Luis Antonio de Villena

Pedro Sánchez, presidente peculiar

«Las torpezas y tropiezos de Sánchez son enormes, aún concediéndole buena voluntad. Sus socios no son lo que el país necesita, y sólo logran dividir más a la siempre dividida España»

Opinión

Pedro Sánchez, presidente peculiar
Foto: OLIVIER HOSLET| Reuters
Luis Antonio de Villena

Luis Antonio de Villena

Nacido en Madrid en octubre de 1951, Luis Antonio de Villena es licenciado en Filología Románica. Su obra creativa —en verso o prosa— ha sido traducida, individualmente o en antologías, a muchas lenguas, entre ellas, alemán, japonés, italiano, francés, inglés, portugués o húngaro. Ha recibido el Premio Nacional de la Crítica (1981) —poesía— el Premio Azorín de novela (1995), el Premio Internacional Ciudad de Melilla de poesía (1997), el Premio Sonrisa Vertical de narrativa erótica (1999) y el Premio Internacional de Poesía Generación del 27 (2004). En octubre de 2007 recibió el II Premio Internacional de Poesía «Viaje del Parnaso». Desde noviembre de 2004 es doctor 'honoris causa' por la Universidad de Lille (Francia).

A veces (creo que en honor de los muchos años en que fui votante y casi más que simpatizante del PSOE) me pregunto, con la mejor voluntad, qué hay de bueno en Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y secretario general de su partido, aunque me consta que con no escasa disidencia entre algunos notables.

Me digo que si uno oye varios -no pocos- discursos de Sánchez, su tono es moderado, socialdemócrata, como muchos esperamos, aunque luego casi todo parezca quedar en nada, se aferre tanto al Poder, haciendo continuas concesiones a sus socios más radicales, de los que depende para poder gobernar -o continuar siendo Presidente- y sus irregularidades o incluso mentiras sean tantas… Es cierto que la tiene tomada con la presidenta de la Comunidad de Madrid, cierto que dañó a Ciudadanos -aunque Arrimadas se dejó- metiéndolos en tramposas mociones de censura, cierto que trata (o mucho lo parece) de eliminar la división democrática de poderes, queriendo dominar a la judicatura, cierto que lleva muy mal la de suyo conflictiva relación con Marruecos, cierto que dio una imagen patética y tercermundista al buscar veintinueve inútiles segundos en Bruselas con Biden -mejor haber esperado otro momento y haber sido digno representante de su país, sin correr tras el gringo- y cierto, y no agoto los temas, que está rodeado de ministras y ministros torpes. ¿Qué hacen sino incordiar y hablar muchas necedades, Carmen Calvo o la peor Irene Montero? ¿Para qué sirven personajes como el siempre oculto ministro Castells, o el siempre artero y poco creíble Ábalos, al parecer tan querido en Venezuela?

Se suele decir (y mucho) que nuestro Sánchez es ególatra y que está encantado de conocerse a sí mismo, pero ese supuesto narcisismo político casa mal con quien debe de continuo suplicar o mantener el voto de separatistas catalanes o vascos, nacionalistas muy arriscados que hacen gala de desdeñar España -a la que jamás nombran- o de tener que templar gaitas, cada día como quien dice, con los devaluados podemitas cuyo discurso es igual de extremo que el de Vox, pongamos. Queda claro que el «ególatra» Sánchez pasa días y días teniendo que pedir favores a sus variados socios de legislatura. Por todo ello (y repito, no agoto el sumario) somos más cada vez quienes creemos que Sánchez, que es el origen, el primum mobile de todos los bienes o de todos los males, no debe agotar una legislatura tan polémica, tan atípica, tan sostenida por muletas y que nos hace tan débiles. Sánchez debe convocar elecciones generales, para intentar aclarar el panorama, de un lado o de otro, digamos que a fines de este año. Pero sólo lo hará si se encuentra más agobiado de lo que ya está. Los que lo siguen (por fidelidad a una, hoy, muy dudosa «izquierda», que debiera renovarse y mucho) consideran que Sánchez es a diario bombardeado por la derecha de siempre. Pero muchos que no nos sentimos de derechas y nunca lo hemos sido, disentimos abiertamente de la gestión de Sánchez y de su Gobierno. Y no he mencionado la brutal subida del recibo de la luz o del uso político de la pandemia, aunque es verdad que en eso han caído muchos gobiernos del mundo. Resumiendo, las torpezas y tropiezos de Sánchez son enormes, aún concediéndole buena voluntad. Sus socios no son lo que el país necesita, y sólo logran dividir más a la siempre dividida España… No quiero ser pesimista, y hasta puedo decir que Sánchez tiene trazas de buen hombre. Pero, por Hércules, Sánchez convoque elecciones, antes de quedar como el peor presidente de esta democracia. Atentamente.

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