Jeronimo Jose Martin

Suicidas ante el amor

Nada menos que tres de los once estrenos de cine de esta semana afrontan el suicidio y la eutanasia. “Miel”, de la italiana Valeria Golino, describe el dilema moral de una joven italiana que asiste a enfermos terminales que quieren morir.

Opinión

Suicidas ante el amor

Nada menos que tres de los once estrenos de cine de esta semana afrontan el suicidio y la eutanasia. “Miel”, de la italiana Valeria Golino, describe el dilema moral de una joven italiana que asiste a enfermos terminales que quieren morir.

Nada menos que tres de los once estrenos de cine de esta semana afrontan el suicidio y la eutanasia. “Miel”, de la italiana Valeria Golino, describe el dilema moral de una joven italiana que asiste a enfermos terminales que quieren morir. “Anochece en la India”, del sevillano Chema Rodríguez, relata el traumático viaje, con su asistenta rumana, de un hosco discapacitado que ha preparado meticulosamente su muerte junto al Ganges. Y “Mejor otro día”, del francés Pascal Chaumeil, reúne en una azotea a cuatro suicidas, que deciden darse seis semanas de plazo con el objetivo de encontrar razones para seguir viviendo. En todas esas películas, el detonante de la evolución de los personajes es el amor en sus diversas manifestaciones.

“En mi soledad / he visto cosas muy claras, / que no son verdad”. Estas bellas palabras de Antonio Machado en sus “Proverbios y cantares (Nuevas canciones)” son aplicables a todos los protagonistas de los filmes citados, que tienen clarísimo que, a veces, no hay razones para seguir viviendo. Sin embargo, en cuando salen un poco de sí mismos, en cuanto relativizan sus neuras y flaquezas, en cuanto se dejan seducir por la amistad y el amor, no encuentran razones para suicidarse. “Todos mis pacientes quieren vivir, no morir”, reconoce desconcertada la protagonista de “Miel”.

De un modo u otro, esas tres películas ponen de manifiesto lo que el antropólogo alemán Helmuth Plessner denomina “la excentricidad del ser humano”, asumida por el filósofo español Alejandro Llano en su magnífico ensayo “Deseo y amor”, donde subraya que “el centro vital del hombre y la mujer no está dentro sino fuera de ellos mismos”. Una lúcida idea para contrarrestar tanto individualismo nihilista, incapaz de dar una respuesta verdaderamente humana a los desafíos radicales del sufrimiento, la vejez y la muerte.

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