Paco Segarra

Venezuela, belleza y bondad

Una nación que ofrece al mundo tal cantidad de belleza tiene que ser, necesariamente un país bueno. Si no, no se rebelaría contra el gobierno tiránico y dictatorial que padece desde hace años. La belleza también va unida a la verdad y a la justicia.

Opinión

Venezuela, belleza y bondad
Paco Segarra

Paco Segarra

Publicitario, escritor y empresario. Crea anuncios y colabora en varios medios.

Una nación que ofrece al mundo tal cantidad de belleza tiene que ser, necesariamente un país bueno. Si no, no se rebelaría contra el gobierno tiránico y dictatorial que padece desde hace años. La belleza también va unida a la verdad y a la justicia.

Este diario viene, como todos, lleno de malas noticias. Noticias feas porque el mal es el colmo de la fealdad. He decidido que el mal no merece  más publicidad de la que ya tiene. La difusión del mal es interesada y contribuye a que aparezca a los ojos de la buena gente como algo enorme, aplastante, inevitable. Pero el número de buenas gentes en el planeta es casi infinitamente superior al número de los malvados. Los malos son pocos pero muy activos. El mal tiende a la nada, a la destrucción: incluso a su propia destrucción.

La bondad, en cambio, tiene que ver con la belleza. La belleza de las mujeres venezolanas es legendaria y uno apostaría varias botellas de ron a que es el reflejo de su alma. Del alma de las mujeres y del alma del país. Una nación que ofrece al mundo tal cantidad de belleza tiene que ser, necesariamente un país bueno. Si no fuera un país bueno, de buenas gentes, no se rebelaría con toda la razón del mundo contra el gobierno tiránico y dictatorial que padece desde hace años. Porque la belleza también va unida a la verdad y a la justicia.

Es de justicia reconocer la belleza de la mujer de Venezuela tanto como la belleza heroica de su lucha contra el tirano. Me atrevería a afirmar que Maduro tiene un futuro tan negro como su alma mientras el país tribute a la humanidad el regalo de tanta hermosura. Sería atinado que fuese Venezuela, como se dice, «la pequeña Venecia», aunque es más probable que, como escribió Antonio Vázquez de Espinosa en 1629, sea la «tierra del agua grande», nombre indígena que se refiere a la laguna de Maracaibo. También es bonita el agua, fuente de toda vida. Y de toda belleza imaginable.

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