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José Carlos Rodríguez

La convivencia

«En la convivencia, como en la amistad, se necesitan al menos dos partes. Y la otra estaba ausente del Liceu»

Opinión

La convivencia
ALBERT GEA Reuters

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, ha anunciado este lunes la aprobación de los indultos a los líderes del proceso independentista. Lo ha hecho en el Liceu, marco adecuado para un acto propio del teatro. Si fuera un acto institucional, el presidente debería haber hecho el anuncio ante el Parlamento español, donde reside la soberanía nacional. Pero Sánchez quiere sustituir a la nación española y al marco del derecho por el puro ejercicio del poder, medio y fin en sí mismo.

Sánchez buscaba un abrazo de Vergara, un gran acuerdo político que enterrase los viejos propósitos enfrentados y los sustituyese con un renovado espíritu de unidad. Pero la obra de Pedro Sánchez, de un solo acto, ha resultado fallida. El presidente ha hablado de los indultos como una generosa concesión del Gobierno en aras de lo que Ortega y Gasset llamó, torpemente, conllevancia. «Vamos a restituir la convivencia. No desde el olvido, pero sí desde el respeto y el afecto», ha dicho enfáticamente el presidente, con sus brazos extendidos y el cuerpo en amable ademán, ligeramente volcado hacia el respetable público.

En la convivencia, como en la amistad, se necesitan al menos dos partes. Y la otra estaba ausente del Liceu. Los líderes de los partidos secesionistas, incluso los que no necesitan un permiso de la cárcel, no han querido acudir. Es más, los más animados de entre los independentistas estaban puertas afuera, lanzando gritos e improperios contra el presidente y su concordia. Si Sánchez conociese el rubor, no podría salir a la calle.

El reo Junqueras presume de que la concesión de los indultos demuestra «algunas de las debilidades» del Estado. Otros independentistas dicen que no aceptarán nada que no sea una ley de amnistía. Y todos ellos se reafirman en sus objetivos políticos. Si el Gobierno no defiende las instituciones que ellos necesitan menoscabar, y todo para ofrecer una voluntad de acuerdo ausente del otro lado, ¿cómo se puede esperar otro resultado? Sánchez avanza en un juego político en el que es el único participante. Los nacionalistas catalanes no quieren el perdón, sino la impunidad. Y no quieren cumplir la ley, sino hacerla añicos. Y repudian la concordia de Sánchez, porque no les resulta útil y porque, al contrario, el enfrentamiento les produce réditos.

La sociedad española es plural, como lo son todas. La concordia no es el acuerdo sobre los fines, que es imposible, sino sobre las normas e instituciones comunes. Unas instituciones que den igual acceso a todos a la participación política, en un entorno de respeto a todas las opciones políticas, y sobre la base del respeto de las libertades individuales. Pero eso es exactamente lo que tenemos; es nuestra Constitución, y contra ella conspiran los nacionalistas, sí, pero también Pedro Sánchez.

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