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Trump lo sabe: la prensa se desangra

“Trump está en guerra contra la prensa”, nos cuenta la prensa diariamente. Y cierto es, pero el cuarto poder debería ser consciente de que al poner constantemente el foco en esa circunstancia lo fija también en una de las causas de la misma, quizá la principal: que la prensa ya no es lo que era.

Si un político se atreve a enfrentarse a las grandes cabeceras en una lucha sin cuartel como la que libra el presidente de Estados Unidos es porque sabe que este es un sector debilitado, desacreditado, en franca crisis. Trump olió la sangre y, lejos de dorar la píldora a los magnates de la cosa o tratar de ganarse a unos cuantos creadores de opinión para su causa, los consideró en bloque un adversario más. En su estrategia y discurso, la prensa es una de las cabezas de la odiosa hidra del establishment que ha traicionado al pueblo de EEUU y debe ser destruida por él, Hércules redentor del mundo libre que cultiva la comunicación directa y se salta con desprecio la mediación del periodismo.

Ante ese ataque, los medios responden con una estrategia de defensa visceral que les lleva a exagerar -cuando no manipular- las actuaciones de la Administración Trump y borrar definitivamente la barrera que separa la información de la opinión, contribuyendo a consolidar un círculo vicioso que carga de razones al presidente. Como si hiciera falta magnificar su proceder para censurarlo, como si los angry white men de Pensilvania, Michigan y Wisconsin estuvieran suscritos al New York Times. Eso por no hablar del tono quejumbroso que adoptan algunos de ellos, recordando al mal estudiante -“el profesor me tiene manía”- y poniendo el grito en el cielo por hechos como que Trump no asista a la cena de gala de corresponsales de la Casa Blanca. Ha ganado las elecciones precisamente por prometer que haría cosas como esa, que sería lo contrario a un presidente tradicional.

El sector no está acertando en su respuesta, su futuro no es lo que era y los que amamos esta profesión no podemos más que lamentar que cada vez tenga más sentido el consejo que le da Walter Burns a la prometida de Hildy Johnson en Primera plana: “Cásese con un enterrador o con un verdugo. Con quien sea, menos con un periodista”. Y no precisamente por la dedicación absoluta que exige el oficio.

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