Amando de Miguel

Sismos apocalípticos

Los terrores que asaltan al homo sapiens son muchos. La especie humana ha sobrevivido de milagro a todos ellos. Pero en el largo proceso ha quedado el recuerdo de grandes cataclismos.

Opinión

Sismos apocalípticos
Amando de Miguel

Amando de Miguel

Sociólogo español, colaborador habitual de medios de comunicación. Es catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense. Realizó estudios de postgrado en la Universidad de Columbia y ha sido profesor visitante en las de Yale y Florida y en El Colegio de México.

Los terrores que asaltan al homo sapiens son muchos. La especie humana ha sobrevivido de milagro a todos ellos. Pero en el largo proceso ha quedado el recuerdo de grandes cataclismos.

Los terrores que asaltan al homo sapiens son muchos. La especie humana ha sobrevivido de milagro a todos ellos. Pero en el largo proceso ha quedado el recuerdo de grandes cataclismos. Están en la mitología de algunas culturas, como el diluvio universal. De todos ellos nada ha dado tanto pavor como los sismos.

Se llegan a identificar como un anuncio del fin del mundo. En California siguen amedrentados con el terrible suceso de “the big one” (= el más grande), el terremoto definitivo que asolará alguna vez a ese territorio.

En el lejano pasado ese temor dio lugar a orientar la arquitectura monumental hacia las formas piramidales. Es claro que son insensibles a los temblores, pero son tan caras que solo se pueden reservar para monumentos únicos. A través del arco y de la bóveda, inventos romanos, los europeos se atrevieron a erigir edificios verticales. La culminación fueron las catedrales góticas. Pero, en la América hispana, los castellanos y portugueses trasladaron el modelo de edificios de piedra más bien horizontales, pegados al terreno. Los edificios con ese diseño han sobrevivido a muchos terremotos, los mismos que acabaron con construcciones más livianas.

El secreto de la lucha antisísmica está en construir de otra manera, aunque sea más cara. Es lo que se ha hecho recientemente en Japón, un espacio propenso a los temblores, pero que los ha resistido muy bien.

No acabamos de convencernos de que la Tierra es un ser vivo, o por lo menos algo que evoluciona y se mueve. Las ciencias han avanzado una barbaridad, pero todavía no saben anticipar los terremotos, al menos con algunos minutos. Algunos animales poseen esa facultad. Solo un pequeño testimonio. El reciente terremoto de Lorca lo presintieron los pájaros de mi jardín, a muchos kilómetros de distancia.

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