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Sobre el encanto moral del caballo de Troya

El llamado “Trojan Horse Affair” estalló en el Reino Unido cuando Michael Gove, Secretario de educación del gobierno británico, hizo pública una carta anónima que denunciaba que el radicalismo musulmán había elaborado un plan para dominar los centros educativos de Birmingham antes de extenderse por todo el país. El primer ministro, David Cameron, aseguró solemnemente en una visita a Birmingham que investigaría a fondo los hechos, porque “la protección de nuestros niños es una de las primeras obligaciones del gobierno”. Añadió que el gobierno haría lo posible para afirmar los “British values” y reforzar moralmente el país contra los predicadores del odio.

Pocos días después, Michael Gove anunció que todos los centros educativos debían promover los “British values” (la democracia, el imperio de la ley, la libertad individual y el respeto mutuo) y advirtió que estaba dispuesto a cerrar los que no lo hicieran y a despedir a los docentes permisivos con las manifestaciones de extremismo.

Lo que ni Cameron ni Gove sospechaban es que las críticas a sus propuesta les lloverían del lado “british”.

Michael Goodwin, director de las escuelas cuáqueras del Reino Unido, declaró que sus escuelas no enseñarían valores británicos, sino los derechos humanos o los valores internacionales. El principio de acción de los cuáqueros -resaltó- es el siguiente: “respeta las leyes del Estado pero guarda tu fidelidad en primer lugar para los propósitos divinos (…). En un momento en que el gobierno británico está enviando bombarderos en Oriente Próximo, podemos preguntarnos qué significan exactamente los valores británicos”.

Inmediatamente después, la Iglesia de Inglaterra protestó porque los inspectores de educación estaban supervisando si en las escuelas cristianas enseñaban las ideas de igualdad y diversidad. Según Nigel Genders, “chief education officer” de la Iglesia Británica, esta actitud del gobierno era antidemocrática. “No se puede ir pidiendo a los profesores pruebas de lealtad”, dijo, añadiendo que la definición que el gobierno utilizaba de “Britishness” era un test sobre la lealtad del pueblo.

Poco después, The National Union of Teachers declaraba que los profesores deben negarse a informar de los alumnos que expresan puntos de vista extremistas, porque las escuelas deben ser lugares de completa libertad de expresión y la promoción de los valores británicos está restringiendo la libertad de expresión.

Hay quien asegura que el Trojan Horse Affair fue una anécdota sobredimensionada para convertirla en escándalo. No lo sé. Lo que si sé es que estas reacciones me escandalizan. Sé también que hace pocos días, el Departament for Education hizo públicas las “performance tables”, el listado de las mejores escuelas de Inglaterra. Las dos primeras son dos escuelas musulmanas situadas en Blackburn.

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