglés] del físico y premio nobel Richard Feynamm (1918-1988) en que explicaba con argumentos algunos de los cuales todavía hoy son válidos acerca de dicha cuasi imposibilidad. Hemos llegado a Marte varias veces y hay varios róvers funcionando allí, como el róver Perseverance de la NASA, o el Mars Sample Return (MSR): una misión conjunta de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) que ha recogido muestras que esperan ser traídas de vuelta a la Tierra en un futuro para su análisis detallado. 

7) ¿Qué tipo de recursos se espera encontrar o utilizar en la Luna o en Marte? 

En la luna se habla mucho del helio-3, se estima que hay cerca de un millón de toneladas de helio-3 en la superficie lunar, un isótopo valioso como combustible potencial para la fusión nuclear limpia. Su valor es incalculable a largo plazo, pero el problema es cómo explotarlo al estar muy disperso por toda la superficie y cómo transportarlo… Y luego estaría la posibilidad de acceder al agua escondida en los polos, y que permitiría, entre otras cosas, aparte de facilitar la presencia humana permanente, el disociar el oxígeno del hidrógeno contenidos en el agua mediante un proceso químico llamado electrólisis y generar así energía limpia, y potencialmente utilizable in situ. Pero hoy por hoy es ciencia-ficción por las dificultades de poner en marcha estos procesos a gran escala. 

En Marte están los minerales raros y preciosos, o el hierro; y el agua del hielo, y, de nuevo, el helio-3, perfecto para la fusión nuclear, pero otro tanto de los mismos: instalar una industria minera en Marte es pura fantasía futurista. Luego está lo de la posibilidad de vida, en formas elementales, no multicelulares, en el planeta rojo, pero eso es otro cantar, aunque apasionante para el campo de la biología espacial.

8) ¿Qué beneficios puede tener para la vida en la Tierra invertir en este tipo de misiones espaciales?

La investigación espacial siempre es útil y acaba teniendo aplicaciones (¡la popularización del velcro sin ir más lejos!) en materiales, en tecnología, robótica, instrumentos de precisión, etc. Pero ciertamente cabe plantearse si es rentable, al igual que ocurre con la investigación básica científica en general. No siempre llegan pronto las aplicaciones, pero la carrera espacial son etapas del conocimiento propias del ser humano y de su condición de ser la especie exploradora por excelencia. De ahí que siga vigente el valor de llevar a personas al espacio, algo que entra dentro de lo simbólico (además de lo político, naturalmente), a pesar de que la mayoría de lo que hace un humano lo haría mejor un robot. Por mucho que esta vez el ojo humano, por ejemplo, haya podido apreciar la cara oculta de la Luna, ya se tenían fotografías de ésta que aportan mucha más información que una visión con el ojo desnudo. Pero mandar personas a explorar el espacio y los planetas es el mejor argumento de marketing para que la población dé por bueno el enorme coste económico de dinero público de la aventura espacial. En Estados Unidos, principalmente, donde ésta se vive como una cuestión de estado, casi existencial. Y nunca haya que olvidar a China, y lo que será capaz de hacer en el futuro. Cuentan con una gran ventaja, cínica si se quiere: la vida humana individual tiene un valor distinto allí. 

9) ¿Y España pinta algo en el espacio?

Está bien posicionada, tanto por su peso en la ESA, la Agencia Espacial Europea (que por cierto ha fabricado el módulo de servicio (ESM) de la nave Orión en este proyecto Artemisa) como en los llamados programas opcionales (satélites, telecomunicaciones, transporte, etc.), algunos de los cuales lidera. Amén de que hay bastantes españoles que, por sus propios méritos, ocupan puestos de responsabilidad en agencias espaciales internacionales.

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