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Réquiem por los que vamos a morir

"¿Está Murder Most Foul a la altura? Cuando la pandemia nos ha encerrado en un paréntesis de muerte, nos ha legado el gran réquiem de la cultura de nuestro tiempo"

Foto: Redes Sociales

Para Pau y Guillem, sin permiso de Isabel

¿Estará a la altura? La primera obra que un creador da a conocer tras haber recibido el Nobel de Literatura genera una ansiosa expectativa entre los lectores elitistas de todo el mundo. El pasado 27 de marzo, en su cuenta de Twitter, Bob Dylan colgó una pieza nueva. Era el primer original que ha publicado tras haber recogido, en la intimidad y sin que haya una sola imagen de la entrega, el galardón concedido por la academia sueca. Es una nueva canción, de acuerdo, pero aquí, quizá como nunca en su obra, la música actúa como un telón de fondo elegante, teclados y violines, que acompaña la recitación de un largo poema.

Digamos de entrada que no lo esperábamos. Como casi siempre, mejor dicho, como siempre, el último superviviente de la cultura beat desconcertaba a medio mundo porque nadie, atrapados como estamos en el Gran Cierre, preveía esta profética reaparición espectral. Y de entrada el mensaje ya era extraño. Dylan, tan desabrido, aparecía de repente para dar las gracias a sus seguidores por su apoyo y lealtad constantes. ¿Por qué ahora? Después, como si quisiera dar testimonio de este agradecimiento, ofrecía una canción inédita. “Espero que os interese”. Y de inmediato se despedía de nosotros, regresando a la patria del misterio, pidiéndonos que nos mantuviéramos a salvo, estuviéramos atentos y deseando que Dios nos acompañara.

Escuchando sus últimos discos, donde versionaba a Sinatra y otros standards de la canción ligera norteamericana, parecía como si Dylan estuviese interpretando el hilo monocorde que podía sonar en un velatorio eterno. Diría que no se mueve del tanatorio. Pero ahora no es música de fondo para amenizar la hora final sino que este complejo poema es una letanía susurrada desde dentro de su propio féretro. Es sobrecogedor. Despliega una visión sobre el hombre desde la muerte y, a través de ella, reverbera toda la experiencia lírica acumulada en la memoria de un difunto que ve su época como una era en la que la esperanza fue destruida.

La destrucción está simbolizada por un episodio que ya se prefigura en la imagen que acompaña la distribución de la canción: la fotografía en blanco y negro del presidente J.F. Kennedy. Dallas, 1963. Toda la canción va desplegándose a partir del instante trágico que se explicita en el primer verso. “The day that will live on in infamy”. Parece como si la voz del poema hubiese quedado para siempre absorbida por ese día, desde entonces viviendo, pensando y reviviendo su visión del hombre y la vida a través del asesinato de un rey que, en realidad, aunque miles de persones lo contemplaron, no comprendieron que era el chivo expiatorio de todos nosotros. Y esa visión sobre la muerte, de espíritu digamos shakesperiano, empieza a diseminarse mediante la fórmula que se repetirá a lo largo de Murder Most Foul. La voz que habla invoca a una figura mítica a quien no dejará y cuya acción le permitirá todo el despliegue espiritual. En este caso no es Tiresias. La voz lo nombra tras usar una palabra clave para entender la estética de la composición: howl. La persona a quien invoca es “Wolfman”, es decir, el disc jockey “Wolfman Jack”. Durante quince minutos, aunque nosotros no lo escuchemos, es quien pincha los discos que va escuchando ese difunto y versos de esas canciones o sus títulos van solapándose y dando sentido a la letanía que, en ocasiones da voz a Kennedy, pero que secretamente entona el “Black face singer - white face clown / Better not show your faces after the sun goes down”. Sabemos quien es. Es esa máscara que se inventó para esconder el rostro de Rimbaud.  Es una de las múltiples máscaras de Bob Dylan.

¿Está Murder Most Foul a la altura? Cuando la pandemia nos ha encerrado en un paréntesis de muerte, nos ha legado el gran réquiem de la cultura de nuestro tiempo. El tiempo que estamos viendo concluir durante estos días del Gran Cierre de una época.

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