Rafael Reig

Triunfo de La Roja

Los pobres españoles son insuperables en calidad y prestaciones, porque son pobres vergonzantes, que disimulan y bajan la cabeza

Opinión

Triunfo de La Roja

Los pobres españoles son insuperables en calidad y prestaciones, porque son pobres vergonzantes, que disimulan y bajan la cabeza

Podemos sentirnos orgullosos. En la Unión Europea, uno de cada diez pobres es español. Si te ponen delante diez pobres europeos, se reconoce de inmediato al pobre español; es el que pone cara de no acabar de creérselo y parece que vaya a decir, como el marido sorprendido: “no es lo que parece, puedo explicarlo todo”. Es el que aún cree que ha sido víctima de un error o de un malentendido que va a resolverse de un momento a otro. España fabrica ‘nuevos pobres’ como antes manufacturaba ‘nuevos ricos’, a tutiplén; nuestra economía por fin ha alcanzado la capacidad para generar medio millón de nuevos pobres cada año. Eso es competitividad y productividad, pero también excelencia: La Roja, nuestra selección nacional de pobres, es la envidia del resto del mundo. Los pobres españoles son insuperables en calidad y prestaciones, porque son pobres vergonzantes, que disimulan y bajan la cabeza. Un pobre europeo puede llegar a darte miedo, pero el pobre “marca España” reconforta y nunca te hace sentir culpable. Le das una limosna y bendice a tres generaciones de tu familia. Son los favoritos mundiales para el servicio doméstico y las pequeñas chapuzas sin factura. Así es como hemos logrado ocupar los primeros puestos en el aumento de desigualdad. Lo que nos hacen llamar crisis (¿Crisis? ¿Qué crisis?) no es más que un mecanismo para concentrar cada vez más riqueza en las mismas manos. En este ámbito, la contribución española merece ser destacada: la producción de pobreza se acelera al mismo tiempo que las empresas del Ibex 35, según se acaba de saber, cerraron la primera mitad del año con un beneficio conjunto de 14.633 millones de euros, es decir, un 9% más que en el mismo periodo de 2012. ¿Alguien da más? Sintámonos orgullosos, sin complejos.

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