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Este es el texto íntegro del manifiesto de Espinosa de los Monteros sobre Vox

A continuación se reproduce el texto publicado por 15 miembros destacados del partido de Santiago Abascal

Este es el texto íntegro del manifiesto de Espinosa de los Monteros sobre Vox

Iván Espinosa de los Monteros en la sede de TO. | Víctor Ubiña

Nosotros, militantes y ex dirigentes de este partido, comprometidos con este proyecto desde su origen —algunos desde el primer día y otros incluso antes— hacemos público este manifiesto desde una convicción sencilla: la lealtad política es a las ideas, no a las personas.

Este partido nació como un instrumento al servicio de unas ideas. Nunca fue un fin en sí mismo ni patrimonio de nadie. Su razón de ser era transformar la realidad y gobernar. Cuando un instrumento deja de servir a ese propósito, pierde su sentido.

Durante años hemos asistido a un proceso de reducción y empobrecimiento interno. No se ha tratado de cerrar formalmente el proyecto, sino de estrecharlo en la práctica: concentrando decisiones en muy pocas manos, debilitando el debate, eliminando contrapesos y apartando a quienes mantenían criterio propio. El resultado es un partido más pequeño por dentro, menos plural y menos ambicioso.

En los últimos tiempos, además, se ha producido sin explicaciones suficientes la salida o apartamiento de mandos históricos y de perfiles que habían demostrado capacidad organizativa y compromiso con el proyecto. Un partido que aspira a gobernar no puede prescindir de su experiencia ni reducir su pluralidad por la vía de hechos consumados. Cuando esto ocurre, pierde talento, memoria y capacidad real.

A ello se ha sumado la desaparición de la autocrítica. Los errores, los retrocesos electorales y las oportunidades perdidas no han dado lugar a reflexión ni a aprendizaje colectivo. Pensar, discrepar o evaluar se ha convertido en un problema. Sin autocrítica no hay corrección de rumbo; sin corrección de rumbo no hay alternativa de gobierno.

Cuando Santiago Abascal decidió abandonar el Partido Popular, lo explicó en una carta a Mariano Rajoy con palabras que hoy resuenan con fuerza: decía que había llegado a la “conclusión definitiva de que no hay ninguna posibilidad de cambiar las cosas desde dentro”, que un partido puede quedar “secuestrado por la inamovible cúpula dirigente” y que uno acaba chocando contra “el muro infranqueable de la realidad interna”, con “congresos siempre bien amañados” y ponencias convertidas en “papel mojado”. Hoy, en nuestro caso, el problema es incluso más básico: ni siquiera existe ese cauce mínimo de deliberación, porque no hay congresos y no se debaten las ideas. Y a ello se suma un hecho incontestable: dentro del partido se ha instalado un clima de miedo a moverse; quien discrepa o simplemente expresa una opinión termina apartado, cesado o, en la práctica, purgado. Precisamente para no resignarnos a ese muro, damos este paso: exigir un congreso extraordinario que devuelva al partido el debate político y el debate organizativo necesarios para prepararnos para gobernar.

Es cierto que el partido ha crecido en determinados momentos en intención de voto. Pero ese crecimiento no basta. No hemos sido capaces de disputar la hegemonía en nuestro propio espacio político, que sigue en manos de otra fuerza. Convertirse en partido bisagra, explícita o implícitamente, no es una etapa: es un fracaso estratégico para un proyecto que nació con vocación de poder.

Liderar un espacio político no consiste en dinamitarlo. Competimos con firmeza y con proyecto propio, sin vivir pendientes de otros; pero un partido que aspira a gobernar debe preservar mínimos puentes de diálogo institucional y capacidad de relación suficiente para que, llegado el momento, sea posible articular una alternativa de poder comprensible y estable.

Ese mismo patrón de confrontación se ha extendido al ámbito mediático. La hostilidad constante, incluso con medios y voces ideológicamente próximas, ha generado un aislamiento incompatible con cualquier proyecto que quiera gobernar una sociedad plural. Esa lógica alcanza también a la Iglesia, a las empresas, a antiguos representantes del partido, a asociaciones provida, a entidades de la sociedad civil liberal y conservadora, y en general a cualquiera —propio o ajeno— que no siga estrictamente las indicaciones del partido. Un proyecto que convierte en sospechoso a todo el que no se somete plenamente termina aislándose de la realidad social que dice querer representar.

Hay, por tanto, un problema organizativo evidente. No se han construido equipos de gobierno, ni cuadros políticos senior, ni un gobierno en la sombra. No se ha desarrollado la capacidad de delegar, de confiar y de asumir responsabilidades. El partido se hace pequeño también porque hoy no tiene capacidad real de atraer talento ni de retenerlo: no se incorporan perfiles con experiencia política, empresarial o social, ni voces académicas o profesionales de reconocido prestigio; y quienes en algún momento aportaron esa solvencia, en muchos casos no pudieron ser mantenidos dentro del proyecto. Sin talento, sin equipos, sin controles y sin cauces de deliberación, no hay alternativa seria de gobierno.

La concentración extrema del poder y la eliminación de los controles internos han tenido consecuencias visibles. Según informaciones publicadas, las retribuciones desorbitadas en el entorno del presidente, impropias de un proyecto que defiende la austeridad, no son anécdotas: son síntomas de una organización cerrada, sin contrapesos y sin transparencia. A ello se suma el desprecio a la democracia interna, a los contrapesos, a las opiniones independientes y a la necesaria autonomía del área de cumplimiento normativo, así como el deterioro de los mecanismos internos de control. Del mismo modo, preocupa la existencia de un entramado paralelo de entidades opacas, desconocidas para la mayoría de los afiliados, no sometidas a un escrutinio suficiente y vinculadas a intereses e intercambios económicos que exigen transparencia. Quien pide ejemplaridad para España debe empezar por garantizarla dentro de su propio proyecto.

Pero junto a ese problema organizativo existe también un problema político e ideológico que no puede ser ignorado. El partido ha protagonizado en los últimos años cambios relevantes de orientación política que no han sido explicados ni debatidos ante la militancia. Entre ellos están la salida del grupo europeo ECR, presidido por Giorgia Meloni, tras una década de pertenencia al mismo; un giro estatalista y obrerista alejado de la defensa del libre comercio como motor de crecimiento; y una deriva republicana y antimonárquica que, en este punto, termina coincidiendo con intereses ajenos al propio proyecto. Cambios de esta envergadura exigen una explicación política seria y un contraste abierto.

Este partido nació para transformar, no para acomodarse; para gobernar, no para gestionar una posición secundaria. Y todos estamos de acuerdo en terminar, más pronto que tarde, con el peor gobierno de nuestra historia reciente. Pero el modelo actual no solo debilita la capacidad del partido para alcanzar el poder; también altera y desdibuja las ideas fundacionales que le dieron sentido. Hay, por tanto, una doble deriva que debe ser corregida: una deriva organizativa, que reduce la capacidad de gobernar, y una deriva política e ideológica, que aparta al proyecto de su razón de ser.

En un proyecto como este, la fuerza no la da la jerarquía, sino la militancia: desde quienes estuvieron al inicio hasta el último afiliado incorporado, todos comparten la misma dignidad política y el mismo derecho a ser escuchados y a decidir.

Por eso hacemos un llamamiento claro, leal y responsable:

Exigimos la convocatoria de un congreso extraordinario, con plazos suficientes y reglas claras.

Exigimos ese congreso no para imponer una candidatura alternativa, sino para abrir un debate real sobre el rumbo del proyecto. Debe ser un espacio de contraste sereno y exigente donde discutamos ideas políticas e ideológicas, y donde discutamos también ideas organizativas, porque el problema de fondo afecta a ambas dimensiones: qué defendemos y cómo nos organizamos para hacerlo de manera eficaz, abierta y con vocación de gobierno.

Exigimos que ese debate incluya una revisión completa de la arquitectura interna del partido: mecanismos de deliberación y decisión, reglas de competencia interna, criterios de selección y promoción de cuadros, construcción de equipos sectoriales, capacidades de delegación y control, y una estructura que permita convertir apoyo social en capacidad real de gobernar.

Exigimos, al mismo tiempo, una explicación política seria sobre los cambios de orientación producidos en estos años y un contraste abierto sobre su sentido, su alcance y su compatibilidad con las ideas fundacionales del proyecto.

Exigimos un debate abierto sobre liderazgo, organización, orientación política y estrategia de gobierno.

Seguimos pidiendo un congreso para preparar al partido para gobernar.

Negar esta petición no es una decisión neutra. Es aceptar conscientemente que el partido no quiere —o no puede— corregir su deriva interna, explicar sus cambios políticos y cumplir el propósito para el que fue creado.

Este manifiesto no nace para dividir, sino para abrir. No nace para destruir, sino para reconstruir. No nace contra nadie, sino a favor de las ideas y del futuro del proyecto.

El partido solo tendrá futuro si vuelve a estar a la altura de su razón de ser: prepararse para gobernar.

Impulsores del Congreso:

Iván Espinosa de los Monteros

Ex secretario general, ex diputado nacional y ex portavoz parlamentario

Ricardo Garrudo

Ex presidente de DENAES, ex vicesecretario nacional de movilización

Javier Ortega Smith

Ex secretario general, diputado nacional, portavoz concejal Ayto. Madrid

Inés Cañizares Pacheco

Vicealcaldesa de Toledo, ex diputada nacional y ex portavoz adjunta

Rocío Monasterio

Ex portavoz y diputada en la Asamblea de Madrid

Rubén Manso

Diputado nacional en XIV legislatura

Víctor González Coello de Portugal

Ex vicepresidente primero, ex diputado nacional

Víctor Sánchez del Real

Ex vicesecretario nacional de comunicación, ex diputado nacional

Francisco José Contreras

Ex diputado nacional

Malena Nevado

Ex presidenta de Vox Cáceres, diputada nacional en XIV legislatura

Juan Luis Steegmann

Ex miembro del comité ejecutivo nacional, diputado nacional en XIV legislatura

José Ángel Antelo

Ex presidente provincial de Murcia, diputado regional

Isabel Lázaro Pina

Ex presidenta provincial de Tarragona, diputada en el Parlamento de Cataluña

Cristóbal Palacio Ruiz

Diputado regional en el Parlamento de Cantabria, ex portavoz del grupo

Ignacio Ansaldo

Concejal Ayto. Madrid, ex director nacional territorial, primer presidente del partido

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