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Un centenar de trabajadores esenciales pide una indemnización por los efectos de la vacuna

Un año después de la inoculación con AstraZeneca, muchos siguen sufriendo síntomas graves y deben incorporarse al trabajo sin estar recuperados

Un centenar de trabajadores esenciales pide una indemnización por los efectos de la vacuna

Europa Press

Un centenar de trabajadores esenciales lleva más de un año pidiendo al Gobierno indemnizaciones por los graves efectos adversos tras recibir el primer pinchazo de la vacuna AstraZeneca. Estos colectivos profesionales se vacunaron masivamente a partir del 15 de febrero de 2021. Las empresas, según cuentan los propios afectados, ya les proporcionaban el día y lugar donde recibirían la vacuna. La dosis, AstraZeneca. No había elección. La mayoría acudió fiel a la cita.

Sin embargo, más allá de las primeras 24 ó 48 horas en las que casi todos los efectos secundarios desaparecen, muchas personas continúan días, meses e incluso un año después con mareos, incontinencias urinarias, miocarditis, ahogos, parálisis, pérdida de la fuerza en manos, brazos, piernas y tronco, fuertes dolores de espalda, migrañas y un largo etcétera que han hecho que muchos de estos trabajadores se encuentren en una situación de grave «desprotección» ya que, denuncian, hay una falta de reconocimiento del origen de sus dolencias y gran dificultad para el diagnóstico. Muchos, después de un año de baja, tienen que volver ya a su trabajo sin haberse recuperado, tal y como establece el sistema de seguridad social, o ser valorados por un tribunal médico para ampliar la baja seis meses más.

Es la situación de Pili G.F, de 46 años, a quien hace algo más de un año la vida le dio un vuelco de 180 grados. Justo dos semanas después de recibir la primera dosis de la vacuna AstraZeneca (05/03/21), comenzó a no sentir los miembros superiores, luego las piernas y finalmente el tronco. Además, comenzó a sufrir incontinencia urinaria y fecal. Después de una semana de ingreso, el diagnóstico final fue mucho peor de lo esperado: ‘mielitis transversa de la vacuna’. «Mi vida ha cambiado 100% desde aquel día. He tenido que dejar de trabajar y apenas puedo salir a la calle porque vuelvo destrozada», cuenta a THE OBJECTIVE esta auxiliar de ayuda a domicilio, que después de un año de baja está a la espera de que el tribunal médico la valore y amplíe la baja otros seis meses más.

«Pasan los meses y me encuentro en una tesitura de volver al trabajo sin lograr la recuperación. ¿Cómo voy a coger o levantar o duchar a una persona dependiente si hay días que se me caen las cosas de las manos porque he perdido la sensibilidad?», cuenta esta vallisoletana, a quien le ha sido denegada la incapacidad permanente y junto al resto de afectados lucha para que se reconozca su patología como enfermedad laboral.

«Efectos fruto de la premura»

Desde la Asociación de Trabajadores Esenciales Afectados por la Vacuna AstraZeneca (Ateava) denuncian que los efectos causados fueron «fruto de la premura», ya que con el tiempo las autoridades españolas desaconsejaron vacunar con AstraZeneca, por el riesgo que ello entrañaba. En este sentido, los trabajadores esenciales fueron de los grupos poblacionales convocados más tempranamente a la vacunación bajo el argumento de que tenían mayor riesgo de exposición y de transmisión a otras personas.

Hay que recordar que en plena campaña de vacunación con AstraZeneca esta se paralizó durante 15 días –desde el 15 de marzo hasta comienzos de abril– debido a los efectos secundarios de la vacuna y la muerte de una docente de 42 años días después de la inoculación de esta. No obstante, la vacunación con AstraZeneca se reanudó para los trabajadores esenciales «negando la gravedad» de los efectos secundarios y el «preocupante» alcance de los mismos.

Yolanda Alepuz López, de 45 años y educadora infantil, fue una de esas personas que la citación justo le pilló cuando la vacuna AstraZeneca fue paralizada. Sin embargo, el 27 marzo de 2021, tras la reanudación de esta, fue vacunada con una dosis de AstraZeneca. Ahora, Yolanda lleva más de un año sin poder trabajar ya que presenta taquicardias, parestesia en la extremidades y en la cara, dolores musculares y todo un conjunto de sintomatologías que no han sido reconocidas como enfermedad y que la obligarán a volver al trabajo dentro de un mes.

«A veces, al lavarme la cabeza siento un cansancio horrible y tengo que parar. No puedo estar a cargo de niños que necesitan mi atención y cuidados», apunta la educadora infantil a este medio que antes, asegura, caminaba diariamente unos diez kilómetros, y ahora «no puedo ni dar la vuelta a la manzana».

Y es que desde la asociación quieren dejar claro que todos los afectados son personas que antes eran muy activas o bien por sus trabajos o bien por el tipo de vida que llevaban, ya que entre los enfermos hay desde policías y bomberos hasta conserjes o profesores.

«Muchas personas no se hubieran vacunado con AstraZeneca porque no les tocaba por edad»

Pedro García, presidente de Ateava, en la Comisión de Investigación del Congreso del pasado 28 de febrero, reclamó al Estado que otorgue una «indemnización» a los afectados, «más teniendo en cuenta que buena parte de los casos no se hubieran vacunado con AstraZeneca porque no les tocaba por edad», así como que dé visibilidad a las personas que han sufrido efectos secundarios graves tras recibir alguna de las vacunas contra la covid-19. Por otro lado, también reclaman que se reconozca la patología como enfermedad laboral, que el Sistema de Farmacovigilancia Española realice un seguimiento de nuestros casos y la creación de unidades específicas de estudio y tratamiento sanitario.

«¿Los poderes que nos animaron a vacunarnos pretenden obviar lo que la vacunación nos ha provocado?», se pregunta García, quien fue vacunado con AstraZeneca en febrero de 2021, apenas dos meses desde el inicio de la vacunación al tratarse de un trabajador esencial, al igual que sanitarios, policías o bomberos.

García ha narrado que «días más tarde» de vacunarse ingresó en el hospital por trombocitopenia, una reacción secundaria reconocida de la vacuna de AstraZeneca que produce que el organismo cuente cuenta con pocas plaquetas. «Pasé un mes en el hospital, me hicieron todo tipo de pruebas para ver cuál era el origen de los trombos. Toda evidencia apuntaba a la vacuna pero no tengo un informe que así lo constate. Un año más tarde de haberme vacunado, todavía sigo de baja y desconozco las secuelas que voy a tener a futuro», ha lamentado.

«No somos negacionistas ni antivacunas»

Por otro lado, desde Ateava hacen hincapié en que no son antivacunas ni negacionistas. «Prueba de ello es que estamos aquí por habernos vacunado. Si no hubiésemos creído en la existencia de la pandemia, no nos encontraríamos en la situación en que lo hacemos. ¿Para qué vacunarse contra algo que no existe?».

Así, García ha insistido en que su asociación no pretende «cuestionar» las vacunas, sino reconocer que «algunos lotes tienen graves efectos y causan graves enfermedades, incluso la muerte». En suma, solicitan que se investiguen los primeros lotes afectados de AstraZeneca para comprobar cuál fue el problema, si algunas personas con patologías previas debieron ser excluidas de las primeras etapas de la vacunación, que se financien «todos los medicamentos necesarios» para los afectados o que se tenga en cuenta su «casuística» para el certificado covid.

Desde THE OBJECTIVE nos hemos puesto en contacto con el Ministerio de Sanidad y con la compañía farmacéutica AstraZeneca sin tener respuesta a nuestras preguntas hasta el momento de publicación del artículo.

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