El asesor del DAO intentó comprar el silencio de la víctima: «Elige puesto y me dices por wasap»
Una agente ha denunciado al exjefe operativo de la Policía por cuatro delitos, incluidos agresión sexual y coacciones

El DAO de la Policía, José Ángel González. | Moncloa (Europa Press)
El asesor directo del director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, el comisario Óscar San Juan, también habría estado implicado en las presuntas coacciones para impedir que la agente denunciase la agresión sexual contra el número dos de la Policía. Según la querella presentada por la víctima, a la que ha tenido acceso THE OBJECTIVE, San Juan González contactó en julio de 2025 con ella para ofrecerle que eligiera «a qué destino/puesto de trabajo» querría ir y que cuando lo tuviera «pensado se lo mande por wasap», a cambio de su silencio.
La víctima señala que el asesor del DAO le llamó en cinco ocasiones el 7 de julio de 2025 después de recibir previamente también varios mensajes intimidatorios del supuesto agresor, que se negó a responder en todos casos. Finalmente, seis días después, el 13 de julio, volvió a recibir otra llamada del asesor en la que le hizo el ofrecimiento laboral, al que ella se negó y tras el que le advirtió de que denunciaría todo lo ocurrido.
El comisario San Juan, reza el escrito, contestó «que no sabía de lo que hablaba y solo llamaba para saber sus intereses». Ella, le respondió: «Tu me llamadas porque él —refiriéndose al DAO— te ha dicho que me llames». El citado documento explica que este episodio forma parte de una «campaña sistemática» de presiones y acoso para evitar que la víctima denunciara al entonces DAO, José Ángel González Jiménez, al que acusa de cuatro delitos: agresión sexual con penetración, coacciones, lesiones psíquicas y malversación de caudales públicos; a todos ellos se suma la agravante de abuso de superioridad.
En la vivienda de la Dirección General
Los hechos ahora denunciados comenzaron el 23 de abril de 2025, cuando, según la querella, González Jiménez llamó en múltiples ocasiones a la víctima mientras ella estaba prestando servicio en la Comisaría Local de Coslada (Madrid) para pedirle que fuera a verle inmediatamente.
La denunciante se habría negado al principio, tras lo que el entonces DAO habría hecho valer su autoridad institucional para que la agente se desplazara en un vehículo policial oficial, abandonando su puesto, hasta el restaurante donde él almorzaba precisamente junto a su asesor. Tras la comida, González Jiménez le habría ordenado llevarlo en ese mismo vehículo oficial a su domicilio, una vivienda oficial de titularidad pública adscrita al cargo de DAO de la Dirección General de la Policía.
«Oye, que yo soy el DAO»
Al llegar, González Jiménez le propuso que subiera y, aunque al principio se negó en varias ocasiones —mostrando «su incomodidad y deseo de marcharse»—, él continuó insistiendo, prometiéndole que sólo iban «a hablar» sobre ellos dos –habían mantenido una «relación de afectividad», caracterizada «desde su inicio por una asimetría de poder institucional manifiesta» a la que ella había puesto fin, algo que el entonces DAO «no aceptó»—.
Al final, la víctima terminó aceptando. Una vez en la casa, el denunciado inició «de forma inmediata un acercamiento físico de naturaleza sexual hacia» ella. «Acercamiento que fue rechazado de forma verbal, expresa, rotunda y continuada por la víctima en todo momento», añade el documento. Este señala que el entonces DAO, prevaleciéndose de su autoridad —usó expresiones como «Oye, que soy el DAO»—, la agredió sexualmente y la obligó a masturbarle mientras le tocaba sus partes íntimas.
17 llamadas
Tras lograr salir de la vivienda, la víctima recogió el vehículo, lo dejó en las instalaciones policiales y regresó a su domicilio, donde sufrió una crisis de ansiedad severa, con «llanto incontrolado, temblores, hiperventilación, sensación de irrealidad y bloqueo emocional».
Esa misma noche, el denunciado la llamó 17 veces al móvil en un intervalo breve de tiempo, ninguna de las cuales ella respondió. Tras esto, en los días siguientes le envió mensajes de WhatsApp en los que, según recoge la querella, intentó «invertir los roles de agresor y víctima, presentándose a sí mismo como la parte perjudicada», empleando expresiones como «gilipollas» y «borrica» y reprochándole haberle «dejado tirado».
Esta actitud de hostigamiento habría continuado durante semanas, hasta llegar al punto de que, tras varias amenazas y mensajes ofensivos, en julio de 2025 intervino Óscar San Juan González para ofrecerle la citada elección de destino, con el fin de que no presentara una denuncia.
