Bono reclamó acceder a documentos de Defensa sobre la vida privada de Juan Carlos I
El exministro exigió ver los papeles del servicio secreto sobre los escarceos amorosos del entonces jefe del Estado

José Bono con el rey Juan Carlos I. | EFE
Entre los militares de alta graduación que sirvieron en el Ministerio de Defensa cuando José Bono fue ministro hay un recuerdo común: el interés del socialista manchego por «saber». Por conocer historias, acceder a documentos e incluso llevarse copias de algunos de ellos. En Defensa llegaron a hacer una investigación interna años más tarde que concluyó que el exministro se había llevado consigo en 2006 papeles reservados. THE OBJECTIVE ha podido recabar el testimonio de personas que sirvieron en Defensa en esos años de Bono, que relatan el inusitado interés del entonces ministro por leer y conocer documentos referentes al entonces monarca, Juan Carlos I. Y sobre todo, en lo referente a su vida privada.
«Yo prefiero a los jefes de Estado frágiles que soberbios, cercanos que arrogantes y, sobre todo, los prefiero humanos antes que divinos», señaló Bono durante la presentación del libro Al servicio de su majestad de Fernando Rueda. Según relatan fuentes de Defensa, Bono hablaba con cierto conocimiento de causa: el que le dio haber accedido, nada más llegar al cargo de ministro de Defensa, a los dosieres que se guardaban sobre el rey Juan Carlos I y algunos episodios y circunstancias de su vida privada que habían atraído la atención de los servicios de inteligencia españoles.
Según el relato que hacen oficiales generales de entonces a TO, al poco de llegar a Castellana 106, Bono comenzó a preguntar por dos asuntos de forma insistente: el primero, una grieta que había en el cristal blindado de su despacho y que le molestaba especialmente. Y el otro, conocer hasta qué punto el Estado conocía los deslices amorosos y extramatrimoniales de Juan Carlos I. Bono, explican, exigió conocer hasta el último papel que contuviese un detalle de esta vida privada que por aquel entonces eran solo rumores, y que años más tarde terminaría explotando con la aparición en escena de Corinna zu Sayn-Wittgenstein.
Pagos reservados a una ‘vedette’
Bono logró lo que buscaba: pudo tener acceso a dosieres sobre la implicación de los servicios de inteligencia en el pago recurrente de cantidades de dinero anuales a una conocida vedette española con la que el Rey Emérito mantuvo una relación durante años. El propio Bono presumió ante el Consejo de Ministros, y años más tarde ya en público, que había sido él quien había cortado aquellos pagos que por aquel entonces salían de las cuentas de fondos reservados que Defensa tenía a disposición del CNI.
Lo que no acreditan las fuentes consultadas es si esos papeles sobre la vida un tanto disoluta del entonces jefe del Estado formaron parte de los miles de documentos que Bono recopiló sistemáticamente y terminó llevándose —en copia, no en original— en 2006, cuando dejó su cargo en Defensa. El propio exministro reconoció disponer de un archivo personal de más de cien mil documentos y fotografías, parte de ellos obtenidos durante su paso por la cartera que custodia la mayoría de secretos de Estado.
Investigado por Defensa
Durante el último tramo del Gobierno de Mariano Rajoy, Defensa llegó a investigar al exministro para averiguar qué tipo de papeles podría haberse llevado y si estos estaban protegidos por algún nivel de clasificación. Bono, según concluyó la investigación, no se había llevado originales en su mayoría, sino fotocopias. Ninguna de sus órdenes a los servicios de reprografía quedó por escrito, aunque se sospecha que aún hoy el socialista tiene en su poder documentos de carácter reservado.
El paso de Bono por Defensa es recordado en el ministerio como una época en la que ciertas normas —escritas y no escritas— saltaron por los aires. Una de ellas, indican, fue la de dejar por escrito qué documentos eran fotocopiados, con qué motivo y cuál era su destino final. Con el socialista manchego, muchas de aquellas peticiones para realizar copias de informes y fotografías no quedaron por escrito. Así lo constató, explican fuentes militares a THE OBJECTIVE, la investigación que Defensa abrió sobre un posible episodio de sustracción de documentos reservados por parte de Bono.
La investigación interna data de 2017 y fue adelantada en su día por Confidencial Digital. Por aquel entonces, Bono había presumido en sus memorias de tener en su poder un fondo de miles de documentos procedentes de Defensa. Algunos, como relató en su libro Memorias de un ministro, los obtuvo según su versión «forzando» un archivador del Estado Mayor de la Defensa aprovechando la ausencia del Jemad. De aquel incidente, sus protagonistas dejarían por escrito versiones alternativas a la del socialista manchego, como recogió TO recientemente.
Durante meses, en Defensa se revisaron los archivadores, secciones y áreas sobre las que había centrado la inusitada inquietud del entonces ministro por conocer papeles y fotografías. Según el testimonio de quienes fueron cuestionados por aquel entonces, en ocasiones Bono enviaba a por documentos a su edecán, su ayudante de campo, un militar que le acompañaba a todos sus actos. No a por los originales, sino a por fotocopias.
En ciertos casos, Bono no acreditó la «necesidad de saber», un concepto esencial para el acceso a documentos o informes con algún tipo de limitación (reservados, secretos o confidenciales). Es decir, que lo consultado no estaba en concordancia con su actividad o necesidades de información en ese momento. Los ministros, por razón de su cargo, tienen su propia Habilitación Personal de Seguridad (HPS) emitida por la Oficina Nacional de Seguridad dependiente del CNI (por aquel entonces bajo la jerarquía de Bono). Aun así, no todos los cargos políticos tienen la capacidad —explican las fuentes consultadas— para requerir cualquier documento de forma indiscriminada.
