The objective

El Subjetivo

Opiniones libres de algoritmos

Opiniones libres de algoritmos

Una palabra para pensar nuestro presente: Psicosocialismo

El psicosocialismo es el proyecto de socializar las almas cediéndonos la gestión de cuerpo para su uso y disfrute

Foto: Michelle Chiu | Unsplash

El psicosocialismo es el proyecto de socializar las almas cediéndonos la gestión de cuerpo para su uso y disfrute. Es la expropiación del alma haciéndonos creer que con un yo y un cerebro, vamos sobrados. Sus características más visibles son las siguientes:

1.     La metamorfosis del animal político en animal terapéutico. La vida más digna es, cada vez con más claridad, la que menos duele. El mal se ha ocultado tras el dolor y, el dolor, tras el analgésico.

2.    Los hombres somos iguales porque a todos nos iguala la necesidad de terapia.

3.     Un hombre que no necesita terapia no puede justificar públicamente su marginación. Así que el espacio público se inunda de victimismo.

4.     Lo que somos no depende del pasado, sino del futuro. Somos lo que soñamos con ser. Nuestra identidad es la del cuerpo que deseamos. Pero el peligro de hacerse con un cuerpo-Ikea está en el montaje.

5.     La identidad sexual es cultural, pero la orientación sexual es natural.

6.     La voluntad es una antigualla. Lo moderno es el interés. Si algo no me interesa es que alguien ha fallado a la hora de motivarme.

7.     Todo lo que considero propio es sólo la manifestación de una cultura (menos mis objeciones a la cultura occidental, que son dogmas de fe). Por lo tanto, el canibalismo debiera ser entendido como una especialidad gastronómica en determinadas culturas y los toros una bestialidad en todas las culturas.

8.     El psicosocialismo es una máquina de generar nuevos pecados: contra las identidades, las diferencias, el animalismo, el biologismo, el antiespecismo, etc. El mayor pecado: el carnologofalocentrismo.

9.     El Estado ha asumido las competencias de las teocracias antiguas: la supervisión moral de la ciudadanía. Vivimos en continuo estado de emergencia moral. Los gobernantes no tienen por principal función representarnos, sino vigilarnos, adoctrinarnos, mejorarnos y, por lo tanto, purgarnos.

10.  Ya que la democracia parece incapaz de cumplir su promesa de eliminar las distancias entre gobernantes y gobernados, les exigimos a los primeros que sean técnicamente competentes. Queremos que sean expertos que nos ofrezcan un conocimiento científico del bien.

11.  El mundo de las cosas humanas ha de ser el mundo de las ciencias sociales, pues, en caso contrario, habría que aplazar la construcción del hombre nuevo hasta que lo humano pueda reducirse a lo científico, es decir, hasta que el poshumano haya sustituido al humano.

12.  La prestación social anónima nos parece más democrática que la caridad, porque esta última tiene nombre propio. Lo que le pedimos al estado de bienestar es una prestación sin la contraprestación del agradecimiento. El Leviatán es un ingreso en nuestra cuenta corriente con membrete del Estado, pero sin rostro.

13.  Toda jerarquía se ha vuelto impertinente. Por eso en la escuela los pupitres se han transformado en lechos de Procusto. El antielitismo es la forma democráticamente presentable del antiintelectualismo. Todos tenemos igual derecho a ser diferentes, pero al que se pasa de diferente, se le aconseja pedir hora en el terapeuta.

14.  Las palabras que nombran las cosas de manera impertinente, son prohibidas.  Las palabras deben nombrar la realidad de manera consoladora. Quien no usa el lenguaje debidamente, pone de manifiesto alguna fobia contra la minoría que se siente herida por su uso.

15.  La ley ya no es aquello sagrado que nos hace (excepto para musulmanes), sino aquello provisional que vamos haciendo para legitimar la evolución de nuestras preferencias. Toda ley es provisional y, por lo tanto, no puede exigirnos sino un respeto condicional. El psicosocialismo es un continuo proceso constituyente.

16.  Todo lo que se considera bueno y posible tiene más realidad que lo que se considera malo y real.

Más de este autor

Más en El Subjetivo