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Un estudio constata el «fracaso absoluto» de la inmersión para los alumnos castellanohablantes

Una investigación del economista Ferran Brunet, a la que ha tenido acceso THE OBJECTIVE, pone fin al mito del modelo monolingüe como factor de «cohesión»

Un estudio constata el «fracaso absoluto» de la inmersión para los alumnos castellanohablantes

Parte del libro 'Economía del separatismo catalán' | THE OBJECTIVE

Un nuevo estudio pone fin al mito de la inmersión lingüística en las escuelas públicas catalanas como factor de cohesión social. El economista y miembro de Societat Civil Catalana Ferran Brunet publicará próximamente el libro ‘Economía del separatismo catalán’ (Editorial Deusto) en el que analiza cómo ha afectado el plan rupturista de los sucesivos gobiernos de la Generalitat a todos los ámbitos de la vida pública catalana. THE OBJECTIVE ha tenido acceso al capítulo que aborda la inmersión lingüística en las aulas y una de las conclusiones del autor es «el fracaso absoluto» que este modelo representa para los alumnos castellanohablantes.

En esta investigación se demuestra cómo la «política educativa» del Govern «sirve a la causa separatista» y «genera fracaso escolar». Si se observan los resultados de las pruebas PIRLS (Progreso en el Estudio Internacional de Alfabetización Lectora, por sus siglas en inglés) de la OCDE, el fracaso académico entre alumnos que tienen como lengua materna el castellano es del 30%, mientras que en los estudiantes catalanohablantes es del 17,5%. «Sin duda, hay un problema gravísimo», escribe el autor.  

Esta diferencia entre alumnos de una misma región en función de su lengua no es la única. Si se compara Cataluña con Madrid o con el promedio de España tampoco sale bien parada: el fracaso de los castellano-parlantes es del 30% en la autonomía catalana, del 9,4% en Madrid y del 9,3% en Castilla-León. La media de España está en el 16,3%. Cataluña está en la cola. Le sigue Andalucía (19,4%) pero también está lejos del fracaso que acumula la región catalana. En total, 10,4 puntos menos.

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El libro cuenta con diferentes gráficos y paneles para desgranar estos datos que en su día recopiló la entidad Convivencia Cívica Catalana en base a los datos de la OCDE. Por ejemplo, en uno de los paneles se aprecia la diferencia en las puntuaciones entre los escolares catalanes cuya lengua materna es el español (515 puntos) y los escolares catalanes cuya lengua materna es el catalán (533 puntos). «Si a la discriminación lingüística y social unimos el adoctrinamiento entendemos la función social y política de las escuelas de la Generalitat», abunda el autor. 

Modelo discriminatorio

Brunet no duda en afirmar que el modelo monolingüe en catalán «es esencialmente discriminatorio contra más de la mitad de las ñiñas y los niños catalanes cuya lengua materna es el español», además de ser «radicalmente anti-social». 

En conversación con este medio, el autor recuerda el derecho de los niños a escolarizarse en su lengua materna, «tal y como dice la UNESCO». Además, se da el caso de que en Cataluña la mayoría de alumnos en edad escolar tienen el castellano como lengua materna. Es decir, no es un idioma marginal o sobrevenido en el que el sistema educativo no tenga capacidad de integrar. 

El factor socioeconómico

El economista también subraya el factor socioeconómico en el fracaso escolar. La mayoría de estudiantes con familias con rentas más bajas tienen también la lengua de Cervantes como idioma materno. En este sentido no entiende cómo partidos que se denominan progresistas no vean «la alta discriminación» que genera el modelo monolingüe entre los alumnos con menores oportunidades. 

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«Deberían tener antes una discriminación positiva que negativa, y la inmersión es negativa. El modelo actual es la historia de un fracaso», concluye a este respecto.

«Madrasas independentistas»

En su estudio, Brunet no duda en equiparar los colegios públicos catalanes con las escuelas musulmanas: «En los últimos años de severa confrontación las escuelas de la Generalitat se han convertido en madrasas independentistas, soliviantando los derechos de los niños y los de los padres, así como los de aquellos profesores que creyeron en la vigencia del Estado de derecho también en las aulas de Cataluña».

El libro, que consta de 75 capítulos, también constata la «flagrante es la vulneración de la ley» que se produce en Cataluña en materia de rotulación comercial, de los derechos de los consumidores y de los comerciantes. En Barcelona, el idioma español lo usa el 60% de los ciudadanos, pero según sus datos sólo hay un 16% de rótulos en español. En Bruselas, en cambio, el francés lo emplea el 69% de los lugareños y los rótulos de los comercios en francés son el 57% del total.

Brunet también ha analizado el tema de los barracones escolares en Cataluña, la comunidad autónoma que cuenta con más instalaciones de este tipo. El economista lo atribuye a la «reducción relativa y a veces absoluta» que ha habido en los presupuestos de la Generalitat «en gasto educativo y sanitario». 

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