Francia premia el libro de memorias de Juan Carlos I con un acto en la Asamblea Nacional
El país vecino destaca de la obra la «secuencia excepcional en torno a la memoria y el legado» que deja el monarca

El rey Juan Carlos y sus memorias. | Ilustración: Alejandra Svriz
El libro de memorias del rey Juan Carlos I, titulado Reconciliación, ha sido galardonado este martes en Francia con una distinción especial del jurado del Premio Libro Político, que la asociación Lire La Société le hará entrega el próximo sábado en París en un acto en la Asamblea Nacional francesa.
Las memorias del Emérito salieron a la venta a principios de diciembre en España en formato físico y ‘ebook’ en España casi un mes de su publicación en Francia. Un libro de 500 páginas narradas en primera persona, en las que el padre de Felipe VI repasa su vida desde su nacimiento en Roma el 5 de enero de 1938, en el exilio, hasta su salida voluntaria del país para mudarse a Abu Dabi, donde reside desde agosto de 2020.
Para la 35ª edición de la Jornada del Libro Político en Francia, Lire La Société ha preparado junto a la Asamblea Nacional francesa «una secuencia excepcional en torno a la memoria y el legado» del rey Juan Carlos. El jurado del citado premio, presidido este año por la historiadora Annette Wieviork, «ha decidido conceder un premio especial a la obra Reconciliación, las memorias de Su Majestad el rey Juan Carlos I de España, coescritas con Laurence Debray, escritora e historiadora franco-venezolana», se indica en el comunicado remitido a THE OBJECTIVE.
«Una obra que se sitúa en la encrucijada de la narrativa, la memoria y la historia política. Juan Carlos I, rey de España desde 1975 hasta 2014, desempeñó un papel fundamental en la transición democrática española. En Reconciliación, el rey Juan Carlos I ofrece una reflexión personal sobre su vida, con el fin de transmitir y narrar una trayectoria política e histórica», destaca la mencionada asociación francesa.
Este premio especial del jurado de Lire La Société distingue las obras o a personalidades que contribuyen «de manera excepcional a las grandes transformaciones políticas contemporáneas». En los últimos años han sido galardonados los libros de Franz-Olivier Giesbert sobre la V República francesa y la biografía de la superviviente del Holocausto y posterior presidenta del Parlamento Europeo, Simone Veil. «En 2026, el jurado quiso reconocer una obra que pusiera de relieve directamente los conceptos de memoria, transmisión y narrativa política», se indica sobre el libro de memorias del rey Juan Carlos.
El Emérito viajará, por tanto, en los próximos días, a la capital francesa para recoger este galardón en el Parlamento francés. El monarca estuvo el domingo en la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla y tras pasar la noche en la capital hispalense, se trasladó a Estoril (Portugal).
El libro, un éxito de ventas
Cinco después de su salida de España rumbo a Abu Dabi, Juan Carlos I ha sido protagonista en el final de 2025 por sus memorias publicadas primero en Francia el 5 de noviembre y un mes después en España, por presiones del Gobierno de Pedro Sánchez, para que no coincidiese con el 20 de noviembre y la efeméride de los 50 años de la muerte de Franco. En apenas una semana, se imprimieron cuatro ediciones con más de 130.000 copias en nuestro país. El libro ha sido un éxito de ventas y ya va por la quinta edición.
El Emérito ha volcado en esas páginas con la ayuda de Laurence Debray, su biógrafa oficial, el dolor por la lejanía de España y los problemas que tiene para regresar a La Zarzuela, la que sigue considerando su casa. También ajusta cuentas y reivindica su papel en la Transición. «¡La democracia española no cayó del cielo! Yo la quise desde el principio, y mi libro cuenta esa historia», subrayó en su entrevista promocional con Le Point.
Su inesperada marcha en agosto de 2020, tras el escándalo de la donación saudí de 64,5 millones de euros ocultada a Hacienda unos años antes, sale de la penumbra en la que estaba. Un aspecto desconocido hasta ahora es que Felipe VI no supo a dónde se dirigía hasta que su padre subió al avión. «Mi hijo, cuando se enteró de mi repentina partida, me llamó. Yo ya estaba en el avión. ‘¿A dónde te vas, jefe? ¿A Londres?’. Me llaman ‘jefe’ o ‘patrón’. No creo tener un carácter autoritario, pero es cierto que eso refleja la organización piramidal de la Casa Real y la Familia Real. Como muestra de respeto, mi hijo me llama así, aunque en privado sigo siendo ‘papá’. ‘No, a Abu Dabi. Cuídate’. Esa fue nuestra última conversación en voz alta antes de pasar muchos meses lejos. La Casa Real hizo pública la carta privada que le había escrito. Se la había dejado en su escritorio antes de partir».
El padre de Felipe VI deja claro en sus memorias que su salida de España fue una decisión personal y que la tomó en secreto. Un «exilio voluntario», tal y como lo define en Reconciliación. «En pleno verano de 2020, dejé mi residencia madrileña, el Palacio de la Zarzuela, para trasladarme a Abu Dabi. Nadie lo sabí. No es habitual que un jefe de Estado europeo, aunque ya no estuviera en el cargo porque había abdicado seis años antes en favor de mi hijo Felipe, decidiera expatriarse. Ninguna guerra ni persecución judicial me obligaba a ello», puntualiza de inicio. Tras ello, rememora las causas de aquella marcha que pensaba que iba a ser temporal, de apenas unos meses.
Todo ello con sus problemas de movilidad y «de los numerosos intentos» por desacreditarle. «Desde mi nacimiento, no soy dueño de mi destino. Todavía hoy debo ajustarme a los deseos de la Casa Real y del gobierno actual. Al final, mi vida ha estado dictada por las exigencias de España y del trono. Devolví la libertad a los españoles al instaurar la democracia, pero nunca pude disfrutar de esa libertad para mí. Ahora que mi hijo me ha dado la espalda por deber, que mis supuestos amigos han desaparecido, me doy cuenta de que nunca he sido libre», señala con amargura.
En el libro hay un epígrafe titulado Nostalgia en el que el Emérito vuelca todo lo que siente estando lejos del país. «No hay un solo día en el que no me invada la nostalgia. Es como si España se me hubiera pegado a la piel. Allí dejé mis mejores recuerdos y mis mayores orgullos. He pasado más de setenta años recorriéndola sin cansarme nunca». En concreto, echa de menos los desfiles militares. «No solo porque fui jefe de las Fuerzas Armadas, sino porque me formé en ellas durante cuatro años. Me gusta ese ambiente, entiendo a los militares, valoro sus esfuerzos y sus preocupaciones. Fui uno de ellos».
«Los desfiles son una oportunidad para resaltarlos, para reencontrarlos, en su rigor y franqueza. Solo con ver desfilar en mi mente las imágenes de las rías de Galicia, la niebla que envuelve las colinas de Toledo, las saetas de la Semana Santa en Sevilla, el aroma del jazmín y la flor de azahar al atardecer, me emociono. Sé lo que es la verdadera nostalgia. La caza de la perdiz, que era uno de mispasatiempos favoritos en España, no tiene nada que ver con la caza en otros países: el ambiente es jovial y alegre, el cielo está despejado y luminoso», subraya el anterior jefe del Estado sobre sus recuerdas de España.
En el extranjero, sin embargo, «todo es más frío, tanto el clima como las relaciones humanas». En España, «cada vez que se dispara con éxito, nos felicitamos y aplaudimos. Es esta atmósfera, este sol, estos paisajes, esta cordialidad, lo que echo de menos todos los días. Y nada puede llenar este vacío». Por ello, el monarca expresa en el libro su deseo de que, mientras viva, pueda «tener una jubilación tranquila, reanudar una relación armoniosa con mi hijo y, sobre todo, volver a España, a casa».
La novedad sobre el golpe del 23-F
Otra importante novedad está relacionada con el 23-F. Su padre, don Juan de Borbón, coincidió a finales de 1980 con el teniente general Jaime Milans del Bosch en una cena. Apenas faltaban dos meses para el golpe militar: «Una reunión amistosa sin segundas intenciones», señala el rey emérito, en la que el entonces capitán general de Valencia le soltó «con aplomo» la siguiente frase al conde de Barcelona: «¡Antes de jubilarme, sacaré los tanques de combate a la calle!». Don Juan se encontraba en casa de Luis de Ussía, conde de Gaitanes y padre del conocido columnista Alfonso Ussía, ya que el primero se había convertido en el secretario particular del conde de Barcelona. Milans del Bosch estaba emparentado con los Ussía por parte de madre y posiblemente viajó a Madrid en fechas navideñas. En aquella cena de Navidad aún no se había producido la dimisión del entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, pero las conversaciones entre los golpistas sí que estaban en marcha.
¿Aprovechó el capitán general la citada cena para testar el comportamiento de don Juan ante un golpe que empezaba a gestarse? El emérito no desvela más datos de ese ágape entre su padre, los Ussía y Milans del Bosch. «Sinceramente, cuando mi padre me lo contó, lo tomé como una broma. Seguramente debería haberlo tomado en serio», reconoce en su libro de memorias. «Sabía que el descontento crecía en los cuarteles. Los militares se atrevían a tildar públicamente de ‘traidores’ a los miembros del Gobierno, en primer lugar a Adolfo Suárez y a su ministro de Defensa y vicepresidente, el general Gutiérrez Mellado, pero ni por asomo imaginaba que se estaba tramando un golpe de Estado. Los partidos políticos también tramaban, en busca del poder. Atravesábamos un periodo de crisis que me preocupaba. Ya no tenía el poder ejecutivo para actuar. Solo podía escuchar y alertar. Entonces ocurrió lo impensable», explica Juan Carlos I en el libro.
El monarca aborda, igualmente, las relaciones familiares. En una entrevista con Le Figaro Magazine, el periodista deslizó tres preguntas que sugieren haber salido de la boca del Emérito: «¿Por qué su esposa (la reina Sofía) no está autorizada a visitarle?, ¿por qué la princesa de Asturias, heredera al trono, no puede verle?, ¿por qué el embajador de España (en Emiratos Árabes Unidos) rechaza darle la mano?».
Esa deliberada incomunicación centró una parte importante del texto en Le Figaro. «El régimen de alejamiento, deseado por su hijo y agravado por el Gobierno (de Pedro Sánchez), parece muy exagerado, aunque él lo acepta con fatalismo. Por supuesto, Juan Carlos ha pagado el precio de una serie de escándalos que le afectaban y que han debilitado la monarquía. Pero hoy recuerda que ha sido absuelto de todos los casos que en su momento lo habían convertido en paria en su país. Las acusaciones de comisiones en una cuenta suiza o de acoso sexual no han llevado a ninguna parte», prosiguió el diario francés.
Don Juan Carlos lamenta, por ejemplo, que su hijo le haya «dado la espalda por deber» desde su marcha fuera de España en agosto de 2020 y que sus «supuestos amigos» hayan «desaparecido» en estos cinco años de «exilio voluntario» en Emiratos. «Entiendo que, como Rey, deba mantener una postura pública firme, pero sufrí por su insensibilidad». También revela por primera vez una relación distante con la reina Letizia: «Su entrada en la familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones familiares […]. Le dije que tenía abierta la puerta de mi despacho, pero nunca vino […]. Ha cortado todos los puentes y me mantiene alejado de mis nietas», asegura de su nuera. Incluso, se muestra crítico sobre su nieto Froilán, quien en los últimos años le acompaña en Abu Dabi tras encontrar trabajo en el país árabe: «El divorcio de sus padres [Jaime de Marichalar y la infanta Elena] y cierta falta de autoridad parental lo llevaron a una vida desordenada. Iba de fiesta en fiesta, de discoteca en discoteca. Se veía envuelto en peleas y malas compañías. Estaba abandonado a su suerte».
El padre de Felipe VI señala en la parte final del libro que cuando el Gobierno de Sánchez le desacredita, «debilita nuestra Constitución y pone en tela de juicio los logros de la transición democrática y nuestra reconciliación». De ahí que con estas memorias no haya querido dejarles «la última palabra en su revisionismo histórico», sentencia en Reconciliación. «He querido dar mi versión de la Historia, la que he vivido y forjado. A través de estas páginas, he ido a lo esencial. Quería que se me comprendiera mejor, que se me conociera y que se disiparan los malentendidos. Lo que más me importa es que la Corona me sobreviva y siga haciendo brillar a España. Que el espíritu de la Transición que nos unió persista por el bien del país, donde me gustaría recuperar mi lugar. El de un hombre que se entregó por completo a su país. Que espera ser enterrado allí con honores. España decidirá, la Historia nos juzgará», deja claro a modo de corolario tras cumplir 88 años.
